La importancia de la vocación y la motivación del estudiante para su futuro profesional

Artículo de opinión

  • 13/02/2012

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Ángel Luis Ramos Director del Área de Educación de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Europea de Madrid
Cuando llega la hora de la elección de una carrera, sobre todo para los alumnos de Bachillerato una vez aprobada la selectividad, a los futuros estudiantes de universidad se les plantean innumerables cuestiones.

Una de ellas es la llamada Vocación, aquello que actualmente se relaciona con las ganas, el deseo, el sentimiento y la valoración personal de una profesión o carrera. Para que una vocación sea considerada como tal, tenemos que relacionarla con el origen etimológico y original de la palabra, que es además el sentido que tiene para la mayoría de las personas en la actualidad, y que está directamente relacionado con la espiritualidad.

Para la religión cristiana, una vocación es una llamada (del latín vocare) de Dios, para recibir el sacramento del sacerdocio. Es aquí donde si lo relacionamos con la espiritualidad de la persona y no lo vinculamos a la religión dándole un enfoque laico, lo relacionaríamos con los anhelos, deseos y sueños que esa persona quiere alcanzar, esa profesión o carrera.

Considero que es importante conocer que este origen religioso y espiritual del término nos da una visión muy parcial de la elección de cualquier profesión o carrera, y tendría un enfoque determinista en la elección de la vida profesional de una persona, desplazando a aquellas que no tienen esa vocación y dependen del interés, el gusto o la valoración personal de una carrera y que a veces dependen de la casualidad de una elección que el alumno de bachiller no siempre puede controlar si no tiene una excelente nota de selectividad o los medios adecuados para poder sufragar una carrera universitaria en un centro privado. Si pensamos que la vocación y la motivación están indisolublemente unidas, corremos el riesgo de excluir excelentes profesionales, al igual que aceptar que sólo la vocación determine a los mejores profesionales.

La realidad conocida por todos aquellos que hemos estudiado muchas y variadas carreras y luego dedicado realmente a cuestiones que poco  o nada tienen que ver con esa carrera estudiada  es el mejor exponente de lo expresado anteriormente, unido a personas que hasta los 18 años, estudiaron para conseguir una nota que les permitiera acceder a esa carrera, y que una vez en ella se dan cuenta de que no era lo que habían pensado, abandonando sus proyectos vitales.

Dicho lo anterior no podemos negar que es evidente que para estudiar cualquier carrera, es necesario un mínimo de interés, de gusto,  de apreciación, tanto por la carrera elegida en si, como por las profesiones para las que puede habilitarnos esa carrera, cuestión que puede ayudar al estudiante a superar muchas de las barreras y obstáculos que aparecen en las carreras y las profesiones, pero no darle a la vocación esa importancia tan alta que a veces se convierte en algo excluyente  y exclusivo de las personas que creen estar dotadas, "llamadas",  para esa profesión, en las que el resto de las personas  sin vocación no tendrían cabida.
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