13 de Septiembre de 2004, número 89 - 41776 suscriptores Suplemento del boletín de educaweb | ISSN: 1578-5793


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La opinión de los expertos

Quién o qué valora a qué, y a quién

Rafael García, Director Dpto. Admisiones de ESIC, Escuela Superior de Gestión Comercial y Márketing


Hace unos meses desayunaba con un dato que me endulzó la mañana. La oferta actual de programas "master" alcanza aproximadamente 1.900 cursos de postgrado. Entre los pensamientos que atravesaron mis magdalenas, el primero fue de generosidad hacia un mercado que crece y que no parece tener techo. Por si la ración de programas me supo a poco, en el café pude saborear la cifra de trescientas cincuenta "escuelas de negocios". Realmente, al mirar el número de cereales que discurrían hacia el fondo de mi tazón y al intentar contarlos, no pude. Enseguida tomé conciencia de que ¡Había menos cereales en mi tazón que escuelas en nuestro mercado!.

No sé si esta cantidad de entidades que dicen impartir programas "master"es la adecuada, o si en mi tazón había realmente pocos cereales. Para un mercado donde las relaciones, antes, durante y sobre todo después con el cliente son tan importantes. Donde no existe una regulación y en donde está todo por hacer, responder a estas reflexiones, como mínimo añade interés a desayunar con las noticias, y todos los detalles cotidianos de un buen despertar. Tratar de responder, de una manera general, a estas cuestiones referentes a la valoración que hace la empresa sobre este tipo de programas, nos alargaría este tiempo, como mínimo, hasta el almuerzo. De una manera contundente afirmo que SÍ. La empresa valora y muy bien este tipo de programas, otra reflexión diferente, y que va unida a la anterior es en qué Escuela. Ser capaces de ofrecer programas que sean útiles para los profesionales, es algo que nos planteamos todos los días. No por el hecho, en sí mismo, de buscar una valoración, sino por saber si somos capaces de atender a la realidad de nuestro entorno, con un planteamiento serio y responsable hacia los colectivos que conforman nuestro mercado. Queramos o no, todos construimos el mercado.

¡El master es el rey de los programas de formación! ¡Pon un master en tu vida! ¡Haz un master y las empresas se pegarán por ti! ¡Te aseguramos prácticas y trabajo, y por escrito! ¡En un curso, pasarás de ser un candidato a directivo! ¡Cuándo finalices el master tu remuneración será de......!

...........Cualquier mortal que se asome al balcón de la formación de postgrado y ponga un pie en nuestra alfombra roja, sentirá tanto glamour como si se pasease por los Campos Aliseos y le susurrasen al oído ¡Ven, que te juramos amor eterno!. Cuando viene un aspirante y tenemos una conversación tranquila sobre sus objetivos, expectativas, inquietudes, etc., e intentamos aclarar las principales dudas sobre el tipo de programa y área de trabajo que más se ajuste a sus inquietudes, es cuando realmente comienza el trabajo.

Orientar con responsabilidad a un candidato, y ajustar sus expectativas al día a día del programa y, sobre todo el compromiso de esfuerzo y dedicación que durante ese curso va a contraer consigo mismo y con el equipo, ya es una responsabilidad lo suficientemente importante como para pararnos a pensar sobre lo que hacemos.

Hay un número importante de personas cuyas primeras y casi únicas preguntas giran entorno a: ¿Tenéis prácticas? ¿Me aseguráis un puesto de trabajo?. Hay momentos en los que empiezas a pensar que ya no trabajas en una Escuela de Dirección de Empresas, sino que nos han trasladado al sector de las ETT. Estas inquietudes son muy dignas pero no nos olvidemos que las empresas reclutan a los alumnos y antiguos alumnos porque conocen el perfil del alumno que se gradúa, no por otro tipo de soluciones. Por un lado, determinadas escuelas han optado por la venta rápida y fácil apoyada en este tipo de sucedáneos, con la complicidad de sus empresas, "amigas", y que incorporan, temporalmente, expectativas inmaduras y falta de rigor. Esta "historia de amor y desesperación", casi siempre suele llegar ese desencuentro sostenido a duras penas por nuevas aspiraciones, que poco a poco se van apagando y que suelen cambian de sentido, llegando a pensar, a veces, que han sido engañados. Por otro, empresas que se plantean la adquisición de perfiles profesionales "más asequibles" y con muchas expectativas, y que con el tiempo éstas misma acaban por abandonar ese barco sin rumbo, han generado una gran zona gris de dudas que nos afecta, de alguna manera, a todos.

Cuando las empresas nos envían a sus profesionales para formarse, además de aclarar las claves del programa a los responsables de formación y del propio área de trabajo, intentan asegurar la inversión que están realizando con estos perfiles de gran potencial. Este compromiso forma parte de decisiones estratégicas de desarrollo y de continuidad directiva de cara a futuro. Para el participante, además de la propia motivación interna de sentimiento de "exclusividad" y de reconocimiento, tiene ante sí un escenario de superación y de apertura ante el debate y la discusión generada en el aula, que le hace implicarse en su rutina de una forma más creativa y atenta. No olvidemos, y hago especial hincapié en que el objetivo último que persiguen las empresas a la hora de invertir internamente, y por lo que están dispuestas a contratar profesionales para ocupar un puesto de responsabilidad, es para que éstos tomen decisiones y sean capaces de resolver situaciones que afectan a equipos de trabajo y a la gestión de recursos. Además de tener estos planteamientos más generales, la gran especialidad de la Escuela, la metodología de desarrollo en el aula (Esic utiliza diferentes tipos de dinámicas: método del caso, simuladores, incubadora de empresas, grupos muy reducidos, defensa de proyectos, evaluaciones individuales y en equipo, etc.), el perfil del alumno con el que va a compartir pupitre, la adaptación a los nuevos escenarios internacionales de trabajo, la transición a las nuevas tecnologías, etc., pero sobre todo el tener un escenario abierto y con perfiles diversos de discusión en el aula, conforman la decisión de con qué Escuela voy a compartir este viaje. Siempre y al final, la valoración te la da el propio mercado

Un primer esfuerzo que debe realizar el alumnos es el de ser consciente de que la recompensa por ese año de trabajo viene al final del programa, cuando todas las piezas encajan perfectamente y el alumno ve como se consolidan sus conocimientos, adquiere una mayor seguridad en sus planteamientos y sobre todo, se le abre un escenario de oportunidades, siendo la progresión global a medio y largo plazo. Aunque algunos cambios se perciban sobre el mismo día a día del programa. Estas oportunidades se ven reflejadas en cualquier área de trabajo: marketing, recursos humanos, finanzas, etc. No sólo el responsable de marketing tiene que ser capaz de generar oportunidades para la gestión de su área de decisión y de la empresa en general. Un responsable de finanzas tiene que buscar la mejor negociación para optimizar los proyectos, o uno de operaciones gestionar la actualización de los sistemas productivos y de transporte, y así cada uno en su área. La demanda de estos programas por áreas funcionales no es la misma. Las áreas más de mayor valor suelen ser: marketing, recursos humanos, comunicación, jurídica y dirección general. Otras como finanzas y mercados internacionales estarían en un segundo lugar. El mercado está vivo y va especializando la demanda, aunque no podemos olvidar cual es la estructura empresarial y productiva de nuestro país.







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