La integración obligatoria de las competencias transversales

Daniel Vilosa.
Periodista y Community manager de Grupo ISEP (Barcelona)
28/05/2012

El mercado laboral español se somete en la actualidad a una revisión estructural que está afectando el modo en que los estudiantes y futuros profesionales construyen su futuro. Esta realidad se manifiesta también en las profesiones sanitarias (enfermería, farmacia, geriatría, etc.) y en las que se centran en la salud y el bienestar de la población a través del cuidado físico y emocional (acupuntura, osteopatía, quiromasaje, balneoterapia, etc.). Ambos perfiles tienen un punto en común: siempre se les necesita como profesionales capacitados.

Los centros de formación y especialización necesitan reflejar un equilibrio, fuerte y estable, entre los conocimientos teóricos que adquiere el alumno y la realidad práctica de la profesión escogida. En este contexto, es imprescindible que las nuevas competencias que exige el mercado laboral para alcanzar el éxito profesional se reflejen, pues, en los programas formativos teóricos y prácticos que ofrecen escuelas y academias. El reto consiste, entonces, en formar especialistas que sean capaces de adaptarse a un entorno profesional en constante evolución sin que sus conocimientos se vean afectados por ello.

¿Cuáles son pues las nuevas competencias demandas por el actual mercado laboral? En primer lugar, una gran capacidad de adaptación. El trabajo para toda la vida ya no existe, y cada vez es más habitual la rotación de profesionales en las empresas. Los especialistas de las áreas sanitarias y de la salud y el bienestar deben mostrarse así proactivos y tener capacidad para reinventarse, a través de la búsqueda de nuevas oportunidades laborales o creando su propio proyecto empresarial. La coexistencia de periodos de ocupación y paro durante la vida laboral es ya una realidad.

En segundo lugar, la habilidad para conocer las últimas tendencias del sector profesional de interés y definir en qué especialidad y área geográfica se halla la mayor demanda. España posee una de las tasas de natalidad más bajas de Europa, lo que supone un envejecimiento constante e imparable de la población. Así pues, la demanda de profesionales en el sector salud siempre va a existir, pero desde el primer momento de su formación, los estudiantes deben desarrollar la habilidad de detectar dónde y con qué características se manifiesta esa necesidad de especialistas. Al finalizar su formación los nuevos especialistas en salud deberían saber responder a la pregunta: ¿En qué debería ser yo competente como técnico en salud y bienestar dentro de dos, tres, cinco o diez años?

Finalmente, el tercer grupo de competencias que exige el mercado laboral se agrupa en torno a la idea de demostrar sensibilidad y compromiso social. Las profesiones sanitarias y del wellness van más allá de una atención objetiva de la salud, pues la habilidad para desarrollar empatía con los pacientes y ofrecer soluciones alternativas a sus dolencias, facilita una recuperación más temprana. De esta atención se beneficia no solamente el paciente, sino también su entorno más cercano.

Y es que el concepto de salud ha cambiado. Hace cuarenta años se empezó a relacionar el estar bien con los alimentos que uno no debía comer o con las situaciones de dependencia relativas a ciertas drogas que uno debía evitar (consumo de tabaco y alcohol). Se trataba de entender la salud ligada a la prohibición. Paralelamente a esta definición, que se ha extendido en los últimos años, se ha desarrollado una que define la salud como parte esencial de un patrimonio individual que cada ciudadano puede proteger y cultivar desde su nacimiento hasta el final de su vida. Se trata, así, de la culminación de la definición de salud que en su día propuso la Organización Mundial de la Salud como "un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades".

Así es como el profesional de la salud ya no es únicamente una persona que atiende a un paciente y seguidamente desaparece, sino que en su labor como especialista sanitario se incluye la capacidad de escuchar, ofrecer soluciones e incluso impulsar la mejoría del paciente con técnicas y consejos que van más allá de las propias de la rehabilitación. El técnico en salud ya no solamente cura, sino que acompaña al paciente durante toda su vida precisamente gracias a esos consejos saludables que en su día le transmitió. Aquellos profesionales de las ramas sanitarias y de la salud y bienestar que sean capaces de ofrecer una dimensión humana y proactiva a su trabajo diario contarán con la ventaja que supone disponer de la principal competencia transversal que se necesita hoy en día para participar con éxito en el mercado laboral.

Los centros de formación especializada en salud y terapias manuales deben así sumar esfuerzos para ofrecer a sus alumnos estas tres ramas de competencias transversales como parte de su proyecto formativo: capacidad de adaptación y búsqueda de nuevas oportunidades laborales, habilidad para conocer las tendencias del sector y, finalmente, demostrar sensibilidad y compromiso social. Solamente así podremos garantizar una formación completa y crear nuevas generaciones de especialistas sanitarios perfectamente preparados.
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