|
Los entornos virtuales como comunidades efectivas de aprendizaje
Elena Barberà Gregori, Profesora de los Estudios de Psicología y Ciencias de la Educación, Universitat Oberta de Catalunya (Barcelona) y Profesora adjunta de la Nova Southeastern University (Florida-USA)
Uno de los errores más frecuentes que se cometen en el momento de concebir una formación virtual es el de mezclar los términos "entorno virtual de aprendizaje" y "comunidades virtuales de aprendizaje" puesto que ello tiene repercusiones en el mismo proceso formativo. No es el objetivo de este artículo realizar precisiones terminológicas pero sí que lo quiere es hacerse eco de las consecuencias a las que pueden llevar este tipo de confusiones en la educación virtual. A nuestro parecer, muchas son las instituciones que cuentan con un entorno virtual de aprendizaje -en numerosas ocasiones relativamente complejo- pero no consiguen conformar una comunidad de aprendizaje que les asegure un desarrollo formativo sostenido. Por un lado, el apogeo comercial augurado desde hace un tiempo en este sector tecnológico de ambientes educativos parece que ha contribuido a dicha relación confusa, entre el entorno y la comunidad, aunque suponemos que sin intención alguna. Por otro lado, parece claro que cada uno de los términos responde a lógicas básicamente diferentes. En relación con este último aspecto, los "entornos virtuales de aprendizaje" se refieren más a la base tecnológica que hay en el sustrato formativo mientras que las "comunidades de aprendizaje" supuestamente cuentan con un fundamento socio-pedagógico que las sustenta. Uno y otro término se intercambian continuamente en nuestro lenguaje cotidiano y se combinan con otros muchos aparentes sinónimos (ambientes electrónicos de aprendizaje, contextos virtuales de enseñanza y aprendizaje, campus virtual, etc.) sin que ello sea una dificultad para su proliferación y avance.
Como hemos comentado, no nos detendremos en las diferencias terminológicas y nos centraremos en las bondades que nos ofrecen los entornos virtuales de aprendizaje llenos de intenciones y actividades educativas sólidas y coherentes que promueven un aprendizaje real. Y lo haremos desarrollando el concepto de comunidad virtual de aprendizaje efectiva construyendo así un puente viable entre las dos perspectivas. En un contexto educativo formal (escuela y universidad, preferentemente) los estudiantes acostumbran a configurar grupos estables que comparten objetivos comunes y desarrollan unas normas de relación con base democrática para llegar a alcanzarlos de un modo colegiado. Se crean comunidades de aprendizaje que se mueven al son de unas reglas implícitas marcadas por la sociedad y la institución a la que pertenecen y que les llevan a conseguir esos objetivos comunes que se/les han propuesto. Algo similar sucede en los entornos educativos no formales pero sus reglas resultan más difusas por lo que el tiempo de negociación y de consenso resulta más dilatado.
Uno de los modos de conseguir conformar comunidades virtuales de aprendizaje que presuman de un cierto autogobierno en sus esquemas de organización y decisión y que logren abordar los contenidos de aprendizaje desde diferentes perspectivas (recordemos que tanto la descentralización como el perspectivismo son características ineludibles para formar una comunidad de aprendizaje) es el planteamiento de tareas colaborativas. Consecuentemente, las actividades colaborativas requieren la provisión de instrumentos virtuales interactivos que no siempre se han tenido en cuenta en el diseño de los entornos virtuales de aprendizaje.
La mayor parte de los entornos tecnológicos que conocemos no están especialmente preparados para las actividades colaborativas y esta deficiencia se suple, en estos momentos, por lo menos, de dos maneras diferentes. La primera es incorporando otros instrumentos externos de fuente abierta o de pago que se pueden incorporar en los entornos de un modo relativamente cómodo (mapas conceptuales colaborativos, grupos de trabajo interactivos, etc.) y, la segunda amplificando el rol del profesor virtual como mediador de interacciones significativas entre los mismos estudiantes. Este último aspecto es crucial para la construcción de una comunidad de aprendizaje efectiva. Existe extensa bibliografía sobre cómo cuál ha de ser el rol del profesor o facilitador del aprendizaje en un entorno virtual para acabar construyendo una verdadera comunidad de aprendizaje y qué acciones ha de emprender para promover dicho aprendizaje desde los intereses y niveles del grupo de estudiantes y no tanto desde la perspectiva y demandas del profesor. En términos generales, este hecho es especialmente difícil cuando se trata de estudios realizados a distancia por medio de tecnología. Entre todos estos aspectos se han de tener en cuenta factores de tipo emocional y afectivo, instruccional y didáctico, social y cultural, cognitivo, entre otros. Nosotros destacamos simplemente dos de estos aspectos que consideramos que se ubican en el núcleo de una enseñanza efectiva:
a. la "personalización" de los entornos de aprendizaje virtual en cuanto la comunidad de aprendizaje encuentre un apoyo y una guía desde la misma creación del sentido de comunidad y también nutra su mantenimiento que puede pasar por diferentes fases y, por lo tanto, necesidades. Para ello la presencia del profesor es fundamental puesto que invitará a la participación e ideará estrategias de carácter general o privado para que los miembros de la comunidad se involucren en las tareas.
b. El desarrollo de una metodología ajustada a las metas instruccionales del grupo que no siempre tiene que ser la misma ni tampoco siempre tiene que venir marcada por el profesor o por la institución. Así el profesor deberá conocer procedimientos de moderación electrónica (elegir un modelo de comunicación, plantear recapitulaciones y resúmenes visuales del contenido desarrollado, provocar pensamiento divergente, expresar el consenso del grupo, mantener el equilibrio etc. ) y dominar un elenco de procedimientos de enseñanza virtual suficientemente amplio como para garantizar dicho ajuste a la idiosincrasia de la comunidad de aprendizaje y de su momento educativo (círculos de aprendizaje, proyectos telemáticos, portafolios electrónicos, entre otros).
Lo que nos queda por saber es como, conociendo muchos de estos aspectos influyentes en la calidad de la educación desde hace ya unos años, el enfoque presidido comunidades de aprendizaje en la formación virtual -incluyendo, naturalmente, a sus profesores y facilitadores- que se ha revelado altamente efectivo y gratificante no se tenga rotundamente en cuenta en los nuevos diseños de los entornos virtuales. Quizá una vez más se abre la brecha entre la tecnología y la educación, entre los entornos virtuales de aprendizaje y las comunidades que quieren aprender. Pensamos que, por ejemplo, mediante pequeños tutoriales incorporados a estos entornos virtuales se podrían mostrar y modelar algunos de estos procedimientos de enseñanza para que fueran usados de un modo estratégico por los profesores. Y es que las estrategias de enseñanza virtuales también se aprenden. Así, posiblemente, dejaríamos de atribuir al profesorado la poca ilustración que tiene sobre la didáctica virtual puesto que, en muchos casos, bastante tiene con hacer un seguimiento coherente de sus estudiantes en entornos poco amables para la enseñanza y el aprendizaje. Pensamos que en este caso, como en muchos, los (buenos, complejos, comprometidos y madurados) medios pueden cambiar el resultado de los fines.
|