12 de julio de 2004 - número 88 | 41766 suscriptores Suplemento del boletín de educaweb | ISSN: 1578-5793


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La opinión de los expertos

¿Qué es y qué no es educación en el tiempo libre? Un ensayo de "no" respuesta

Carles Armengol i Siscares, Fundació Pere Tarrés


Antes de 1980 las actividades de tiempo libre organizadas eran claramente educativas y las organizaban de forma casi exclusiva los centros de tiempo libre y las agrupaciones escultistas (con actividades a lo largo del año en el propio medio de los niños y con actividades de vacaciones para el verano: colonias, colonias urbanas y campamentos). Posteriormente, con la democratización del país y con el aumento de la demanda de ocupación del tiempo libre de los niños y adolescentes, las iniciativas para el tiempo libre no dejaron de crecer y diversificarse hasta llegar al momento actual.

Hoy, los organizadores de actividad de tiempo libre son muy diversos. Evidentemente, continúa la tarea de los centros de tiempo libre y del escultismo, pero también existen actividades promovidas desde administraciones públicas, empresas privadas, entidades de servicios, clubes deportivos... Así, pues, las actividades de tiempo libre pueden surgir desde instancias con finalidades muy diversas y con objetivos y programas muy distintos. Entonces nos podemos encontrar con ofertas de colonias, colonias urbanas, campamentos, centros de tiempo libre... que tienen poco en común tanto desde el punto de vista del enfoque como de los contenidos específicos de la actividad. Al mismo tiempo, una actividad con idénticas u homólogas características puede recibir denominaciones distintas:

· colonias, estancias, campus, convivencias, albergues, granja-escuela, escuela de naturaleza, cursos...

· centros juveniles, semicolonias, campamentos o colonias urbanas, escuela de verano, centro de tiempo libre de verano, centro de tiempo libre infantil...

· campos de verano, campamentos, acampadas...

· centro de tiempo libre, club de centro de tiempo libre, centro abierto, centro infantil, colonias urbanas, taller infantil...

· ludotecas, espacio de juego, rincones infantiles...

Otra realidad vinculada a la diversificación de ofertas de actividad de tiempo libre ha sido el fenómeno vivido también en los últimos años de una especialización de las actividades, buscando un mayor valor añadido de éstas de cara a los participantes -niños o jóvenes- o a las familias como compradoras de la oferta. En este sentido, el aprendizaje de idiomas, la práctica intensiva de algún deporte, los deportes de aventura, la naturaleza, la música u otras actividades expresivas o artísticas son algunas de las especializaciones que acompañan cualquiera de estas actividades, multiplicando así las posibles variantes.

1. Educación en el tiempo libre o actividades de tiempo libre

Si hoy queremos englobar todas estas realidades para analizar sus características comunes y diferenciales, la denominación de actividades de educación en el tiempo libre quizá ya no procede y conviene hablar de actividad de tiempo libre infantil y juvenil en un sentido más genérico. De hecho, la normativa de la Generalitat que regula estas actividades desde 1981 las denomina genéricamente como actividades de tiempo libre infantil y juvenil, pese a que la misma normativa cuando se refiere a los dirigentes de las actividades los llama educadores en el tiempo libre.

También conviene tener presente que muchas de estas actividades no son patrimonio de nadie, de ningún grupo o institución específica, sino que están presentes en diversas tradiciones que al mismo tiempo están entrecruzadas y tienen múltiples influencias mutuas. Así, por ejemplo, pese a que el campo de verano o la acampada es una actividad típicamente escultista, este movimiento no tiene la exclusiva.

2. Elementos definidores de modelos

Frente a este panorama de diversidad que parece tender al infinito, todo intento clasificador del conjunto de actividades de tiempo libre presenta una complejidad descorazonadora. Los criterios que pueden utilizarse a la hora de ordenar o diferenciar actividades son tantos y tan diversos (modelos educativos, objetivos, lugares de realización, estructura y tipología de las actividades, duraciones, ritmo y horarios de las actividades, destinatarios...) que sus posibles combinaciones se multiplican exponencialmente. Desde una perspectiva pedagógica, podríamos aventurarnos a señalar cuatro criterios que, sin ser los únicos, sí que son claramente significativos para determinar modelos de actividad o formas de hacer bastante diferenciadas.

El enfoque de la actividad: actividades globales vs. actividades sectoriales o especializadas

Un primer criterio se basaría en determinar si estamos frente a una actividad general o especializada. Si bien muchas actividades que tienen un componente formativo podemos decir que están orientadas a la educación integral de la persona, también podemos distinguir actividades de tipo generalista, de actividades muy especializadas; o actividades que tienden a este generalismo, de actividades que tienden a la especialización. Así una colonia más o meno clásica de un centro de tiempo libre es una actividad más generalista (a la colonia se hacen actividades deportivas, lúdicas, reflexivas...) que una estancia deportiva de baloncesto o unas colonias de idiomas (donde el panorama de actividades será más limitado). También la actividad a lo largo del año de una agrupación escultista tendrá un alcance más global que no la actividad, también anual, de una coral infantil. Conviene tener presente que hablamos del modelo teórico de la actividad que admiten realizaciones prácticas también muy distintas y, por consiguiente, alejadas del modelo teórico que podamos definir. Así, por ejemplo, en una agrupación escultista, con algún responsable que sepa enseñar a cantar muy bien, se puede alcanzar un aprendizaje musical notable. En una coral infantil donde se atienda al tiempo libre de los niños, se pueden hacer actividades complementarias al ensayo y a los conciertos y pueden llegar a tener tanta o más importancia que la actividad musical en sentido estricto. Por consiguiente, partiendo de modelos muy diferentes de entrada, en su realización concreta pueden tener más semejanzas que las aparentes.

Sistematización y formalidad educativa: actividades sujetas a un planteamiento educativo por parte de los monitores vs. acciones espontáneas de los participantes

En la teoría de la educación se suele utilizar el criterio de la formalidad educativa como una forma de distinguir distintos tipos o grados de influencia educativa de las instituciones, de los programas o de las acciones que tienen algún contenido formativo; éste sería un segundo criterio para determinar modelos de actividades. En este sentido, se entiende por educación formal aquella que supone una acción intencional por parte del educador y una conciencia de vivir una situación formativa por parte del educando. Cuando faltase esta intencionalidad o esta conciencia nos encontraríamos ante un fenómeno de educación informal. Aunque esta terminología últimamente ha sido bastante utilizada en la literatura pedagógica, fácilmente se adivina su inconsistencia lógica y lingüística. Desde un análisis pedagógico más profundo, el concepto más problemático es el de educación informal. Llevando la definición al extremo, si educación informal quiere decir toda acción que puede tener unas consecuencias educativas, sin ninguna intencionalidad ni conciencia del hecho, toda acción humana sería educación informal. Sabido es que el desarrollo de la persona (que es la finalidad de la educación) se produce en contacto con la realidad y, en parte, condicionado por ésta. En cierta medida, todo influye en nuestro crecimiento, desarrollo y cambio, y por consiguiente toda realidad social sería susceptible de ser considerada educación en el sentido laxo de la educación informal. Por consiguiente, para completar este criterio algo inconcreto de la formalidad educativa, se puede considerar al mismo tiempo el hecho de la sistematicidad del proceso y el grado de planeamiento educativo al que está sujeto una determinada actividad. Así, en un extremo de este criterio tendríamos las actividades más intencionalmente educativas y en el otro, las actividades más libres y espontáneas de los niños, en un contexto más o menos definido por los educadores o responsables y con un marco normativo o de convivencia definido o no. Se entiende que llevado este extremo a su límite, prácticamente no podemos hablar ya de actividad educativa o, incluso, de actividades, porque podría resultar una mera situación de tiempo libre no organizado, vivido como tal por los niños.

Enfoque de la metodología de la actividad: modelos relacionales vs. modelos activos

Las situaciones de tiempo libre vividas colectivamente por los niños casi siempre tienen el doble componente de la acción que se desarrolla y la dinámica relacional que se da entre los participantes. Pero estas dos realidades -actividad y grupo -, en los diferentes modelos, pueden tener una significación distinta y sirven para marcar un tercer criterio. Existen modelos organizados sobre la idea de los grupos -es el caso del centro de tiempo libre y el escultismo -. En estos modelos, los grupos se organizan, generalmente, buscando una cierta homogeneidad, y normalmente se hacen las agrupaciones en función de la edad. Hay otros modelos que se fundamentan en la actividad. Un taller de plástica para niños en un centro cívico, por ejemplo. En el taller, también se puede trabajar la relación interpersonal e, incluso, el trabajo en equipo. Pero lo que da el sentido último al taller es el tipo de actividad que en el mismo se realiza y los objetivos concretos que se derivan. En el ejemplo del centro de tiempo libre también se puede trabajar la dimensión de la expresión plástica pero no es éste el motivo del encuentro y normalmente tampoco será un objetivo en sí mismo sino un medio o un objetivo necesario para alcanzar otros.

Implicación institucional y participación: los niños como miembros de una entidad vs. los niños como usuarios de un servicio

El último criterio, bastante difícil de precisar, pero que puede ser muy significativo, sería el de la implicación institucional y el grado de participación que los niños y jóvenes tendrían en un modelo determinado, más allá de la actividad inmediata y de la vivencia cotidiana del grupo, que de una forma u otra se daría siempre y en toda circunstancia. Entre los modelos que se basan en una poderosa identificación institucional de los niños y jóvenes, el paradigmático es el escultismo, por lo menos en la teoría. Tanto es así, que el ideal escultista es serlo, y este ser escultista puede significar, incluso, serlo de por vida. El acento se pone en compartir unos ideales y un cierto modelo de vida, la actividad en la guarida (agrupación escultista), las salidas o los campamentos, son meros medios educativos para alcanzar este ideal.

En el otro extremo podemos encontrar modelos donde, por planteamiento, por poca duración y continuidad de la actividad o por otros motivos, esta identificación no es posible o no es ni tan solo pretendida. Determinados servicios para niños o algunas actividades extraescolares podían estar perfectamente en este extremo. Cerca del extremo de mayor implicación, junto al escultismo, podríamos situar otros movimientos infantiles y los movimientos de centros de tiempo libre educativos. Y a un nivel intermedio podríamos situar las ludotecas, algunas colonias urbanas u otras actividades.

3. ¿Hacia dos tendencias o polaridades?

Haciendo un esfuerzo de síntesis, y a riesgo de una cierta simplificación, si consideramos de forma conjunta los cuatro criterios diferenciadores desarrollados hasta aquí, podríamos marcar dos grandes tendencias o polaridades que podrían estructurar un poco la variadísima realidad de iniciativas para el tiempo libre de los niños y jóvenes.

Entidades educativas y asociacionismo educativo en el tiempo libre

En este polo es donde claramente se inscribiría todo el mundo de los movimientos de centros de tiempo libre y escultismo (a veces denominados de forma un poco incorrecta y equívoca como "tradicionales").

Se trataría de iniciativas claramente y explícitamente educativas (de aquí el uso del término educativo en la denominación); orientadas a la educación plena o integral de los niños y jóvenes; con planteamientos generalistas en cuanto a las dimensiones a trabajar y los contenidos y actividades que llenarían las propuestas; con la presencia de educadores que planearían educativamente las situaciones; privilegiando los aspectos relacionales, haciendo una educación colectiva y para la convivencia, donde las relaciones interpersonales, intragrupales e intergrupales tengan un papel destacado; donde se cultivaría la participación a todos los niveles, también en la regulación de la vida colectiva; y se buscaría una implicación personal en la institución, para motivar esta participación y facilitar la identificación con unos determinados valores que la institución quiere representar.

Es en relación con este último punto, que se puede hablar de asociacionismo desde un punto de vista educativo, si bien no necesariamente jurídico, ya que este modelo no implica que la actividad o la entidad jurídicamente tenga forzosamente la forma de asociación infantil o juvenil. Por sus características y objetivos, estos modelos de tiempo libre privilegian el proceso y la continuidad por encima de la acción puntual y promueven aquellas situaciones de salida del entorno natural -excursiones, acampadas, colonias...- por su potencial educativo y de convivencia.

Actividades de tiempo libre, animación del tiempo libre y actividades extraescolares

En el otro extremo, o en el polo complementario, encontraríamos las iniciativas de menor intensidad educativa o, incluso, no explícitamente educativas, centradas en un tipo de actividad determinada o en un interés muy específico de los niños y jóvenes, que resultaría el elemento central y organizador de la propuesta de tiempo libre.

Son actividades que tienen valor por ellas mismas, pero que no suelen generar implicación ni dinámicas participativas más allá. Con frecuencia son actuaciones puntuales o para períodos de vacaciones donde se concentra la demanda de los padres de ocupación del tiempo libre de sus hijos.

En esta línea podríamos situar parte de la oferta que se hace de actividades de vacaciones para los niños y jóvenes, también la oferta extraescolar de actividades no curriculares (deportivas, artísticas...), la acción de las secciones infantiles de entidades culturales o deportivas o la oferta de equipamientos para el tiempo libre (bibliotecas infantiles, ludotecas, espacios de juego...).

También son actividades que, como las otras, en función de su buen desarrollo, tienen posibilidades formativas no menospreciables, aunque se sitúen claramente orientadas hacia la denominada educación informal. Y por esto se pueden llegar a plantear como fuera del ámbito estricto de las actividades educativas. Pero, tal como se ha ido repitiendo en este artículo, presentarán diferencias muy notables entre sí, más allá de la denominación más o menos similar que utilicen.

Fragmento del artículo publicado en la revista Monitor Educador nº 103 - Mayo-junio'04 (redaccion@monitoreducador.org)







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