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El papel del educador ante los medios de comunicación

Artículo de opinión

Desde muchos ámbitos de nuestra sociedad actual (padres, responsables educativos, políticos, etc..) se requiere que los docentes y los educadores tomen responsabilidad directa, no sólo por la educación de sus alumnos y sus alumnas en áreas consideradas como básicas del ámbito académico como pueden ser la lengua, las matemáticas o la historia, sino también por potenciar adecuadamente el desarrollo social, moral y emocional de estos niños y estas niñas.


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Javier Fernández-Río: Profesor en la E.U de Magisterio de la Universidad de Alcalá de Henares
Pero al mismo tiempo y de manera opuesta, desde otros muchos ámbitos se argumenta lo absolutamente inútil de esta tarea de la educación en valores, incluso considerada por algunos como perjudicial para los escolares desde ciertos planteamientos; se pone así en tela de juicio que el docente y el educador "pierdan el tiempo” en la educación y promoción de la cooperación, la tolerancia, el juego limpio, el esfuerzo o la autosuperación cuando esos niños y niñas van a tener que defenderse en medio de una sociedad hostil, hipercompetitiva, discriminadora y violenta, fundamentada en el éxito fácil, el encumbramiento personal a cualquier precio y en la ley del más popular cueste lo que cueste.
Y precisamente son los medios de comunicación: televisiones, radios, periódicos, internet, etc.. los trasmisores e impulsores directos de estos planteamientos tan faltos de valores positivos como los anteriormente mencionados, a través de sus múltiples mensajes repetidos día tras día a una audiencia cada vez mayor que se los "traga” a pie juntillas y que "aspira” a imitarlos.
El problema es que muchos formadores consideran que educar en valores conlleva una serie de "riesgos” que muchos no quieren o no están dispuestos a asumir: puede provocar un cierto adoctrinamiento sobre lo que deben hacer los alumnos en los asuntos de su vida, puede contribuir a disminuir o incluso a anular la autonomía personal de los alumnos en la valoración crítica de los problemas y situaciones que les afectan y en la toma de decisiones posterior en función de esas valoraciones, consideran que la educación moral puede encubrir el intento de transmitir al alumnado un modo de vivir de acuerdo a unas creencias religiosas, que puede ser una actividad dirigida a conformar a las nuevas generaciones de alumnos según las más conservadoras costumbres y tradiciones de la sociedad, y finalmente un planteamiento que puede considerarse como de "pura lógica”: existen múltiples concepciones sobre el criterio o la norma a emplear para distinguir las acciones morales de las inmorales y la vida moral de la inmoral con lo que puede ser muy difícil elegir que enseñar en esta temática.
Ante esta perspectiva, muchos profesionales de la docencia y de la formación humana se plantean una serie de dilemas en torno a cómo actuar: desde los más sencillos como: ¿qué valores son los adecuados?, ¿qué valores debo trasmitir?; hasta los más complejos: ¿educamos en contenidos, en reglas morales sobre cómo realizar las acciones para que éstas sean moralmente correctas? ¿facilitamos las condiciones para que se produzcan procesos en los que nuestros alumnos y alumnas dialoguen sobre problemas morales para que ellos mismos obtengan sus propios principios y normas morales sobre lo que deben hacer?
En esta misma línea surge rápidamente una pregunta: ¿cómo ir a contracorriente de los modelos de comportamiento que la televisión transmite de una forma mucho más eficaz e influyente que los que transmite la escuela? ¿cómo educar moralmente en la escuela a niños y niñas que viven en una sociedad inmoral promovida por multitud de revistas? ¿Cómo promover la solidaridad dentro de la escuela cuando la sociedad fomenta comportamientos claramente insolidarios a través de programas de "moda” que son vistos por muchos niños y niñas que están en edades "sensibles”?
No obstante todo lo dicho hasta ahora, muchos docentes y educadores siguen considerando que deben cumplir el importante compromiso de educar para que todos los alumnos se conviertan en ciudadanos capaces de mejorar la sociedad en la que viven, en personas con valores positivos y solidarios que den respuesta adecuada al individualismo, la falta de sensibilidad y la falta de ética y de responsabilidad que se nos oferta desde ciertos "programas de culto”.
Mucha gente considera que todos y todas somos responsables, en mayor o menor medida, de los males de la sociedad en la que vivimos, y esto afecta muy directamente a los docentes; educar es una responsabilidad pública y hacerlo de una manera u otra tiene sus consecuencias; la escuela y el profesorado son co-rresponsables en la construcción de una sociedad más humana, más justa y a ello tienen que comprometerse, aunque la labor sea dura.
Parece pues extremadamente importante que los docentes y los educadores "utilicen” las revistas que leen los jóvenes, los programas que visionan los adolescentes, los contenidos de internet que más "interesan” a sus alumnos, los artículos que "denuncian” esta problemática, etc.. para promover el debate, la reflexión, el intercambio de ideas, la defensa de planteamientos o la valoración de los mensajes, pero no de una manera esporádica e intermitente, sino de una manera constante y consciente que lleve a educadores y a alumnos a un punto de encuentro para beneficio mutuo y de toda nuestra sociedad.

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