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La salud laboral de los docentes

José Luis López López-Menchero. Profesor de la Universidad de Castilla-La Mancha. Delegado de Prevención de Centros Docentes
26/03/2009
Desde los años 80 las investigaciones demuestran, irrefutablemente, la evidencia científica de la relación entre el trabajo docente y diversos trastornos de salud tanto a nivel biológico como psicológico
Introducción

La Constitución Española encomienda a los poderes públicos velar por la seguridad e higiene en el trabajo. La salud es un derecho social y un derecho individual, recogido en el artículo 43.1 como "el derecho de todos los ciudadanos a la protección de la salud". Bajo este mandato constitucional, y como transposición de la Directiva Europea 89/391/CEE, aparece la Ley 31/1995 de Prevención de Riesgos Laborales (LPRL), modificada y actualizada por la Ley 54/2003, de 12 de diciembre, de reforma del marco normativo de la prevención de riesgos laborales.

La definición más conocida de la salud es de la Organización Mundial de la Salud (OMS): "La salud es el estado completo de bienestar físico, mental y social y no solamente la ausencia de enfermedades". No solamente significa verse libre de dolores o enfermedades sino también la libertad de desarrollar y mantener sus capacidades funcionales físicas, psíquicas y sociales. Cuando utilizamos el término de salud laboral nos referimos a aquellos estudios o acciones que tienen como finalidad conocer la importancia del trabajo en las alteraciones de la salud en una población, así como las medidas preventivas que se pueden realizar en el marco laboral.

Los indicadores de salud en los estudios científicos de poblaciones señalan que existen diferencias de salud entre distintos grupos laborales. En la salud de los trabajadores de la enseñanza también se manifiesta esta diversidad. Estos contrastes no son debidos a las características propias de cada una de las personas que pierden su salud, sino a los riesgos para la salud que aparecen por el hecho de vivir en unas condiciones determinadas. Entre las diferencias más importantes cabe señalar las siguientes: las socioeconómicas, las de género (hombres y mujeres) y las de edad.

Principales factores de riesgo de la salud laboral de los docentes

Desde los años 80 las investigaciones demuestran, irrefutablemente, la evidencia científica de la relación entre el trabajo docente y diversos trastornos de salud tanto a nivel biológico (problemas cardiovasculares, respiratorios, lumbalgias, cervicalgias, preeclampsia o úlcera de estómago, etc.), como psicológico (ansiedad, depresión, insatisfacción laboral, reducción de la productividad, absentismo laboral, pasividad en la vida extralaboral, etc.).

La docencia tiene aspectos propios de riesgos para la salud que la identifican como una profesión exigente por la responsabilidad y dedicación que exige, sobre todo los concernientes a las relaciones interpersonales que se establecen entre los distintos grupos de referencia que interactúan en un centro docente como el alumnado, padres y compañeros de trabajo. Esto supone una exigencia emocional con suficiente potencial de efecto sobre el estado de salud de los profesores/as.

La educación, en comparación con otras disciplinas, se identifica por diversos aspectos que la caracterizan: la interrelación constante con otras personas; exigencia de roles diferentes para el profesor; creciente índice de aumento de actitudes conflictivas que se dan en la sociedad y que se reflejan en las aulas; necesidad de atender a la diversidad; rutina y tensión en el trabajo; aislamiento y baja valoración social que perciben; obligación de soportar el mal comportamiento de los alumnos; violencia en el lugar de trabajo como problema de creciente importancia; riesgos físicos o medioambientales como el ruido, etc.

Estos aspectos diferenciadores se traducen en factores de riesgo que pueden manifestarse en trastornos psicosociales de diversa índole. Así, el estrés, la ansiedad y la depresión ocupan los primeros puestos en la lista enfermedades que causan baja laboral entre los docentes. Tradicionalmente los centros educativos se dedicaban al desarrollo de los conocimientos de los alumnos, sin embargo, y debido fundamentalmente a los cambios sociales, laborales y culturales de los últimos años, han asumido el compromiso de la educación, formación y futuro de la sociedad. La Administración educativa, la familia y la sociedad no sólo delegan estas funciones sobre el profesorado sino que en ocasiones responsabilizan al colectivo del fracaso escolar, educativo y social existentes, como si los demás factores no tuvieran relevancia.

Como hemos dicho anteriormente, además de los riesgos psicosociales existen otros a nivel biológico. Así, por ejemplo, el profesorado de educación infantil tiene que mover tanto o más peso que cualquier trabajador de cualquier otro sector; quienes dan clase de formación profesional trabajan con las mismas herramientas que en cualquier industria; aquellos que enseñan ciencias naturales o física o química cada vez que entran en el laboratorio se encuentran con los mismos peligros que se esconden en cualquier laboratorio industrial, existe una preocupación cada vez mayor por la posibilidad de que algunos entornos escolares contengan materiales cancerígenos como el amianto, campos electromagnéticos generados por la cercanía de líneas eléctricas de alta tensión, plomo, radón o plaguicidas utilizados para el control de plagas en centros docentes (algunos estudios los han relacionado con aumentos en los índices de mortalidad proporcional por cáncer de mama en profesoras) y posean una atmósfera contaminada, etc.

En las universidades y escuelas universitarias, el gran número y amplia gama de operaciones y materiales peligrosos que se utilizan en la enseñanza, la investigación y las actividades de servicios auxiliares representan un reto para la gestión de la salud y la seguridad. Entre los materiales utilizados se encuentran sustancias muy peligrosas, que presentan mayor riesgo y cuya documentación en materia de toxicidad y seguridad es deficiente o nula. Los riesgos pueden ser múltiples y variados dependiendo de las dimensiones y el carácter de la institución, del tipo de programas académicos ofrecidos y de la naturaleza de las actividades de investigación. Las escuelas universitarias plantean un número relativamente pequeño de riesgos, mientras que en otros centros universitarios (facultades de medicina, ingeniería, ciencias, bellas artes) donde se realizan programas de investigación exhaustivos, los riesgos son más numerosos y, en ocasiones, pueden ser más graves como los derivados de sustancias químicas tóxicas y de factores biológicos, riesgos reproductivos, radiaciones ionizantes y no ionizantes y otros agentes físicos. Los riesgos en materia de seguridad y salud no siempre son reconocidos de inmediato y con facilidad por el personal académico de alta cualificación, que suele prestar escasa atención a los controles legislativos o administrativos por considerarlos factores que limitan su libertad académica.

Y todo esto sin olvidar, que también los docentes están expuestos a los riesgos generales de su puesto de trabajo: más o menos trabajo, mejor o peor organizado, con diferentes grados de autonomía, con compañeros y una dirección con quien relacionarse, con más o menos inestabilidad laboral o cambios no deseados, etc.

Estrategias de mejora de la salud laboral de los docentes

La mejor estrategia en la mejora de la salud laboral de los docentes es a través de la Prevención de Riesgos Laborales. La prevención significa anticiparse y actuar antes de que algo suceda con el fin de impedirlo o para evitar sus efectos. Implica prever con antelación las consecuencias negativas de una situación y actuar para cambiarla. Un riesgo es una situación en la que pueden ocurrir cosas indeseadas. Es en realidad toda circunstancia que aumenta la probabilidad de que suceda algo que valoramos como negativo. Prevención de riesgos no es ni más ni menos que eliminar o controlar toda condición de trabajo que pueda suponer un daño para la salud de los trabajadores y trabajadoras.

Pero ¿cuáles son esas condiciones de trabajo que pueden suponer un daño para la salud de los profesionales de la enseñanza? La legislación actual deja patente que el daño a la salud puede proceder no sólo de los locales e instalaciones en los que se trabaja y de los equipos de trabajo y herramientas o sustancias que se emplean en el trabajo, sino también de la organización y ordenación del propio trabajo.

Se tiende a pensar que la organización del trabajo es una facultad exclusiva de la Administración Educativa o de los máximos responsables de los centros educativos. Pero eso ya no es así. La Ley de Prevención de Riesgos Laborales pone un límite a esa facultad, exigiendo que se ejerza de modo no perjudicial para la salud de los trabajadores del sector de la enseñanza. Es un límite de enorme trascendencia que abre a la negociación e incluso al control administrativo y judicial un campo de actuación en cierta medida nuevo. Con el objetivo de defender la salud, los docentes ya pueden discutir con los responsables o con la Administración, con toda legitimidad, sobre organización del trabajo educativo. La prevención en los centros educativos se rige por unos principios que deben ser respetados, porque así viene exigido por la Ley:

- Combatir los riesgos en su origen.
- Evitar los riesgos siempre que sea posible.
- Sustituir lo peligroso por lo que entrañe poco o ningún peligro.
- Adaptar el trabajo a la persona.
- Anteponer la protección colectiva a la individual.

Podemos concluir afirmando, que la evaluación de riesgos debe realizarse como un primer paso de la actividad preventiva y que debería basarse en aquellos aspectos generales que han mostrado una estrecha relación con el estado de salud del profesorado, adaptarlos a la realidad de los docentes y añadir algunas dimensiones específicas como las exigencias derivadas del trato con alumnos desmotivados, indisciplinados o grupos de gran diversidad. Sería bueno también incluir en la evaluación, no sólo la exposición a los riesgos, sino la existencia de trastornos de salud relacionados a corto plazo con ellos, concretamente trastornos de salud mental de naturaleza ansioso-depresiva, como el cada vez más conocido Síndrome de Burnout (Cristina Maslach: "agotamiento emocional, despersonalización y baja realización personal, que puede ocurrir entre individuos que trabajan con personas?).

"Más vale prevenir que curar? (Proverbio popular)

Legislación de referencia (B.O.E.):

- RD 1995/1978 Real Decreto 1995/1978, de 12 de mayo, por el que 25/08/1978 se aprueba el Cuadro de Enfermedades Profesionales en el sistema de la Seguridad Social.
- LGSS Real Decreto Legislativo 1/1994, de 20 de junio, por 29/06/1994 el que se aprueba el texto refundido de la Ley General de la Seguridad Social.
- ET Real Decreto Legislativo 1/1995, de 24 de marzo, 29/03/1995 por el que se aprueba el texto refundido del Estatuto de los Trabajadores.
- LPRL Ley 31/1995, de 8 de noviembre, de Prevención de 10/11/1995 Riesgos Laborales.
- RSP Real Decreto 39/1997, de 17 de enero, por el que se 31/01/1997 aprueba el Reglamento de los Servicios de Prevención.
- RD 486/1997 Real Decreto 486/1997, de 14 de abril por el que se 23/4/1997 establecen disposiciones mínimas de seguridad y salud en los lugares de trabajo.
- RD 485/1997 Real Decreto 485/1997, de 14 de abril, sobre 23/4/1997 disposiciones mínimas en materia de señalización de seguridad y salud en el trabajo.

Para saber más:

CALERA, ESTEVE, ROEL, UBERTI-BONA: La salud laboral en el sector docente. Guía para la prevención de riesgos. Ediciones Bomarzo-ISTAS. Alicante (España).

MINISTERIO DE TRABAJO Y ASUNTOS SOCIALES: Prevención de riesgos laborales en el sector de la enseñanza. Instituto Nacional de Seguridad e Higiene en el trabajo. Madrid (España).
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