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¿Privatizar la escuela pública?

Núria Pedrós Pons. Doctora en pedagogía. Tutora y Coordinadora de Educación Infantil de Mireia Centre d'Estudis. (Montgat-Barcelona)
04/10/2010
Hay quien sostiene que el nuevo decreto de autonomía del Departament d’Ensenyament de la Generalitat de Catalunya pretende privatizar la escuela pública, argumentando que se quiere partir del modelo de gestión de las escuelas privadas para aplicarlo a los centros públicos, y que la nueva normativa está orientada a fortalecer los equipos directivos de los últimos con el objetivo de mejorar los resultados educativos del alumnado.

Para ello, las direcciones tendrán que tener un Proyecto Educativo que despliegue la propuesta educativa del centro (núcleo de su autonomía), y concrete una organización interna coherente. En función de los resultados escolares obtenidos, la Generalitat de Catalunya podrá revisar los Proyectos Educativos de los centros, sustituir a las personas con responsabilidades e incluso retirar los recursos adicionales que haya recibido. Pero si los resultados son positivos se reconocerá a la dirección y a los docentes del centro con méritos y grados en su carrera profesional, así como con un marcado incremento de sueldo.

No sufran los lectores que crean que viene la privatización de los centros públicos. Por fortuna, la gestión de los centros privados no se sustenta ni funciona exclusivamente en base a estas medidas ni con estos parámetros. Me pregunto, por ejemplo, dónde están los méritos y grados en sus carreras profesionales, o los aumentos de salario logrados por sus éxitos...

Una lectura más profunda del decreto permite afirmar que para educar a los ciudadanos se necesitan profesionales de la educación preparados y cualificados, pues la enseñanza no la puede llevar a cabo cualquiera, pero en cambio para dirigir centros educativos sólo se reclaman directivos amateurs. ¡Qué contradicción! Poco importa la formación que se tenga o las competencias de liderazgo que uno muestre para poder desarrollarlas con más o menos éxito. Cualquiera que presente un buen proyecto de gestión podrá optar a formar un Consejo de Dirección y a dirigir una organización en la que trabajan los profesionales preparados y cualificados que enseñan. Pero es de sobra conocido que si se reclaman directivos sin ningún tipo de formación o experiencia en liderazgo pedagógico, gestión de recursos humanos, estrategias organizativas, gestión de grupos o trabajos cooperativos, no se puede aumentar la calidad de un centro educativo.

Frente a eso, los equipos directivos de las escuelas privadas siguen formándose y trabajando para obtener una preparación y especialización profesional, intelectual, técnica y humana indispensable y básica para ocupar plazas directivas de gestión, psicopedagogía o coordinación. En concreto, se hace especial hincapié en aquellos aspectos que no quedan reflejados en el decreto, como por ejemplo:
  • la preparación, planificación, coordinación, organización y control de las tareas escolares propias de cada tutor y equipo docente.
  • los tipos de comunicación necesarios (gestual, verbal, icónica, escrita) entre los distintos integrantes de la comunidad educativa: docentes, alumnos, padres, profesores, especialistas, tutores, equipo directivo, personal no docente, instituciones educativas, inspectores, editoriales, universidades, ices, centros de recursos pedagógicos, entre otros.
  • el conocimiento de la variedad de equipos docentes y de roles de sus integrantes, y la determinación de los claustros que estos conllevan; el trabajo en equipo y cooperativo en la toma de decisiones, y su posterior puesta en acción, control y evaluación.
  • los grados de relaciones interpersonales y sociales formales e informales que se establecen entre los docentes y los integrantes de la comunidad educativa anteriormente citados, que conforman la funcionalidad y cultura de un centro.
  • los tipos de situaciones problemáticas, con los medios para su resolución, el grado de estrés que éstas conllevan, y cómo se previenen, controlan o superan.
  • la variedad de didácticas y metodologías pedagógicas existentes y su praxis en las aulas en todos los niveles escolares.
  • la Inteligencia Emocional, incidiendo en las acciones individuales (autoconocimiento de las emociones, autocontrol, autoestima, optimismo, miedos, motivación), y en las sociales (empatía, sociabilidad y habilidades asertivas).
  • los aspectos laborales de mejoras en seguridad e higiene, ergonomía, salud, convenios, salarios, entre otros.
  • Así pues, ante estas deficiencias manifiestas de la nueva normativa surgen dudas sobre la obtención de resultados académicos notables parecidos a los alcanzados por las escuelas privadas, a la vez que se añaden justificadas censuras, miedos, interrogantes y reflexiones que, si no se subsanan estas carencias, podrían desarrollarse en un futuro no muy lejano:
  • probablemente los recursos de los centros se determinaran en función de los resultados obtenidos. De este modo se catalogarán los centros como buenos o malos, y se verán peleas entre los padres para poder llevar a sus hijos al colegio de más éxito (?) en aquel momento. Se persigue un modelo de autofinanciación de los centros donde la competitividad desigual profundizará más en la fractura social.
  • la cultura democrática del centro será una total utopía, se caerá fácilmente en el amiguismo, pues resultará más fácil contratar al amigo en lugar del profesional más apto. Se confeccionaran plantillas de docentes a medida, pues el director/a escogerá aquellos profesores que más callen y, por lo tanto, no apuesten por una actitud crítica ante los hechos o las acciones a emprender, aquellos que digan amén al que el director/a proponga. Si no se hace lo que dice el director, no se encajará dentro del proyecto educativo y se podrá ser recolocado o sugerido a otro centro. Se acabará la libre expresión sobre lo que uno piensa, y la reflexión conjunta o las críticas al sistema. Si no se encaja, mala suerte.
  • se recortará considerablemente el trabajo en equipo del claustro, que conjuntamente con el Consejo Escolar serán un mero trámite ya que el Consejo Directivo asumirá todas las decisiones. Se da más poder a los equipos directivos que decidirán sobre cuestiones relacionadas con la vertiente pedagógica organizativa y de gestión, por lo que la gestión democrática no quedará garantizada, fomentándose más la competitividad y menos la cooperación.

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