Prevención de riesgos laborales en los centros educativos: una asignatura pendiente

Artículo de opinión

  • 23/03/2009

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M. Carmen Lahiguera Serrano. Profesora de Formación y Orientación Laboral del IES Benjamín Rúa de Móstoles (Madrid)
A pesar de que desde el año 1995 existe en España la Ley de Prevención de Riesgos Laborales (LPRL), tanto su contenido, como la utilización que del mismo se puede hacer, son unos grandes desconocidos y más en un sector como el de la docencia en el que se hace tan difícil hacer visibles los factores de riesgo existentes para una salud integral.

Nosotros, los docentes, somos los primeros en pensar que la salud laboral es algo más propio de profesiones que entrañan un riesgo indiscutible, que de la enseñanza que, en principio, no supone ninguno evidente.

Tradicionalmente no hemos asociado nuestras afonías, nuestras alergias, nuestra tensión y nuestras depresiones,... con los riesgos derivados de nuestro trabajo. Esto ha sido así porque, hasta hace relativamente poco, nadie se había parado a reflexionar sobre la cuestión. Poco a poco han ido apareciendo algunos estudios sobre el tema que han contribuido a que empezásemos a preguntarnos sobre si lo que a nosotros nos pasaba podía tener algo que ver con la salud laboral y hemos empezado a identificar algunas de nuestras dolencias con las condiciones en las que desarrollamos nuestra profesión.

La aplicación de la LPRL en cualquier sector de actividad laboral encuentra serios obstáculos y en el sector de la enseñanza esos obstáculos son más numerosos por diferentes razones, la insensibilidad real por parte de la Administración, la sociedad y los propios docentes, en torno a los factores de riesgo que pueden darse en la actividad escolar; la dificultad por hacer visibles los factores de riesgo existentes en el sector, así como el desconocimiento de la propia Ley por parte de los docentes, debido a una falta de formación en la materia, lo que conlleva el desconocimiento de sus derechos y obligaciones.

Para dicha Ley es importante, partiendo del concepto de salud, conocer los riesgos existentes en el centro de trabajo que pueden dar lugar a posibles daños y adoptar las medidas necesarias para prevenirlos, conceptos que vamos a analizar.

Así, si tenemos en cuenta la opinión de la OMS, la salud no es sólo ausencia de enfermedad, sino el "estado completo de bienestar físico, psíquico y psicosocial”.

Sabemos que las fronteras entre lo físico, lo psíquico y lo psicosocial son absolutamente permeables, y que cada uno de los tres aspectos influye sobre los otros dos, sin embargo es la salud psíquica la que más incidencia tiene sobre el ejercicio de la profesión docente, o dicho de otro modo, es la más proclive a deteriorarse. Se perfila, pues, como uno de los más importantes factores de riesgo en la docencia. Tradicionalmente la enseñanza es considerada ocupación estresante, incluso se puede decir que la profesión docente es, en muchas ocasiones una ocupación que va más allá de lo que comúnmente se entiende por estrés y que diferentes investigaciones identifican con el nombre del "síndrome de BURN-OUT” o "síndrome del quemado”. Es un síndrome que refleja una reacción psíquica a una situación socio-laboral que le sobrepasa y que afecta básicamente a los profesionales que realizan su trabajo directamente con personas y sobre ellas. Este síndrome no aparece de forma brusca, sino que es la fase final de un proceso continuo que se identifica con unos signos previos, como la sensación de inadecuación al puesto de trabajo, carecer de recursos para afrontar las exigencias de la labor como profesor, carecer de formación, de capacidad para resolver problemas, no disponer de tiempo, etc. Como consecuencia de ello, el profesor tiende a aumentar su esfuerzo, y la sensación de estrés va incrementándose, apareciendo de esta forma, signos más evidentes: irritación, tensión, miedo al aula, a los compañeros, al alumnado, a no disponer de conocimientos y recursos suficientes, percepción exagerada de sus propias lagunas, miedo a no saber imponer su autoridad, etc. Todo ello incrementa su irritabilidad y la sensación interna de tensión, ansiedad y depresión, y le induce a reacciones más desproporcionadas e inadecuadas. Miedo también a que sus dificultades sean percibidas por los propios compañeros, a tener que apelar a la Dirección para implantar disciplina, etc. Como modo de aliviar estos sentimientos de desmoralización trata de adecuarse a la situación apareciendo así diferentes somatizaciones.

En el plano físico es cierto que a veces hay dolencias y enfermedades cuyas causas es complejo determinar, pero hay otras que tienen una relación evidente con el ejercicio de la actividad docente. La manera de detectarlas es a través de revisiones médicas periódicas; práctica poco habitual, puesto que hemos dicho que el conocimiento y la aplicación de la LPRL es insuficiente, y está pendiente de la voluntad política y del esfuerzo negociador y presupuestario para llevar a cabo una eficaz prevención de riesgos laborales en el colectivo docente, algo totalmente irracional puesto que la salud del docente en cualquiera de sus aspectos, incide en última instancia sobre la calidad del producto educativo.

Por su parte los principales factores de riesgo que se dan en los centros educativos podrían agruparse como sigue:

1. Organización del trabajo:

- Estabilidad en el empleo (sobre todo en el colectivo de interinos)
- Expectativas profesionales, que muchas veces son escasas por no decir nulas.
- Horario laboral (horarios partidos sin percibir compensación económica por manutención)
- Impartir áreas (afines) para las que no se está habilitado/a.
- Reconocimiento social del trabajo cada vez menor por parte de la sociedad en general y las familias en particular.
- Responsabilidad que ostenta, cada vez mayor, pues se le pide, además de llevar a cabo tareas formativas y educativas, suplir los déficits de las familias, colaborar en la integración social, participar en la lucha contra la exclusión, fomentar la convivencia en el aula, la resolución de conflictos.
- Retribuciones diferentes por el mismo trabajo según las diferentes C.C.A.A.

2. Planificación del trabajo:

- Desconocimiento de funciones y tareas, en relación con puestos específicos (tutor, jefe de departamento,..)
- Realización de tareas burocráticas cuyo aumento resulta injustificado para muchos docentes, bien sea por la elaboración de documentos cuya finalidad no se acaba de asumir como importante desde el objetivo docente (PGA, PEC, PPCC), bien sea por la exigencia de reflejar permanentemente en papeles la mayor parte de la actividad diaria: programación, unidades didácticas, controles de asistencia,…

3. Realización del trabajo:

- Alumnos de ambientes sociales desfavorecidos que presentan poca motivación.
- Microclima de trabajo: temperatura, iluminación, humedad,…
- Factores medioambientales: físicos (ruido, electricidad,…), químicos (polvo, productos tóxicos de laboratorios,…) y biológicos (virus, bacterias, parásitos)
- Factores que generan sobrecarga muscular: levantamiento de peso y posturas forzadas (sobre todo en Educación Infantil y Educación Especial), posiciones incómodas por permanecer mucho tiempo de pie,...
- Factores tecnológicos (fotocopiadoras, pantallas de visualización de datos,…) y de seguridad (sistemas de evacuación,..)
- Convivencia en el aula, cada vez más complicada por casos de bulling, racismo,…
- Desplazamientos (itinerancias, profesores compartidos,..)
- Medios disponibles, escasos en muchas ocasiones.
- Número de alumnos/as (ratios excesivos en la mayoría de casos).
- Relaciones con el equipo directivo, con la Administración, con las familias.
- Ritmo de trabajo y exceso de tareas.

Todos estos factores de riesgo pueden producir diferentes daños a la salud tales como los que aparecen a continuación:

- Aumento de incidencia en enfermedades respiratorias
- Trastornos vocales (disfonías)
- Irritación ocular y de vías respiratorias
- Alteraciones de la piel
- Gripe, procesos catarrales,..
- Alteraciones circulatorias periféricas
- Varices
- Dolor en región lumbosacra
- Alteraciones musculoesqueléticas: lumbago, artrosis, hernias de disco...)
- Aumento de incidencia de trastornos nerviosos (ansiedad, depresión)
- Estrés. "Síndrome Burnout”.

Para poder evitarlos, entre las principales medidas preventivas a adoptar podríamos destacar:

- Iluminación y ventilación adecuadas.
- Mejorar nivel de humedad.
- Diseño correcto de las aulas y materiales de construcción adecuados.
- Dotar al profesorado de mesas y sillas ergonómicas.
- Formación - información del profesorado de educación infantil y educación especial en las técnicas correctas de manipulación y cargas de niños.
- Hacer evaluaciones de riesgos en los centros educativos (espacios comunes), así como de los diferentes puestos de trabajo.
- Realización de diferentes campañas de vacunación específicas para el profesorado.
- Vigilancia de la salud a través de reconocimientos médicos específicos que incluyan:

1. Datos sobre el puesto y tipo de tarea.
2. Anamnesis y exploración del aparato respiratorio y fonador.
3. Anamnesis dirigida a la prevención de reacciones emocionales y de comportamiento frente al estrés.

- Establecer las medidas necesarias para la generación de la cultura preventiva y determinar las enfermedades profesionales de la enseñanza: afecciones de garganta, síndrome del quemado y afecciones musculoesqueléticas.
- Constituir en cada centro escolar la figura del coordinador de salud laboral.
- Formación adecuada para la utilización correcta de la voz y en técnicas de reducción del estrés.
- Potenciar la participación y organización desde la cultura preventiva.
- Potenciar la estabilidad laboral.
- Garantizar de manera específica la protección del profesorado que por sus propias características personales sean especialmente sensibles a los riesgos derivados del trabajo.
- Realizar campañas de reconocimiento social del profesorado.
- Formar e informar de los riesgos de su puesto de trabajo al profesorado desde el inicio de la contratación.
- ETC.

Lo más importante sería que empezásemos a ponerlas en práctica entre todos y la salud laboral dejase de ser una asignatura pendiente para los docentes.
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