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La identificación de la superdotación en el aula a partir de características diferenciales

Amparo Acereda Extremiana.
Departamento de Psicología y directora de Investigación. Universitat Abat Oliba CEU (Barcelona)
08/07/2013
Concienciar sobre las altas capacidades intelectuales de los alumnos escolarizados implica, a priori, llegar a abordar este complejo y controvertido tema al que yo, en mi humilde visión del estado específico que tratamos, seguiré denominando superdotación. Para iniciarnos en ello, y tratar las características que posibilitan "identificarlos" en el aula, hemos de partir de una consideración esencial: el niño superdotado es, ante todo, un niño, en el que debemos contemplar dos aspectos esenciales: a nivel emocional posee una edad cronológica igual a sus compañeros, aunque a nivel intelectual posee un funcionamiento mental superior y más rápido.

Definir claramente la superdotación es complicado, pues no existe unanimidad al respecto. Si analizamos la literatura existente, comprobamos cómo los autores designan a estos niños: superdotados, sobredotados, talentosos, altas capacidades, genios, brillantes, excepcionales, niños precoces o poseedores de «un don especial» lo que trae, como consecuencia directa, que la confusión sobre quién son y qué hacen, se haga más patente. Desde nuestra perspectiva, la superdotación es una capacidad general compuesta de una serie de aptitudes intelectuales, significativamente más elevadas que las de su grupo de iguales, siendo estos buenos en todas las áreas del currículum escolar.

Yendo más allá, comprender este fenómeno intelectual específico comporta discernir que la inteligencia superior es sólo un componente necesario, pero no suficiente. Y que se puede ser muy inteligente sin ser superdotado, pero que para ser superdotado hay que ser más inteligente que el resto. Pero hay más. Siguiendo a Renzulli (1978;1986),en su Teoría de los Tres Anillos, se plantea que esa inteligencia superior a la media debe ir acompañada, ineludiblemente, de dos características más. Y que sólo la existencia de las tres, en una justa interacción, permite hablar de superdotación. Por tanto, podemos afirmar que la superdotación es el resultado de la interacción entre tres elementos o factores determinantes (Acereda, 2010; Acereda y López, 2012):
  1. una elevada habilidad intelectual, muy por encima de la media poblacional que, medida en términos de Coeficiente Intelectual (CI), ha de ser igual o superior a una puntuación de 130.
  2. una elevada implicación o compromiso con la tarea, que supone la «supra-motivación» que muestra el sujeto para abordar un problema determinado, durante un largo periodo de tiempo (llegando incluso hasta la extenuación física), y que garantiza la materialización de su potencial.
  3. una elevada creatividad, entendiendo la creatividad como la habilidad para generar respuestas a problemas, respuestas que han de ser novedosas, alternativas, originales y de calidad.
A partir de la compresión de qué es la superdotación, como resultado de la interacción entre las tres capacidades comentadas, podemos pasar a plantear cuáles son sus características diferenciales. Distinguiremos dos momentos en su identificación: cuando son pequeños, y a partir del momento en que la inteligencia se ha estabilizado (sobre los 12-13 años).

Desde que son muy pequeños, los niños superdotados pueden mostrar una serie de características típicas, fácilmente detectables por la familia y corroboradas, además, por los profesores en las primeras etapas de la escolarización:

  1. Suelen ser niños precoces para andar, hablar y leer.
  2. Tiene una excelente memoria.
  3. Muestran una insaciable curiosidad.
  4. Se cuestionan, precozmente, temas abstractos (la muerte, Dios, el tiempo, el hambre, la justicia, etc.
  5. Su capacidad de concentración es muy alta para la actividad elegida.
  6. Prefieren el trato con adultos, pudiendo tener dificultades para relacionarse con los niños de su misma edad.
  7. No aceptan la autoridad sin un razonamiento profundo, y menos si la figura que representa la autoridad no tiene valor para él.
  8. Tienden a inventarse normas y juegos nuevos.
Llegados al período evolutivo en que pueden ser identificados de forma fidedigna, las características que presentan los superdotados están centradas en su actuación académica. Podemos afirmar que, a la mayoría de los superdotados, les gusta ir a la escuela y aprender, pero hay que incidir en que ser superdotado no es sinónimo de éxito académico (de hecho, muchos de ellos son identificados en la consulta del psicólogo, al hacer un diagnóstico de su capacidad intelectual, porque sus profesores los derivaban, como prototipo de "baja capacidad"). Dicho esto, existe acuerdo entre los expertos al considerar que su aptitud académica se puede apreciar en los siguientes indicios:
  • Interés por adquirir nuevos conocimientos.
  • Buen rendimiento académico, en la mayoría de ocasiones.
  • Implicación y persistencia en la realización de tareas emprendidas.
  • Apasionamiento por una o diversas áreas de investigación intelectual.
  • Perfeccionismo en la ejecución de tareas.
  • Riqueza y fluidez de vocabulario.
  • Independencia en el pensamiento, rechazando la autoridad y dando sus propias respuestas a situaciones nuevas.
  • Concentración rápida en temas de su interés, persistiendo hasta absorberlos.
Conviene tener en cuenta que no todos los niños superdotados han de mostrar absolutamente todas las características que normalmente se les atribuyen, y que hay niños no superdotados que pueden llegar a mostrar algunas de ellas. Por tanto, debemos ser cautos a la hora de etiquetar como superdotado a algún niño, porque existen peligros: por ejemplo, puede suceder que una precocidad, o una maduración precoz, o una excesiva estimulación anterior puede llegar a ser interpretada como superdotación, cuando en el momento en que la inteligencia se estabiliza, se iguale con el nivel intelectual propio del resto de sus compañeros de clase. Y eso tendría consecuencias muy peyorativas para los niños erróneamente identificados como superdotados.

Existe otro peligro en el que, habitualmente, se cae a nivel escolar a la hora de identificarlos, siendo un error muy frecuente en la escuela: el superdotado nunca será el alumno que mejores notas saca o el que mayor rendimiento obtiene en los aprendizajes; ése, en todo caso, será un talento académico. Por ello, los superdotados dentro del aula escolar suelen pasar desapercibidos o, incluso, ser catalogados como problemáticos en su conducta, o en el manejo de sus emociones. El maestro, como pieza clave en el proceso de reconocimiento de este fenómeno intelectual, no suele ser un buen detector porque asocia superdotado con niño aplicado, obediente, con buen rendimiento en las áreas académicas. Es más, puede valorar equivocadamente a estos niños por ser muy inquietos, los que molestan al preguntar constantemente, por no mostrar interés por las actividades propuestas, por no siguen el ritmo de la clase, etc. Y es que suelen tener problemas de comportamiento porque se aburren y buscan otros entretenimientos, además de que pueden resistirse a realizar actividades que no consideran relevantes. Así, es importante saber qué y a quién estamos "identificando". En la población escolarizada, las proporciones que, aproximadamente, se dan son: el 5 % es un talento creativo, simple o múltiple, el 5 % posee talento académico, y cerca del 2 % es superdotada.

Si atendemos a sus características, como criterio para poder "detectar" en el aula a los posibles alumnos superdotados, hemos de tener en cuenta un aspecto asociado. Cuando un superdotado, o no es reconocido como tal, o no está siendo convenientemente estimulado en base a su potencialidad, pueden aparecer problemas de comportamiento -como respuesta a la frustración que está experimentando-, de índole agresiva (el niño da muestras de violencia, tanto verbal como física, fuerte rebeldía, se niega sistemáticamente a seguir ningún tipo de reglas, etc.); o de índole pasiva (vive en un mundo de fantasía, evita el contacto con la gente, no se defiende si alguien le insulta o le pega, etc.). Sus problemas psicológicos surgen de sus propias vivencias en el ámbito escolar, puesto que a nivel familiar no suelen darse conflictos. De este modo, algunos pueden llegar a mostrar inadaptación escolar, y otros muchos llegan a padecer fracaso escolar.

Existen otros síntomas relacionados con la adaptación social, que suponen también buenos "indicios" para los profesores, junto a criterios educativos. Dado que los superdotados están dotados de elevada observación crítica, de capacidad analítica, y de marcada incredulidad, los profesores llegan a sentirse «amenazados» por ellos. Asimismo, su superioridad puede llevarles a reacciones intensas provocadas por el rechazo de los demás, como la hostilidad. Su tendencia constante hacia la individualidad y la búsqueda de libertad, les conduce a la soledad y a la combatividad, así como a una carencia de modelos sociales aceptables con los que identificarse. La mayor parte de los problemas de estos niños son debidos a una mala adaptación entre la sociedad y la educación. Por ello, el superdotado necesita un notable esfuerzo para resolver, además de los problemas propios de la infancia normal, los derivados de su excepcionalidad superior. Y cuanto más elevadas son sus habilidades intelectuales, mayores son los problemas con los que se pueden encontrar en todos los ámbitos.

Finalmente, resaltar de nuevo que el superdotado posee características específicas (cognitivas, sociales y psicológicas) diferenciales. Por consiguiente, cada niño requerirá de una respuesta individualizada en los ámbitos donde se desarrolla. Hemos de proporcionar al superdotado los medios educativos adecuados, y si bien existen protocolos de actuación, corremos el riesgo de aplicarlos equivocadamente, si la identificación de estos superdotados es inadecuada por falta de formación específica en el tema, aspecto clave en el que las Facultades de Psicología y Educación deberían incidir.
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Comentarios

5 Comentarios
5
Villalba
Fermin
Hace 2 meses
Acabo de encontrar este artículo. Gracias a la autora por explicar las cosas con sencillez y suficiente claridad para que pueda ser entendido por padres preocupados que no reciben respuesta adecuada para sus hijos. Estaré pendiente de lo que se publique en este tema. Leyendo los comentarios, decir que en mi hijo sí que hubo diferencia entre lo intelectual y lo emocional, por lo que estoy totalmente de acuerdo con la autora.
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Buen artículo de opinión
CARMEN SOTO
Hace 10 meses
Como es habitual en esta autora, sus argumentos son sólidos y claros. Desde aquí le doy las gracias por su labor en beneficio de estas personas, a mi marido y a mí nos ha ayudado mucho para entender a nuestro hijo. Su labor divulgativa es encomiable, así que continue con ello, por favor.
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Para mayor información y gracias de nuevo por su tiempo
Amparo
Hace 11 meses
Por cierto, añado que mis planteamientos han ido ampliándose a lo largo de estos años. Ciertamente, el libro al que se refiere, de 1998, fue de lo primero escrito en nuestro país. Pero ya le es posible ampliar la información en mis libros posteriores (2000;2010;2012), donde la literatura internacional existente sigue apoyando la disincronía en edades ya precoces y, por supuesto, lo propuesto por Renzulli. ¿Tiene usted,J.L.Freire algo escrito sobre ello? Me interesaría leerlo, claro está! Saluds
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Gracias por tu comentario
Amparo
Hace 11 meses
Apuntar al respecto que, ciertamente, mis planteamientos siguen siendo los mismos, pues sigo creyendo en ellos. Si bien el mundo evoluciona, hay fenómenos evolutivos específicos que no varían, tal y como explicita la propia Psicología del Desarrollo. La disincronía intelectual y emocional es característica en los superdotados diagnosticados como tales en la edad que asegura un diagnóstico fiable. Renzulli sigue (y seguirá) siendo un referente en las investigaciones internacionales. Saludos
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No son siempre las cosas como parecen y además, evolucionan
J.L. Freire
Hace 1 año y 1 mes
Con el respeto debido a la autora de este artículo, sus planteamientos son hoy los mismos que cuando escribió su conocido libro, hará 15 años. Pero sólo dos temas: 1. Considero un error de base el suponer que en edad infantil se da una evolución distinta a nivel intelectual y emocional, no tiene por qué ser así. 2. Basarse con seriedad en Renzulli a estas alturas no me parece adecuado.

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