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Encajes y desencajes entre la formación y la profesión

Oscar Martínez Rivera.
Psicopedagogo y Educador Social. Profesor de la Facultad de Educación Social y Trabajo Social Pere Tarrés. Universitat Ramon Llull (Barcelona)
30/04/2012
La complejidad de todas las profesiones hace difícil generar una formación que enmarque al cien por cien las competencias y contenidos que se requieren para su buena práctica. Y también hace difícil saber dónde está el límite de las competencias que ya no son propias de la profesión pero que por su carácter transversal es necesario teorizarlas y ponerlas en práctica durante las formaciones.

En general, la universidad y los colegios profesionales plantean una definición de las funciones y competencias de las profesiones. Sin embargo, en la práctica a veces algunos de estos aspectos quedan difuminados o no identificados tan claramente.

En este sentido, por ejemplo, en cualquiera de las profesiones relacionadas con la educación se requiere desarrolla una capacidad comunicativa en todos los niveles. Sin embargo, no todos los planes de estudio recogen este aspecto explícitamente, aunque a lo largo de la carrera es posible que se trabaje transversalmente.

Diversidad de perfiles profesionales en el ámbito educativo

Podríamos decir que existen unas competencias claramente identificadas para este tipo de profesiones que son las que hacen referencia a los aspectos actitudinales. En este sentido, la capacidad de empatía, de trabajo en equipo (como actitud), la asertividad serian claves para poder desarrollar las competencias más específicas de cada profesión en el terreno educativo.

Hay lugares de trabajo que por su historia o tradición han quedado asignados a un tipo de profesional determinado habitualmente por una formación concreta. Por ejemplo, es evidente que encontraremos licenciados en magisterio en las aulas de  un colegio de educación primaria Sin embargo, la participación en proyectos escolares también integra profesionales como los psicopedagogos o pedagogos. Además, desde hace años se plantean proyectos más multidisciplinares donde los educadores sociales toman protagonismo1. Incluso en algunos contextos educativos, se incluye una figura profesional que desarrollaría tareas que de entrada parecen asignadas al trabajo social, en el sentido amplio del concepto.

Otro ejemplo lo interesante lo encontramos si recogemos el marco teórico que define a la educación social (desde el punto de vista académico y el profesional), trabajar en un centro de protección de menores seguramente vendría asignado al educador social. De la misma manera, si describimos las tareas profesionales que se desarrollan en un dispositivo educativo de estas características y lo comparamos con las titulaciones del ámbito educativo también encajaría, en la mayor parte, con el educador social.

La formación específica como clave

Pero es cierto que en todos los puestos de trabajo (no sólo en el educativo) cabe la posibilidad de que algún profesional con alguna otra formación que no es la asignada para ese lugar pudiera desarrollarse con éxito. El problema surge cuando la flexibilización es tan amplia que terminamos por desdibujar los objetivos concretos que tiene que desarrollar un profesional en un determinado puesto de trabajo.

Por ejemplo, trabajando como psicopedagogo podemos encontrar pedagogos o psicólogos. Pero posiblemente hayan tenido que hacer un esfuerzo formativo o profesional para llegar a hacer las tareas que corresponden a esa figura profesional. En este sentido,  se abre el debate más difícil de resolver cuando hay algún profesional que cree tener la capacidad de desarrollar las tareas de un determinado puesto de trabajo porque no es consciente de los matices profesionales que significa llevarlo a cabo. Es decir, a simple vista muchas personas tituladas en magisterio creerían estar en disposición de trabajar en un centro de menores sin haberse formado en educación social.

Uno de los problemas en este sentido es la indefinición de los puestos de trabajo por parte de las instituciones o la relativización que se pueda hacer de la obligatoriedad de estar formado o no en determinadas competencias. Pero está claro que no es lo mismo trabajar en un dispositivo social desde la psicología, que desde el trabajo social (en el sentido amplio). El problema surge cuando en la contratación de este profesional no se tiene en cuenta o no se le da importancia al paradigma desde el que trabajaremos.

A simple vista, existen muchos profesionales que se sentirían capaces de trabajar en la mayoría de puestos de trabajo, pero haría falta que desde las direcciones de los diferentes dispositivos profesionales se valorara la posibilidad no solamente de reflexionar sobre los participantes del proyecto, sino sobre la misión en sí de cada una de las profesiones con las que intervenimos.

Por otra parte, se produce el efecto de difuminación de las funciones de los profesionales cuando el encargo institucional (o incluso político) difiere de las competencias profesionales del contratado. En ese momento, es preciso  estar equilibrando esfuerzos en hacer la tarea encargada, pero sin salirse de lo que previamente definido por el marco universitario o el profesional.

Formación en competencias transversales

En los últimos años, ha habido una expansión muy clara de profesionales que se forman en competencias transversales como podrían ser la comunicación y el trabajo en equipo. En este sentido, nos percatamos de la importancia de la formación continua en la vida laboral. Y no sólo en aspectos directamente relacionados con el contenido del trabajo. Además, numerosos centros de trabajo realizan este tipo de formación no solamente con el ánimo de formar a sus trabajadores, sino con la intención de generar sentimiento grupal o incluso identificación con determinados valores de la organización para la que se trabaja. Este tipo de formaciones y dinamizaciones se realizan muy a menudo desde el diseño de profesionales de la psicología.

Está claro, por otra parte, que numerosos profesionales de la educación están reformulándose como orientadores para la búsqueda de empleo, pero también para el acompañamiento en procesos de reformulación profesional de las personas.

Pero donde también hemos encontrado un aumento de la profesionalización y formación específica ha sido en los ámbitos de ocio y tiempo libre. En este espacio educativo conviven diferentes perfiles profesionales (e incluso no profesionales) que desarrollan un claro trabajo interdisciplinar.

Notas al pie:

1.- Podemos ampliar esta información en el monográfico on-line "Enseñanza obligatoria y educación social" de la Revista de Educación Social http://www.raco.cat/index.php/educaciosocial/issue/view/12911/showToc
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