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La utilización de internet en las orgnizaciones educativas
Xavier Ramirez Roma, Director de Estudios de la Diplomatura en Ciencias Empresariales de la Facultad de Economia IQS (Universitat Ramon Llull)
Mucho ha cambiado el panorama educativo y general en los últimos años con la introducción de internet en todos los ámbitos de la vida profesional y personal. No deja de ser impactante pensar que este cambio se ha producido a una velocidad vertiginosa que ha obligado a una adaptación todavía más rápida y necesaria. A nivel de anécdota, es curioso pensar que en el año 1992 cuando se realizó la "Expo" de Sevilla, en la que teóricamente todos los países mostraban sus avances tecnológicos y culturales, no había ningún pabellón provisto de internet en sus instalaciones. Hoy en día, al cabo de tan sólo diez años, es absolutamente impensable que cualquier institución que se precie de ser mínimamente seria, no utilice internet al menos como plataforma de presentación de sus actividades y de transmisión de información.
Obviamente, esta velocidad de avance vertiginosa tiene sus consecuencias en el campo educativo. Por un lado, por el potencial enorme que representa en el ámbito de la formación a distancia. Por otro, por el abanico de posibilidades que aporta como apoyo a la formación presencial. Se abre, en este ámbito, un campo enorme para acceder a cualquier tipo de información, generalista o especializada, de cualquier área académica. Por añadidura, esta información acostumbra a estar actualizada permanentemente y gratuita en su mayor parte, por lo que su inmediatez y acceso es prácticamente instantáneo.
Tal es el potencial que incluso podríamos empezar a preocuparnos sobre cuál debe ser el papel del profesor-educador ante un instrumento tan potente que puede llegar a amenazar su función pedagógica principal.
Ante esta "amenaza", es importante no perder de vista algunas reflexiones relevantes:
Es más que probable que "Internet" provoque que cualquiera que haga uso de él, y especialmente los alumnos, pueda llegar a enfrentarse a una situación de exceso de información. Basta solo con bucear en cualquiera de los buscadores que aparecen en la red, y teclear una palabra más o menos genérica, para que aparezcan miles de páginas en las que encontrar documentación, información, conocimientos, reflexiones, opiniones, etc. sobre la temática escogida. Ante tal situación, que en algunos casos puede llegar a producir cierto vértigo, es de suma importancia el papel del profesor-educador como persona que contribuye a que el alumno realice por su propia cuenta el proceso de validación, sintetización e interpretación de la información recibida.
Este proceso va más allá de simplemente clasificar qué fuentes són fiables y cuáles no. Consiste básicamente, en la capacidad de discernir qué información es relevante para los objetivos propuestos y qué otra es complementaria. Cuál es la principal y cuál la prescindible. Cuál es demasiado básica y cuál puede resultar demasiado elevada.
El papel del profesor, en este ámbito, es de vital importancia. Por un lado, por su contribución a esta capacidad de discernir, y por otro, por su función de guía que orienta y dirige el itinerario y la velocidad adecuada dentro del proceso de asimilación de conocimientos, potenciación de habilidades y actitudes, al que se enfrentan los alumnos de cualquier especialidad.
El profesor no aparece ya como un poseedor de conocimientos sino como un guía didáctico que contribuye al proceso de madurez intelectual y cognocitiva del alumno. Un guía, con un instrumental complementario de apoyo enorme a su lado, pero en el fondo, un guía en el sentido más genérico de la palabra: aquella persona que conoce el terreno, que se ha enfrentado a dificultades, que las ha superado, que cada vez tiene mayor capacidad de resolver situaciones no previstas, y que contribuye a facilitar que los demás realicen trayectos similares de forma más asequible y enriquecedora.
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