Artículo de opinión
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Inserción laboral en Trabajo Social y Educación Social

Lluís Toledano, Secretario Académico y Responsable del Servicio de Prácticas. Óscar Martínez, Profesor y Responsable del Servicio de Bolsa de Trabajo. Escuelas Universitarias de Trabajo Social y Educación Social Pere Tarrés, Universitat Ramon Llull
14/03/2005
Se hace evidente que las características que buscará una entidad o empresa en un candidato dependerá, en buena medida, de las características del puesto de trabajo a ocupar. Así, para un lugar que requiera capacidad para coordinar un equipo de personas, las habilidades más requeridas para el puesto serán las que hagan referencia a capacidad de liderazgo y de resolución de conflictos. También es cierto que cada vez se hace más necesario, al margen de las características específicas que requiera el puesto de trabajo, disponer de ciertas competencias y capacidades relacionadas, entre otras, con el trabajo en equipo, la implicación, el compromiso, la responsabilidad, etc.; y éstos no sólo son factores determinantes a la hora de contratar al candidato o candidata sino también a la hora de decidir la continuidad o no en la empresa tras la finalización del primer contrato.

El campo profesional de la intervención socioeducativa nos hace ver, por otra parte, una serie de aspectos, o mejor dicho características, diríamos implícitas en estas profesiones, que demandan de estos profesionales una serie de capacidades, destrezas, aptitudes y habilidades -por tanto competencias- que se hacen imprescindibles cuando hablamos de intervención y relación educativa, acompañamiento, orientación, transformación, etc. A modo de ejemplo podríamos citar entre otras: capacidad organizativa, preparación técnica, dinamismo e iniciativa, capacidad de adaptación a nuevos entornos y escenarios con nuevas exigencias y nuevos retos, colaboración y responsabilidad,... e incluso el entusiasmo por el trabajo socioeducativo.

Estas competencias y aptitudes deben trabajarse pues, a lo largo del currículum académico y muy en particular en la asignatura del pràcticum dado que, es a partir de ésta, donde se posibilita y se garantiza el contacto con la realidad profesional y con variados espacios de ensayo y experimentación, ofreciendo así un abanico de oportunidades para ejercitar, reflexionar y capacitar para el futuro ejercicio de la profesión. Desde las Escuelas Universitarias de Trabajo Social y Educación Social Pere Tarrés (Universitat Ramon Llull) y en el marco de la formación práctica se hace especial hincapié en la elaboración de trabajos, por parte de los alumnos, mediante dinámicas de grupos reducidos que persiguen la implicación, reflexión e intercambio de los aspectos anteriormente mencionados; dichos espacios grupales de trabajo y profundización son de gran importancia para la evaluación que se hace de los alumnos en su proceso de aprendizaje práctico y profesionalizador.

La experiencia en nuestro Servicio de Inserción Laboral de las Escuelas Universitarias nos dice que, concretamente en el sector social, se valora muy positivamente la experiencia profesional que el candidato pueda tener en los diferentes sectores, ámbitos de trabajo, y/o colectivos de usuarios que de alguna forma definen los ámbitos y el campo de actuación de la profesión del educador social y/o trabajador social. En ese sentido, también es cierto que no solamente se tienen en cuenta la experiencia puramente profesional sino que también son altamente valorados los espacios de participación voluntaria que el candidato a un puesto de trabajo haya realizado o con los que haya colaborado.

Antes hacíamos mención a la función profesionalizadora que tienen los pràcticums de las distintas carreras y estudios universitarios. Las prácticas actúan, desde esta visión, como un puente, una pasarela entre el mundo universitario y el mundo laboral y profesional. Actúa como un mecanismo facilitador de la inserción en el mercado laboral y como un eficaz dispositivo de orientación profesional permitiendo que los alumnos adquieran paulatinamente experiencia profesional y que reciban por parte de la empresa y/o entidad que los acoge un plus de formación que, de alguna manera, los sitúa en una posición de cierto privilegio respecto a otras personas que quieren acceder al mundo laboral. Es también una oportunidad, un espacio de ensayo donde el alumno puede ratificar sus intereses tanto vocacionales como profesionales y contrastar la realidad que observa y vive con las expectativas previas, más o menos idealizadas, que de la profesión se había construido.

Todo esto permite a las empresas tener más información y referencias directas respecto estos estudiantes y sus capacidades, habilidades y destrezas; competencias en su conjunto que habrán tenido la oportunidad de ver, observar y valorar en la propia práctica y ante situaciones de menor a mayor complejidad.
Por todo ello es imprescindible pensar en unas prácticas profesionales que permitan romper, de alguna forma, el circulo vicioso del estudiante titulado que no puede acceder a su primer trabajo por falta de experiencia y que no puede adquirir dicha experiencia porqué no puede acceder un puesto de trabajo.

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