Un problema de educación

María Fuencisla Gómez Hernández,
Orientadora y profesora en el Colegio Legamar en Leganés
29/11/2017

En primer lugar, quiero agradecer a Educaweb la posibilidad que me brinda de compartir con otras personas  mis reflexiones sobre los condicionantes de género en la elección de unos estudios o una profesión. Estas especulaciones no son producto de un estudio científico y detallado, sino de la observación que, desde hace algunos años, la función de orientadora académica y profesional de mi centro me ha permitido adquirir.

Coincido con estudios y artículos que se han  publicado sobre el tema en que hay diferencias educativas y vocacionales por razón de género: el número de alumnos varones matriculados en mi centro  en la modalidad de Ciencias suele ser siempre mayor que el de alumnas, sobre todo en Bachillerato, mientras que hay mayoría de alumnas matriculadas en la modalidad de Humanidades y Ciencias Sociales.

Así mismo, el seguimiento que nuestro centro hace de sus exalumnos/as permite constatar que  las alumnas valoran y se inclinan más por los estudios y profesiones vinculadas con el Derecho, las Ciencias Humanas y de la Salud, mientras que  los alumnos  lo hacen por ramas más técnicas. De esto deduzco que todavía persisten estereotipos de género, es decir, creencias sobre las limitaciones de la mujer para las tareas técnicas y convicciones de que las profesiones humanistas y del área jurídico-social  son más afines a las mujeres.  Por tanto, el ser hombre o mujer condiciona y tiene peso en la toma de decisiones académico-profesionales. A continuación, la pregunta que se nos plantea es: ¿cómo adquieren los alumnos/as  esos estereotipos?

Sucesivas tutorías individualizadas, donde se consiguen conocimientos personales y vocacionales de cada alumno/a, me han permitido darme cuenta de que el  entorno familiar, social y escolar han tenido mucho que ver. Nadie ignora el peso específico que tiene el entorno del adolescente para que resuelva con éxito su trayectoria escolar y afronte con ánimo su futuro profesional. 

Los libros de texto, por ejemplo, muestran ocupaciones científico-tecnológicas representadas un mayor número de veces  por hombres; asimismo, las profesiones relacionadas con el cuidado y las relaciones interpersonales aparecen más veces representadas por mujeres. Algo parecido ocurre en los catálogos de juguetes, anuncios televisivos, etc. Por otra parte, muchas figuras femeninas de la historia de la ciencia y el pensamiento, Hipatia de Alejandría, Sophie Germain, Ada Lovelace, Marie Curie, Lisa Meitner, entre otras, han sido omitidas u olvidadas como referentes profesionales. 

El lenguaje, así mismo, está entrelazado con estereotipos culturales utilizando nombres femeninos para  referirse a ocupaciones interpersonales (educación, gestión económica, atención a mayores y enfermos, decoración...) mientras que los nombres masculinos se asocian a  profesiones  técnicas (fontanero, electricista, ingeniero, topógrafo...). Así pues, de los hombres se espera que generalmente sean proveedores; y de las mujeres, que sean cuidadoras (Watson & Newby, 2005).

Por otra parte, a muchas alumnas y alumnos les asusta la cultura altamente masculina o femenina de algunas profesiones. La creencia de que las mujeres puedan ser infravaloradas en su labor profesional y/o gestión directiva generando problemas de relaciones  interpersonales o los prejuicios a los que se  tienen que enfrentar aquellos hombres que eligen profesiones consideradas tradicionalmente de "chicas" comporta que muchos alumnos/as abandonen la elección de esas ocupaciones.

Así pues, este análisis me permite suponer que, a través de la acción tutorial, que  nos concede relacionarnos con alumnos/as, padres, madres y profesores/as, se pueden detectar estos condicionantes de género en la elección de itinerarios académicos o profesionales.

No obstante, si comparamos la realidad actual con la de hace algunas décadas, podemos advertir que existe la  voluntad de ir superando los estereotipos, tanto en la elección de las profesiones como en la asignación de trabajos cotidianos. De hecho, los datos estadísticos nos muestran que en muchas carreras y estudios, tradicionalmente ocupados por mujeres o por hombres, van equiparándose las tendencias, de manera que tienden a ser ocupados por ambos sexos. Esto muestra que se están llevando a acabo acciones en el ámbito educativo y formativo para erradicar estos condicionantes.

El profesor/a, cuyo rol  está cambiando, pasando de ser un instructor/a  a ser la persona que guía y aconseja a sus alumnos/as en el diseño de sus proyectos vitales, les ayuda a aclarar posturas, a resolver dificultades, a reflexionar sobre el amplio abanico de posibilidades que se encuentran a la hora de elegir. Por tanto, el diseño de un buen Plan de Acción Tutorial  llevado a cabo con los alumnos/as  y las familias, y  en colaboración con el Departamento de Orientación, está ayudando a modificar estos estereotipos. En él se planifican tanto acciones con grupos completos, que incluyen debates, charlas informativas impartidas por diferentes profesionales, jornadas de prevención y sensibilización organizadas por el Ayuntamiento, realización de trabajos (murales, fichas...), visionado de vídeos, prácticas de  role playing, etc., como acciones individuales donde se  trabajan técnicas y dinámicas de autoconcepto y autoestima  así como aplicación de cuestionarios y programas de intervención que brindan a los alumnos/as la posibilidad de aprender a afrontar sin frustración los nuevos retos académico- profesionales.

Así mismo, bien en grupo o de manera individual, se diseñan actividades que permiten a los alumnos/as  detectar, desarrollar y gestionar  distintos tipos de inteligencia (teoría de las inteligencias múltiples).

Debo destacar también que en la eliminación de estos condicionantes de género está influyendo la Escuela de Padres, un espacio de diálogo, discusión e intercambio de experiencias, donde la familia adquiere herramientas que le pueden  ayudar en la tarea de educar.

Por otro lado en el campo de la divulgación y la sensibilización pública se están desarrollando distintas iniciativas, tales como la producción de materiales didácticos en formatos diversos o la puesta en marcha de programas de sensibilización para instituciones y público en general.

También hay que resaltar el trabajo que las organizaciones sindicales vienen desarrollando para mejorar la igualdad en el empleo.

Además, desde el ámbito de la Orientación Académica y  Profesional, como derecho del alumnado y proceso continuo formativo inmerso en todo el proceso educativo, contribuimos guiando al estudiante al desarrollo de una madurez decisoria y vocacional, capaz de realizar toma de decisiones autónomas y acordes con sus capacidades e intereses sin sesgos de género. Por ello, el Plan de Orientación Académica y Profesional  (POAP) de los centros destierra la acción puntual en los últimos cursos y pasa a ser un proceso continuo de acompañamiento y mediación en su educación.

No obstante, a  menudo nos encontramos barreras cuando queremos hacer partícipes de ciertas actividades a alumnos/as que no son de Bachillerato o Ciclos Formativos, teniendo que justificar sin éxito, en la mayoría de los casos,  que la orientación es un proceso que empieza mucho antes. Nuestra labor no se centra solo en  proporcionar al alumnado información sobre el sistema educativo y las salidas laborales, es necesario trabajar con  ellos antes el conocimiento que tienen de sí mismos, investigar cuáles son sus debilidades y cuáles sus fortalezas, clarificar sus intereses y valores, en definitiva "dotarles de  las competencias necesarias para poder identificar, elegir y/o reconducir alternativas formativas y profesionales, acordes con su potencial y proyecto vital, en contraste con la ofertadas por los entornos formativos y laborales" (Echeverría, 1997, p. 97). Para lograr este objetivo no trabajamos solos los orientadores, sino que inmiscuimos en las acciones orientadoras a todo el Equipo de Profesores y Dirección Técnica, les facilitamos material, asesoramiento, coordinamos las  actividades orientadoras, etc.

Entre las actividades que realizamos en mi centro, que les ayudan a afrontar las barreras de género en la elección de itinerario o profesión, quisiera destacar como ejemplo:
         
En definitiva, lo que está claro es que todos debemos contribuir en la sociedad a conseguir una cultura de equidad de género, donde mujeres y hombres gocen de igualdad de oportunidades y esto requiere una educación igualitaria.
Comentar
Nombre
Correo (No se mostrará)
CAPTCHA
Change the CAPTCHA code
Escribe los caracteres
Título
Comentario Límite 500 caracteres. Sólo puedes introducir texto sin formato HTML.
He leído y acepto la política de privacidad
Suscríbete a nuestras publicaciones
Cursos Relacionados
Lo más Leido
Lo último