30 de Septiembre de 2002, número 47 | 29958 suscriptores Suplemento del boletin de educaweb | ISSN: 1578-5793


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Editorial

Radiografía sociológica de la profesión de la salud

Enric Renau, editor de Educaweb.com


No hace más de medio siglo, las profesiones de referencia y de mayor prestigio social eran los maestros, los curas y los médicos.

Actualmente, las cosas han cambiado, porqué los valores de la sociedad son distintos, pero también porqué las actividades profesionales de estos tres colectivos se han visto transformadas por el entorno económico y laboral y por la intervención del Estado en la organización del servicio que realizaban.

De todas maneras, mientras que la demanda de servicios espirituales se ha visto drásticamente reducida y, con ella, el número de vocaciones con capacidad de prestarlos, la demanda de personal sanitario y de docentes no ha hecho más que crecer. Y con ella y la intervención de la administración pública, también he crecido de forma espectacular el contingente de médicos, enfermeras, fisioterapeutas, psicólogos clínicos en el campo de la salud y maestros, profesores, psicólogos escolares y pedagogos en el campo educativo.

Con la modernización de la sociedad española, estas profesiones se han institucionalizado, funcionarizado, burocratizado y feminizado. Cuatro adjetivos que no significan lo mismo ni tienen porqué ir siempre parejos, pero que si que en nuestro caso coinciden en las mismas profesiones.

Son profesiones que se han institucionalizado porque ya es prácticamente imposible prestar servicios de salud y educativos al margen de las organizaciones, con las consecuencias buenas y malas que ello comporta. Ya no existen, por ejemplo, prácticamente, médicos autónomos y se está produciendo un proceso creciente de conversión en asalariados entre este colectivo, incluso en el ámbito privado.

Son profesiones que se han funcionarizado porque sus miembros, en buena medida así lo han querido, pero también porque el desarrollo del estado del bienestar, en Europa, ha sido mayoritariamente sinónimo de convertir educación y salud en sector público y a sus profesionales en empleados del estado o de sus administraciones autonómicas.

Son profesiones que se han burocratizado porque, tradicionalmente, en buena medida se ha confundido servicio y empleados públicos con rigidez, jerarquía, estandarización de procesos y complejidad.

Son profesiones que se han feminizado porque, como es obvio, más mujeres que hombres forman parte del colectivo de los maestros y de los profesionales de la salud. Pero quizás alguien pueda pensar que "naturalmente" las mujeres tienden a dedicarse a actividades más dedicadas a la atención y el servicio a las personas. ¿No será que los procesos de funcionarización y burocratización de la sanidad y la enseñanza y la aún vigente división sexual del trabajo provocan el proceso de feminización?

Centrándonos exclusivamente en el ámbito de las profesiones de salud, no creo que pueda encontrarse en su proceso formativo el problema de la evolución de su carrera profesional.

Quizás ha llegado el momento de abrir mucho más el proceso profesional post-formativo.

Abrirlo a nivel de expansión internacional, facilitando al máximo la movilidad en el marco europeo y mundial.

Abrirlo dando más juego al sector privado y a los profesionales independientes que, tras una acreditación rigurosa de su capacitación y unos procesos exigentes de evaluación, puedan prestar sus servicios especializados a más de una organización sanitaria -incluso pública-.

Abrirlo desarrollando mucho más la inversión en investigación y desarrollo (I+D) donde los profesionales de la salud tienen muchísimo que decir y que aportar. Incorporando las Tecnologías de la Información y el Conocimiento de una forma mucho más intensa que hasta la actualidad.

Abrirlo facilitando que las necesidades sociosanitarias de la población -particularmente, la gente mayor, los disminuidos y las personas con riesgo de exclusión- sean cubiertas dignamente por los servicios públicos o privados, en función de las necesidades y posibilidades.

Hay, pues, mucho que hacer, y aunque sea difícil y costoso mover este sistema institucionalizado, funcionarizado y burocratizado que es la sanidad, el reto existe.

No sólo con una gran vocación de muchos de los profesionales se pueden suplir los déficits del sistema sanitario. Hace falta imaginación, dinero y valentía.







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