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Los educadores deben convertir los medios de comunicación en una herramienta de aprendizaje
Artículo de opinión
Uno de los objetivos más importantes del proceso de socialización de un niño es que éste aprenda a distinguir lo que en su entorno se juzga correcto e incorrecto. Estos aprendizajes favorecen la seguridad y suponen el reconocimiento de las actitudes y valores que rigen la convivencia social.
Estas reglas proporcionan esquemas de conocimiento y nos enseñan a ser asertivos y empáticos en nuestra forma de relacionarnos con el mundo. Sin el aprendizaje de normas, será muy difícil regular posteriormente la propia conducta en las relaciones con los demás, lo que creará conflictos y dará lugar a una baja percepción de uno mismo.
Según el investigador Albert Bandura, este proceso de socialización se lleva a cabo en el niño preescolar a través de la enseñanza que recibe de los padres y, de forma indirecta, a través de los modelos que ofrecen otros agentes de socialización, como la relación con los demás y los medios de comunicación. A partir de éstos, los niños observan, interiorizan determinados patrones de actuación que configuran la personalidad y actúan dirigiendo la propia conducta.
Los medios de comunicación son uno de los más destacados agentes sociales en este caso, debido al consumo indiscriminado que se produce. Según el Estudio General de Medios, el 25% de los niños entre 7 y 12 años son internautas y acceden a Internet como mínimo cuatro veces a la semana. Uno de cada cuatro de estos niños chatea varias veces al día.
¿Qué importancia deben dar los educadores al uso de estos medios? ¿Podemos saber las repercusiones que tienen en los niños? ¿Cómo utilizarlos educativamente?
Estudios repetidos demuestran que el abuso de soportes audiovisuales configura un estilo de aprendizaje pasivo, lo que motiva que los niños sean menos creativos e imaginativos. Este consumo, además, no favorece la comunicación ni la curiosidad por aprender y sumerge al niño en un mundo de ficción confuso que puede resultar peligroso, ya que el pensamiento infantil hasta los seis o siete años no diferencia adecuadamente la realidad de la ficción (por ejemplo, los niños hasta esa edad pueden creer en los Reyes Magos).
Por otro lado, algunos estudios como el de la fundación norteamericana Kaiser, alertan de que ya se han detectado problemas en la lectura y la escritura relacionados con el alto consumo de televisión en niños menores de seis años.
Además, también se ha demostrado que existe una marcada conexión entre pasar muchas horas delante del ordenador o de la televisión y la obesidad infantil.
¿Qué ven los niños?
· Un estudio reciente calcula que los niños ven más de 1.000 actos de violencia cada año. Estos actos violentos incluyen frecuentemente robos, engaños, venganzas, peleas, envidias, infidelidad, extorsión, homicidios, etc. Muchos de estos programas exaltan en los protagonistas este tipo de conductas. Los niños, a través de estos modelos, pueden entender erróneamente que la violencia es una manera aceptable de resolver los problemas. Por otro lado, es necesario analizar las repercusiones de los videojuegos, que contienen asimismo un alto porcentaje de violencia explícita. Diversos estudios han señalado que los niños que ven demasiada violencia en la televisión desarrollan una mayor facilidad para mostrarse agresivos con los demás, en tanto que su cerebro no está preparado todavía para defenderse de esta influencia.
· Las relaciones sexuales y los vínculos emocionales están a menudo representados en estos medios como algo casual, pasajero e impersonal. Los protagonistas de una película o telenovela raramente valoran las consecuencias de sus actos sexuales y no adquieren casi nunca enfermedades de transmisión sexual.
· Generalmente, se presenta a personajes ficticios como si se tratara de seres reales: se les muestra de modo idealizado, con todas las necesidades materiales y emocionales satisfechas. Esto puede conducir a creencias falsas sobre el valor de las personas y de la vida real, que por suerte, nada tienen que ver con esas presentaciones.
¿Cómo utilizar los medios de comunicación educativamente?
· En primer lugar, se debe fomentar en los niños las actividades de juego al aire libre, deportivas y de interacción con sus iguales, como medio de descanso. Es conveniente animar a los padres a encontrar tiempo para conversar y jugar con sus hijos, mejorando de este modo la comunicación con ellos. Ésta es la mejor inversión que se puede realizar, ya que así serán ellos, los padres, los modelos de sus hijos, sin ser sustituidos por otros referentes de la televisión o los videojuegos.
· Desde las escuelas, se deberían realizar campañas educativas orientadas al uso correcto de estos medios para convertirlos en una herramienta de aprendizaje. Es necesario que los educadores expliquen las consecuencias que tienen las conductas y éstas deben ser desarrolladas conforme al nivel de entendimiento del niño. De igual modo, los padres deben explicar a sus hijos que lo que pasa en la televisión es a menudo falso. También es conveniente discutir las consecuencias que esas acciones tienen en la vida real.
· A la hora de consumir contenidos televisivos o de Internet, se deben elegir aquellos que incluyan personajes que sirvan de modelos positivos, que transmitan valores y emociones que el cerebro de un niño sea capaz de procesar y comprender. Por ejemplo, se puede promover el uso de Internet para buscar información de interés educativo, ver la televisión en compañía familiar, etc.
· Conviene no perder de vista que la televisión no es un simple entretenimiento. En este sentido, además, es importante insistir desde muy pequeños en que los niños se ocupen de forma creativa en actividades diversas: la lectura, el dibujo, los deportes o la música.
· Finalmente, hay que poner límites más precisos en el uso de la televisión e Internet, cuidando especialmente las franjas horarias. Según el estudio elaborado por SOFRES, los niños de entre 4 y 13 años ven la tele mayoritariamente entre las 18.30 y las 23.00 horas, además del mediodía.
En definitiva, en nuestras manos está el realizar un buen uso de estos medios para promover el sano crecimiento intelectual, moral y emocional de nuestros pequeños. La formación y la información nos pueden y nos deben ayudar a aprender y a ser más libres.
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