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Docente/educador: un escudo ante el bombardeo de información-basura
Artículo de opinión
Los jóvenes de hoy pertenecen a un mundo que se caracteriza por el desarrollo de las comunicaciones en todos los sentidos y en todos los ámbitos. Frente a esta realidad, son muchos los padres y educadores en general, que mantienen una actitud prudente e incluso desconfiada.
En la sociedad actual tendemos a dar por sentado que existe un orden establecido y unos paradigmas que se cumplen según dicho orden. Parece que sabemos hacia dónde caminamos y, de hecho, cada día nos vemos acosados por "demasiado” quehacer, nos quejamos siempre de lo mismo: "vamos muy rápido”, "no tenemos tiempo para nada”, "¡Uff! ¡Otro año más!”, etc. Está claro que nuestra agenda está llena. Este orden social parece tenerlo todo controlado y, al mismo tiempo, parece que nosotros somos los que ponemos en marcha esta máquina de producir bienes, pero ¿Somos nosotros los que sustentamos a este orden social o es este orden social el que nos sustenta a nosotros? En definitiva, ¿Somos libres o estamos supeditados a las exigencias de nuestro sistema? ¿Quién es el dominante y quién es el dominado?
La realidad es que nuestro mundo ha cambiado con respecto a hace unos años, la afluencia de "información” es constante y se hace a través de diferentes medios, muchos de ellos especialmente pensados para jóvenes. Dicha información se presenta de una manera atractiva y enmascarada tras una imagen irreal pero que, en ocasiones, es lo único de lo que nuestros jóvenes son conscientes. Los anuncios publicitarios en televisión, las tendencias culturales y modos de vida hacia los que se orientan las películas, los videojuegos, las revistas... todos estos elementos están diseñados para crear la sensación infundada de necesitar lo que no ha sido nunca necesario con el objetivo de llegar a un solo fin, tenernos todo el día conectados a algo, atraparnos en esta gran estructura, como insectos que alimentan a la araña cuando caen en su tela.
El objetivo de la araña es el mismo que el de "los dueños” de esta macroestructura social: alimentarse. La diferencia estriba en que los insectos caen en la tela de araña porque no la ven, y no parece que les guste demasiado ver cómo se acerca la araña para devorarlos. Sin embargo, nosotros caemos en esta estructura aún viéndola perfectamente y no parece que suframos viendo cómo el sistema nos engulle y se alimenta de nosotros. Me pregunto, ¿Ocurre esto porque no somos conscientes de que somos las víctimas? ¿Porque nos sentimos satisfechos siendo las víctimas? ¿Porque no somos víctimas sino parte de un sistema en el que no hay ningún sector que se beneficie de otro? En estos momento recuerdo la famosa obra utópica de George Orwell, "1984”. Un presagio del futuro cuya conclusión es, entre otras, que un sistema absolutista que se oculta tras el ofrecimiento de información manipulada y tras una observación constante de cada paso que damos, puede hacerse imprescindible para que los "elementos humanos” que lo componen se sientan felices a pesar de ser conscientes de estar sometido a él, es decir, sentirse libres siendo esclavos consentidos.
Pienso que uno de los principales motores de nuestras vidas debe ser conocernos para llegar a reconocernos como individuos libres, pues éste es el único camino a través del cual podemos acercarnos a la felicidad como entidades independientes con poder de decisión, como constructores de nuestras vidas, de las que somos los únicos responsables. Este proceso de autoconcienciación del ser, choca frontalmente con nuestro modelo de vida, con los valores que se cultivan en nuestra sociedad consumista occidental, y es aquí donde los educadores debemos intervenir.
Es obvio que, en la era de la información, la manera de enfocar la realidad ha cambiado, y los educadores, como receptores y transmisores de información, también han cambiado. Sin embargo, en todos ellos deben prevalecer, además de los conocimientos, una ética, unos valores y unas actitudes que los acredite para la educación y la formación de personas, y no para satisfacer las necesidades de conocimiento de meras cabezas pensantes. Es decir, el primer paso que debe dar un educador ante este asunto es la toma de conciencia de que el problema existe y asegurarse de que él quiere ser un mediador de información, una especie de encima que ayude a los jóvenes a digerir la información de una manera saludable y beneficiosa.
El papel del educador debe ser responsable, consistente, explícito e inflexible ante los excesos de difusión de irrealidades a las que se someten nuestros jóvenes, irrealidades que se enmascaran bajo la excusa de pretender contribuir a la creación de una sociedad "mejor” basada en los valores que están hoy en boga y que se resumen en la importancia del ser bajo la condición del tener: tener dinero, tener belleza, tener simpatía, tener músculos, tener un coche bonito, tener un/a novio/a guapo/a, tener un hijo que nada, toca la guitarra, hace karate, habla 5 idiomas y tiene ansias de más (pero tiene estrés desde los 10 años), tener una mirada bonita, tener el último modelo de teléfono móvil...
En mi opinión, tenemos que dejar claro que este mundo es para todos, no sólo para los que tienen y, desde nuestra posición como educadores, debemos transmitir a nuestros jóvenes que, pertenezcamos o no a los estereotipos que nuestra sociedad capitalista defiende, una persona debe encontrarse a sí misma en su interior, apoyándose en lo que "es” con independencia de lo que tenga, debemos hacerles ver que la diversidad enriquece y que los modelos que nos ofrecen los medios, no son los únicos ni los únicos buenos. Debemos concienciar a nuestros jóvenes de que simplemente "son” y que son libres para decidir qué quieren hacer de sus vidas, sin tener que dejarse influenciar por medios anquilosados en realidades utópicas, en su afán de atender las necesidades de un sistema.
En definitiva, pienso que estamos obligados a fomentar actividades que nos ayuden a reflexionar y advertir sobre el uso que hacemos de los medios de comunicación y a desarrollar una visión crítica sobre los mismos y sobre sus contenidos, resaltando la idea de que deben servirnos para ayudarnos a propulsar una libertad basada en el conocimiento global y en la aceptación de uno mismo, y no una libertad basada en el conocimiento restringido y orientado a crear robots que nutran esta gran red impersonal.
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