Editorial
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La labor docente

Enric Renau, editor de Educaweb.com
06/06/2005
Los profesionales de la educación deberían hacer ciudadanos, conscientes de sus derechos y deberes, aportar a su alumnado un interés en aprender a aprender a lo largo de la vida, dotar a los jóvenes de una actitud crítica ante la vida y transmitir la cultura básica y el conocimiento especializado de una forma pedagógica y activa.
No es fácil ejercer de docente. Ni en educación primaria, ni en educación secundaria, ni en la universidad, ni en la formación de adultos, ni en la formación continua.

Pero tampoco es fácil ejercer de administrativo, director, funcionario, enfermero, ingeniero, periodista o cualquier otra profesión.

Lo que sucede es que la profesión docente ha sufrido transformaciones destacables en las últimas décadas en su función social (pérdida del monopolio de la transmisión de conocimiento), estructuración laboral (funcionarización), prestigio público (no es la profesión mejor valorada en las encuestas) y perfil de quien lo ejerce (cambio generacional). Muchos de los profesionales de la educación no viven su nueva situación -aún cambiante- de forma satisfactoria. Por razones de desgaste generacional, por motivaciones económicas (sueldos bajos), por presión social (padres-clientes), por los cambios en el contexto socioeconómico (inmigración, violencia juvenil, TIC).

No obstante, también en otras profesiones las cosas han cambiado. ¡Preguntad si no lo que piensan los médicos, curas o gobernantes! Lo que ha cambiado es la sociedad y cada profesión se ha adaptado a los nuevos tiempos como ha sabido o podido.

En el caso de los docentes, la sociedad les exige que cumplan muchas funciones. Los responsables políticos firman acuerdos y preparan decretos múltiples para intentar facilitar su pluriresponsabilidad en la llamada sociedad del conocimiento que pretende priorizar los ciudadanos activos, emprendedores e innovadores. Entiendo que esta demanda social tiene que ser interpretada con orgullo y como un honor, por los afectados y, a su vez exigir a las familias y a las instituciones públicas y privadas competentes en materia de educación que les correspondan con tanta responsabilidad.

Los profesionales de la educación, de todos los niveles, y en nuestro mundo actual, deberían cumplir, al menos, las siguientes funciones:
  • Ayudar a las familias a hacer ciudadanos, conscientes de sus derechos y deberes, que se comporten, voluntariamente, de una forma cívica y actúen y participen de forma responsable, ante la sociedad.

  • Aportar a sus alumnos un interés en aprender a aprender a lo largo de la vida.

  • Dotar a los jóvenes de una actitud crítica ante la vida (medios de comunicación, modas, consumo, demagogos, etc) complementada con una comprensión de los límites y la complejidad de la vida moderna.

  • Transmitir la cultura básica y general y el conocimiento especializado, de una forma pedagógica y activa.

Cumplir todas estas funciones no es tarea sencilla, pero es un gran reto que debería ser asumido sólo por los mejor preparados para ello y "recompensado” socialmente y económicamente, como corresponde a responsabilidad de tal magnitud.

Como señalamos en una de las noticias en nuestro monográfico, según el doctor Xavier Melgarejo, una de las principales diferencias que explican el buen funcionamiento del sistema educativo finlandés basado en los informes PISA es el "extraordinario proceso de selección y formación de docentes de educación primaria y secundaria” que se produce en Finlandia.

En el Estado Español, los criterios de selección de los profesionales de la educación siempre han sido poco exigentes, las políticas de renovación generacional, mínimas, y el estímulo público a la asunción de responsabilidades, a la innovación y al cambio, prácticamente nulo.

No se puede negar que los cambios sociales que está produciendo el crecimiento de la inmigración afectan a la profesión. Tampoco es menospreciable la dificultad de educar a niños y jóvenes hijos de familias que muchas veces no se implican en la formación de sus descendientes. También es criticable que, en buena medida, el resto de la sociedad (bibliotecas, medios de comunicación, deportistas, políticas, etc) se hayan olvidado por completo de su responsabilidad educadora.

Pero empecemos a cambiar desde dentro la profesión y desde dentro del propio sistema educativo (políticos, sindicatos, colegios profesionales). Después exijamos a la sociedad, con toda contundencia, lo que nos merecemos.

Enric Renau
Editor
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Comentarios

1 Comentario
1
pedro
Hace 4 años y 2 meses
CONSIDERO CORRECTO LA OPINIÓN DEL EDITOR PERO ES MÁS. LA LABOR DEL DOCENTE CONSIDERO QUE DEBE SER MÁS RELEVANTE EN EL SENTIDO DE SER MUCHO MÁS REFLEXIVO Y CRÍTICO, POR QUE COMO DOCENTES QUE SOMOS NOS TOCA JUGAR UN PAPEL DE LIDREZGO Y RELEVANCIA POR LA MISMA REALIDAD EN LA QUE ESTAMOS VIVIENDO, SIENDO OBJETO CONSTANTE DE DESPRESTIGIO DE PARTE DEL GOBIERNO DE TURNO , PARA PODER CONSEGUIR NUESTROS OBJETIVOS NO SOLO EN EL ASPECTO PROFESIONAL SINO TAMBIEN EN EL ASPECTO REINVINDICATIVO Y SOCIAL QUE T

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