Avanzando hacia la fundamentación científica de la Educación Emocional o Socioemocional

Juan Carlos Pérez-González; Elvira Repetto. Departamento MIDE II (Orientación Educativa, Diagnóstico e Intervención Psicopedagógica) de la Facultad de Educación de la UNED
05/11/2007

Las evidencias científicas sobre los beneficios de la aplicación de la Educación Socioemocional (término éste que preferimos por su cariz más comprehensivo que el de "Educación Emocional”) para los centros educativos, para las empresas y para las personas a nivel individual se están acumulando lenta pero progresivamente en los últimos años (Repetto y Pérez-González, 2007; Bisquerra, 2003), gracias a la evaluación sistemática de programas de intervención educativa dirigidos a mejorar la inteligencia emocional (IE) y/o a desarrollar las competencias socioemocionales (CSE). Sin embargo, como señalamos, estas evidencias se están logrando por el momento de forma muy lenta y paulatina, ya que, desafortunadamente, sólo una mínima parte de los programas de Educación Socioemocional que se publican en diversas editoriales cada año son sometidos a procedimientos rigurosos de evaluación, con lo que, a la postre, apenas disponemos de datos empíricos que avalen la calidad de los mismos. Aviso para navegantes: "no cualquier programa de educación socioemocional es válido”. Algunos esfuerzos, no obstante, se están empezando a notar en España, si bien estamos, aún, a la cola de los progresos logrados hasta la fecha en el contexto anglosajón (ver www.casel.org para recomendaciones a seguir en esta línea).

Entre otras cosas, hay recordar que para evaluar adecuadamente un programa de intervención educativa, no basta con recabar información acerca de su grado de aceptación o del grado de satisfacción que ha provocado en sus participantes. Que un programa de intervención resulte "de interés” o "estimulante” o "atractivo”, por ejemplo, no significa que cumpla su función. No debemos olvidar que lo principal es confirmar si el programa en sí sirve para lo que se ha diseñado, es decir, para mejorar en algún grado el nivel de IE o de CSE de sus destinatarios. Esto es, demostrar su eficacia, demostrar que sus objetivos de aprendizaje se logran, pues sin esta constatación (que debe hacerse siguiendo pautas científicas y con instrumentos sólidos; ver Pérez-González, Petrides, y Furnham, 2007) no tenemos la más mínima garantía de que el programa sea de interés, incluso desconocemos si su aplicación podría tener efectos contraproducentes en algún sentido.

Desde luego, tanto la IE como las CSE tienen un alto impacto en muy diversas e importantes áreas de nuestra vida diaria, y esto sí que está siendo bien demostrado empíricamente en la literatura especializada (por ejemplo, ver Petrides, Pérez-González, y Furnham, 2007). A grandes rasgos, y siguiendo las grandes áreas de intervención de la Orientación Educativa o Psicopedagógica, podemos decir que el diseño, aplicación y evaluación de programas para desarrollar tanto la IE como las CSE son de una imperiosa necesidad y conveniencia en la Educación, en general, pero especialmente, por su pertinente canalización y aplicación práctica, en la Orientación Personal, en la Orientación Académica, y en la Orientación Profesional. Esta conclusión tiene un claro aval científico, pero ahora queda la tarea pendiente de diseñar buenos programas educativos y de someterlos a evaluación sistemática para ir avanzando. En cualquier caso, todo procedimiento de evaluación sigue siendo susceptible de valoración y de crítica. Lo importante es que, al menos, esta información sea pública y esté accesible al profesional de la Educación interesado y crítico.


Referencias bibliográficas

Bisquerra, R. (2003). Educación emocional y competencias básicas para la vida. Revista de Investigación Educativa, 21 (1), p. 7-43.

Pérez-González, J.C., Petrides, K.V., y Furnham, A. (2007). La medida de la inteligencia emocional rasgo. En J. M. Mestre y P. Fernández-Berrocal, Manual de Inteligencia Emocional (pp. 81-97). Madrid: Pirámide.

Petrides, K. V., Pérez-González, J. C., y Furnham, A. (2007). On the criterion and incremental validity of trait emotional intelligence. Cognition and Emotion, 21, 26-55.

Repetto, E., y Pérez-González, J.C. (2007). Formación en competencias socioemocionales a través de las prácticas en empresas. Revista Europea de Formación Profesional-European Journal of Vocational Training, 40(1), 92-112.
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