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Comunidad Virtual y aprendizaje
Ferran Martí y Luis Miarnau, Departamento de Formación On-line de GEIS Consultores de Dirección, S.A.
En líneas generales, solemos hablar de una Comunidad Virtual refiriéndonos a un conjunto de personas que comparten un interés común y su relación se produce dentro de un medio de comunicación virtual. Si el contexto desde el que se genera y potencia dicha comunidad es el de un Campus Virtual o Plataforma de Aprendizaje los condicionantes sobre el proceso de aprendizaje parten necesariamente de integrar la idea de grupo o equipo virtual en el propio diseño de las acciones formativas a desarrollar, bien sean éstas propiamente de docencia o de apoyo a la misma. Las secuencias de aprendizaje que planteemos, pues, necesitarán atender de manera explícita al desarrollo de actividades que impliquen una acción grupal; y será imprescindible, a la vez, plantear dinámicas claramente orientadas al logro de objetivos concretos y medibles en su consecución.
Una Plataforma de Aprendizaje planteada en términos de Comunidad Virtual, necesitará, por otra parte, que complementemos nuestra oferta formativa con herramientas y elementos que proporcionen un valor añadido al proceso de aprendizaje (ya sea éste íntegramente virtual, semi-presencial o presencial). En este sentido, entendemos que un enfoque válido (y cada vez más recurrente) para optimizar el rendimiento de la misma, son los programas formativos orientados al desarrollo de competencias profesionales.
La definición operativa y concreta de cada una de éstas se encuentra, obviamente, en manos de la organización/institución. Y resulta coherente, en este proceso definitorio, el establecer la distinción entre ámbitos competenciales de carácter específico (serían los propios de cada programa formativo) y de ámbitos competenciales de carácter transversal (los adecuados para la totalidad de los alumnos de la institución/organización). Se trata de una distinción que, de hecho, es análoga a la realizada por la mayoría de compañías que apuestan por una gestión por competencias de sus recursos humanos.
Pero vayamos a lo práctico. Tenemos un marco de referencia para orientar los programas formativos: ¿cómo puede contribuir nuestra Plataforma de Aprendizaje al desarrollo de ambos ámbitos competenciales?
Ámbitos competenciales transversales.
Desde diferentes ámbitos, tanto los puramente académicos como los profesionales, es frecuentemente recordada la necesidad de conciliar el ámbito docente con las necesidades del mercado laboral. En este sentido, la Plataforma de Aprendizaje, en cuanto a su potencial por abarcar a la totalidad de la comunidad universitaria, posee la capacidad de ofrecer, dentro de sí misma, espacios y contextos de acceso libre para cualquier usuario, sea cual sea su adscripción docente.
Entre los ámbitos competenciales de carácter transversal más demandados en el mercado laboral (y por tanto más interesantes para ofrecer desde la Plataforma de Aprendizaje), podríamos citar las siguientes:
o Búsqueda y gestión de la información
o Ofimática
o Idiomas
o Gestión del tiempo
o Conocimiento del mercado laboral
El aprendizaje de inglés, por ejemplo, suele ser una necesidad de este tipo. Supongamos que nuestra Plataforma dispone de un espacio en el que se pueda ofrecer a toda la comunidad documentos y materiales en diferentes formatos (audio, texto, video...) para el auto-aprendizaje; imaginemos que, además, ofrecemos a nuestros alumnos la posibilidad de ejercitar su habilidad de comunicación escrita elaborando redacciones debidamente corregidas y comentadas por profesores nativos; supongamos que aprovechamos el medio virtual para ofrecer y convocar reuniones presenciales con grupos de conversación en inglés; .... Serían, todas ellas iniciativas orientadas a facilitar oportunidades de aprendizaje a los participantes, dentro de una comunidad viva que se comunica e intercambia desde la virtualidad.
Ámbitos competenciales específicos
Por definición, las competencias específicas son propias de cada uno de los programas a los que se adscribe el alumno. En consecuencia, las formas de atender a cada una de las mismas se amplía enormemente y no serían aconsejables las consideraciones genéricas al respecto.
Un modelo de aprendizaje integrado dentro de una Comunidad Virtual se diferencia, precisamente, por incorporar la idea de grupo y de intercambio dentro del propio proceso de aprendizaje. Entendemos, pues, que se trata de una oportunidad para transformar las herramientas y recursos propios de la Red, en oportunidades de aprendizaje para los usuarios.
Supongamos un objetivo general docente para una asignatura de la licenciatura de Periodismo como podría ser, por ejemplo, :
Dominar posibilidades comunicativas de Internet presentando contenidos para maximizar su aprovechamiento.
Un forma tradicional de plantear una docencia para cubrir este objetivo, sería la de exponer (a través de un material formativo) las características y las ventajas de los medios digitales a la hora de difundir noticias. En el mejor de los casos, se complementaría con algunas prácticas concretas de los alumnos aplicando el corpus teórico que les ha sido proporcionado. ¿Cuál sería la función del formador en este caso? Atender las dudas u observaciones de los alumnos. ¿Cuál sería la función del foro? Espacio abierto "por si alguien quiere comentar algo"... habitualmente con muy poca participación.
Sin embargo, desde un modelo de aprendizaje que integra la idea de Comunidad Virtual, la perspectiva se amplía notablemente. Si queremos que nuestros alumnos realmente dominen las posibilidades comunicativas de Internet ¡planifiquemos para que lo hagan! ... y lo más importante... ¡hagamos que cada alumno necesite al grupo para lograrlo! ... y no permitamos que cada uno de ellos actúe en solitario.
¿Qué actividad de aprendizaje y, sobre todo, qué dinámica podemos plantear para lograrlo? Publicar noticias propias en medios digitales ¡sí! ... plantear una línea editorial propia para esas noticias... ¡sí! Plantear la obligación de comentar y criticar las líneas editoriales de los demás miembros del grupo... ¡sí!
¿Qué estamos logrando?: Reducimos el riesgo de que los participantes se limiten a utilizar un único estilo de aprendizaje (recepción y reproducción) y potenciamos otras formas de aprender:
- Personalizar la información (la línea editorial)
- Desarrollar un sentido crítico sobre la realidad de las noticias (participar en las publicaciones de los demás y responder a las críticas recibidas sobre las propias)
- Localizar y organizar información para la publicación diaria (o semanal) de noticias; ...
Pero, ¿con qué recursos podemos dotar a nuestros alumnos para lograrlo? Podrían ser varios pero seamos un poco imaginativos. Supongamos las weblogs1, una herramienta de amplia difusión en la Red. Sus funciones son diversas: diario personal, crítica política, noticias informáticas, eventos en un determinado ámbito, publicación de colaboraciones literarias, etc. ¡Vamos a aprovecharlo! Vamos a transformar esta herramienta para alcanzar nuestro propósito: Dotar a los participantes de instrumentos para facilitar el logro de sus objetivos de aprendizaje, dentro de un marco formativo que pretende integrar a la Comunidad Virtual en su propia razón de ser.
Propongámosles, como actividad de aprendizaje, publicar a lo largo de un curso académico su propia weblog de noticias y líneas editoriales, con libre acceso a toda la Comunidad. Obliguemos a todos los participantes a criticar y comentar las noticias de los demás y a defender las propias. ¿Acaso no sería esta una excelente fuente de aprendizaje para generar comunidad y lograr así el objetivo inicialmente propuesto?
Pero ¡cuidado! No olvidemos que nuestros objetivos deben ser medibles. En consecuencia, los parámetros de valoración no sólo deberían incluir las publicaciones de cada alumno evaluado, deberían también valorar, en igual medida, cómo cada uno de los alumnos ha alcanzado los objetivos a partir de su contribución en las weblogs, del resto de participantes. ¿Y quién realizará la evaluación? ¿Sólo el formador? Si partimos de un modelo de aprendizaje en Comunidad, parece coherente que ésta disponga de un papel activo a la hora de medir resultados. ¿Por qué no combinamos la valoración del formador con la del resto de miembros de la Comunidad Virtual?
A modo de conclusión
Es importante, sea cuál sea el ámbito competencial a potenciar, que a la hora de integrar el grupo en el aprendizaje de cada participante, valoremos cuidadosamente el diseño de las actividades que facilitarán la consecución de los objetivos de cada programa. Se hace necesario recordar, que estamos hablando de aprendizaje, no de horas de conexión ni de número de visitas semanales al la Plataforma virtual.
Ciertamente, las motivaciones de los participantes son variadas y más lo son aún las estrategias que aplicarán a la hora de enfocar su proceso de aprendizaje. Las personas con alguna experiencia docente habrán observado cómo ciertos alumnos necesitan de un mayor intercambio con sus colegas para aprender, otros precisan una mayor dosis de conceptualización y reflexión, algunos disfrutan explorando información; otros necesitan guías concretas y prácticas de actuación, etc. En consecuencia, es coherente pensar que deberán existir diferentes formas y alternativas para afrontar el objetivo común: formación. En terminología pedagógica, hablaríamos de la necesidad de presentar diferentes tipos de actividades, recursos y herramientas, dirigidos a distintos estilos de aprendizaje.
Como conclusión, e independientemente del ámbito competencial específico o transversal, proponemos, como necesidad prioritaria de una Plataforma de Aprendizaje, el diseño de recursos y actividades de aprendizaje adaptadas a diferentes estilos de aprendizaje. Con unos mismos objetivos, podemos y debemos ofrecer diferentes vías convergentes. Los participantes lo agradecerán con mejores resultados, un incremento de su potencial y, lo que es mejor, el desarrollo del mismo en beneficio de la organización.
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