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Entornos virtuales de aprendizaje
Mª Ángeles Portabella de Nadal, FUNDEMI IQS, Formación Continua (Barcelona)
Buscamos continuamente qué otras aplicaciones tecnológicas se puedan incluir para mejorar los entornos virtuales en formación.
Pero, ¿puede la necesidad de dominar procedimientos tecnológicos desmerecer, o incluso olvidar, la planificación y a los que han de realizar los cursos según criterios apropiados a las nuevas fórmulas?
¿El punto de mira actual en la creación de los cursos es el alumno, o la explotación de las alternativas tecnológicas que se van presentado?
El rápido desarrollo de las NTIC ha favorecido la aparición de formas alternativas y más completas de comunicación. Se ha incrementado el formato y contenido de los mensajes; se han superado barreras geográficas y temporales, se ha dotado el proceso comunicativo de gran velocidad, prácticamente de inmediatez.
Las universidades y centros formativos, con buen criterio, han incrementado el alcance de sus actividades y buscado nuevas formas de actuación. Mayores posibilidades de comunicación son ya un gran valor en formación.
Pero permítasenos una breve reflexión. El valor verdaderamente intrínseco del proceso de aprendizaje radica en que el discente consiga "aprehender", hacer suyos, los nuevos conocimientos, sean de conceptos, procedimientos o actitudes. Este proceso, elaborado alrededor de quien aprende y de lo que se quiere aprender, basa su éxito en la selección y estructura de los contenidos. Buscamos una programación y una didáctica que consiga alcanzar un aprendizaje significativo que ayude al alumno a la adquisición real de los nuevos conocimientos.
Los entornos virtuales ponen a disposición de alumnos y profesores nuevas formas de comunicación. En general, incluyen alternativas metodológicas muy interesantes. Pero desde la perspectiva pedagógica, a veces, sentimos cierto temor a que la rápida evolución y el miedo a quedar atrás provoquen una actividad formativa virtual en la que se olvide la importancia de un diseño instruccional bien elaborado que será el que permita el éxito de la aplicación de los recursos tecnológicos a la formación.
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