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Comunidades virtuales: el modelo educativo europeo-continental vs. el anglosajón
Guillem Barcons, Socio-gerente de Alternativa Virtual S.L.
De todos es conocido el auge de las comunidades virtuales como método eficaz y eficiente para compartir información entre comunidades de alumnos que buscan un mismo objetivo educativo. También sabemos que este auge es mucho más importante entre los países anglosajones (EEUU, Reino Unido, etc.) que entre los europeo-continentales y que, además, su crecimiento es más sensible en el primer grupo.
A mi parecer, la explicación a este fenómeno la podemos encontrar si analizamos los modelos educativos entre los diferentes grupos de países. Esta distinción también es, en mi opinión, el motivo por el cual el fenómeno e-learning se esta desarrollando de forma más significativa entre los entornos de origen anglosajón.
No me voy a referir en esta exposición a los diversos tipos de comunidades, que pueden tener comportamientos muy diferenciados, sino que me centraré en aquellas que se encuentran englobadas en un programa formativo específico.
Para explicarme mejor, haré una breve exposición de las características de cada modelo y de como afectan en mayor o menor grado al desarrollo de estas comunidades.
Empezando por el modelo europeo continental, este se caracteriza por centralizar prácticamente toda la responsabilidad educativa en la figura del profesor-tutor y, casi siempre, en generar las acciones formativas a partir de la exposición en una sesión magistral. El foco de atención se encuentra en el profesor y existe una obsesión por el control y moderación de todo el flujo de información generado en la comunidad.
La formación virtual y la comunidad virtual, como herramienta de la primera, no reflejan esta forma de trabajo y esta estructura de flujo de información. Por lo tanto podemos deducir que, bajo estas condiciones, no podremos aprovechar plenamente los beneficios positivos de las comunidades aplicadas al e-learning.
El modelo europeo-continental resta fluidez y libertad de expresión a los alumnos que, al sentirse constantemente evaluados moderan, reprimen y restan creatividad a sus participaciones.
En cambio, el modelo anglosajón se caracteriza por provocar al alumno, planteando cuestiones que generen una reflexión y que animen al debate abierto sin que, necesariamente, el profesor tenga que intervenir.
Al no centralizar el flujo de intervenciones y no supervisar de forma obsesiva cada participación creamos un entorno donde todos aprenden en gran medida de sus errores y de las experiencias de sus compañeros. La comunidad virtual se convierte entonces en una pieza clave para la formación on-line.
Afortunadamente, desde los últimos años, estamos observando en nuestro entorno una tendencia clara y una apuesta por el modelo educativo anglosajón.
Los profesionales del e-learning con un perfil tecnológico, tienen tendencia a crear servicios con un superávit de prestaciones y con la esperanza de que esto provoque un mayor interés entre los alumnos. Casi siempre el efecto conseguido es el opuesto y el exceso lleva a la desorientación y al desinterés. El abuso de la tecnología no es la solución, sino que genera más problemas.
Debemos centrar nuestro esfuerzo en aplicar un modelo educativo que se adapte mejor a los flujos de información existentes en la red. Los profesionales de la educación deben entender que en e-learning su papel es el de guía y soporte al alumno y no el de controlador.
Los métodos coactivos chocan de frente con la filosofía de Internet.
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