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24 de marzo de 2003 - numero 58 | 34231 suscriptoresSuplemento del boletin de educaweb | ISSN: 1578-5793


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La opinión de los expertos

Comunidades Virtuales aplicadas en centros de educación superior

Roser Salvat y Llorenç Huguet, Coordinadores de MLG-La Salle


1. Buenos augurios: Los centros educativos son lentos, pero seguros

En la actualidad coexisten decenas experiencias y de modelos de comunidad virtual: desde aquellas centradas en el ocio, hasta las que actúan como divulgadoras de conocimiento o de una marca. Aunque muchas de ellas pretenden ser modelos de negocio autónomos que producen en sí mismos beneficios, los expertos del sector nos alertan de sucesivos cierres y constricciones, y repiten una y otra vez que la mayoría de comunidades virtuales no son económicamente viables.

Pero atención: desde Estados Unidos asimismo se constata que, en el panorama de experiencias fallidas, las comunidades virtuales surgidas de las universidades constituyen una excepción. Revisen, por ejemplo, la web de Standford University (http://www.stanford.edu/). Analicen los servicios, clubs, eventos, foros y encuentros articulados por y entre los antiguos alumnos de todos los estados del país, en su sección "Alumni". Examinen los recursos de investigación y aprendizaje accesibles en la sección "Faculty". O los servicios on-line a disposición de los estudiantes y del staff de la universidad. Estamos ante un interesante ejemplo de plataforma de comunidades virtuales orientada al networking y al conocimiento.

Entre los diversos factores de consolidación de una comunidad virtual aludidos por consultores especializados en la materia, nosotros destacamos uno: desarrollarla en un contexto sólido y coherente. Según expertos tales como Wenger (2001), los centros educativos han sido más lentos adoptando comunidades virtuales precisamente porqué compartir conocimiento es su principal actividad. Se alega, con razón, que adoptar estas comunidades como principio organizativo básico implica repensar en profundidad la estructura de las respectivas organizaciones. Pero es innegable que las universidades europeas ya llevan años revisándose para orientarse a los antiguos alumnos, a la empresa y a la sociedad; tradicionalmente han demostrado su vocación internacional y están bien dotadas de infraestructuras y redes de telecomunicación.

Sigamos en el análisis de los factores positivos de apalancamiento que, a nuestro entender, explican los buenos augurios que defendemos con respecto al progresivo desarrollo y consolidación de plataformas de comunidades virtuales orientadas al conocimiento en las universidades europeas. El más evidente para la mayoría es, quizá, el dominio y la producción de los contenidos y, en algunas, de la tecnología. Los expertos, efectivamente, están en la órbita de las universidades. Sabemos, además, la mayoría de éstas están diversificando oferta, creando campus virtuales y experimentando fórmulas de e-learning desde hace media década. Están, en definitiva, posicionándose en el mercado de la distancia. Finalmente, como bien saben las entidades financieras, las multinacionales de tecnología, los grupos de comunicación y demás grandes empresas que patrocinan subestructuras, plataformas y eventos universitarios, la masa crítica de estudiantes, antiguos estudiantes y colaboradores que las universidades registran y acumulan de año en año son ingentes. Vean, si no, el cuerpo que va tomando la iniciativa Universia (http://universia.es/).

Llegados a este punto añadimos un último factor, esta vez de tipo cultural y relacionado con la idea de contexto coherente anteriormente resaltado: podemos afirmar que las universidades son comunidades. Es decir; que los centros de educación superior ya se conciben históricamente a si mismos como comunidades (o grupos de comunidades) de alumnos, antiguos alumnos, profesores y colaboradores que comparten intereses. Lo que nos lleva a pensar que las comunidades universitarias son una realidad a reconocer, reordenar y promover estratégicamente; son la referencia básica -y compleja- sobre la que deben estructurarse las comunidades virtuales. Se trata, en definitiva, de que las comunidades virtuales traspongan las comunidades reales existentes. O, dicho de otro modo, de virtualizar las comunidades universitarias para apoyar a sus clientes y proveedores.

2. Beneficios para los Miembros; beneficios para los Promotores

La expectativa general es que las comunidades virtuales puedan conllevar experiencia a los centros educativos en al menos tres dimensiones:

- Internamente: experimentando cómo fundamentar las experiencias prácticas de aprendizaje a través de la participación de profesores y alumnos en comunidades alrededor de temáticas acotadas.

- Externamente: experimentando como influir y adoptar las experiencias que otras instituciones y asociaciones llevan a cabo para conectar con la realidad, y así poder ampliar el radio de acción de las comunidades universitarias.

- En formación continua: experimentando cómo dar respuesta a las necesidades de información contrastada, práctica, actualizada y experta de los antiguos alumnos y profesores, en temáticas de interés común tras el período de formación.

Pero; ¿qué beneficios pueden aportar las comunidades virtuales en centros de educación superior? La respuesta es, aparentemente, simple: las comunicación virtual entre los miembros de las comunidades universitarias permite desarrollar nuevos vínculos estructurales entre individuos y grupos afines a la entidad, integrando y enriqueciendo mutuamente las experiencias on-line y las off-line.

Asumiendo que el propósito básico de estas entidades es, cada vez más, vehicular e instrumentalizar el sentimiento de pertenencia y divulgar su actividad, extrapolamos que las comunidades virtuales se erigirán como uno de los elementos esenciales de la estrategia comercial de las instituciones universitarias. A los centros educativos les interesa, en resumen, aglutinar participantes, fidelizar clientes, cohesionar colaboradores, demostrar los beneficios de la colaboración y crear memoria de comunidad.

Pero no nos engañemos. Las plataformas de comunidades son posibles gracias al software, a la inversión de capitales y a las alianzas operativas, pero su auténtico valor es generado por la actividad y el comportamiento de los participantes. Shirky (2002) afirma que las comunidades reales se crean a sí mismas con una especie de chispa mágica fácil de reconocer después del fenómeno, pero imposible de producir bajo demanda. Y subraya que esto es, precisamente, lo que engancha a los miembros. La hipótesis de este autor se nos antoja dura, porqué se opone a la idea de mercado fundamentado en la oferta de servicios a audiencias dadas, que es el que funciona en los canales de comunicación tradicionales. De todos modos, conviene retener que los verdaderos beneficios de una comunidad virtual deben identificarlos, sentirlos y defenderlos sus miembros.

Se cual sea la naturaleza de la comunidad, la única clave compartida es que el usuario ha de ser el centro sobre el que giran todas las acciones. La cuestión que recién plateábamos queda, pues, reformulada de este modo: ¿qué beneficios pueden obtener de las comunidades virtuales universitarias sus alumnos, antiguos alumnos, profesores y colaboradores? Pasamos a concretarlas a continuación:

- Identificación de iguales y de grupos de iguales, con quiénes compartir intereses u objetivos similares.

- Comunicación con individuos y con colectivos; vivencia colectiva y amena.

- Obtención y publicación de información experta actualizada.

- Transacción o intercambio de información y experiencias; soluciones, ideas o oportunidades ligadas a la profesionalidad y al negocio.

- Orientación profesional individual y colectiva

- Participación en la construcción de información experta; posibilidad de aprendizaje.

- Información sobre la actividad académica de la entidad y sobre su oferta.

Resumimos en dos los beneficios tangibles obtenibles de las comunidades virtuales: el Networking y el acceso orientado a información experta. Ambos, en el trasfondo de la percepción de confiaza y de seguridad transmitidas por la institución.

3. Propuesta de valor: Comunidades virtuales de Interés y de Aprendizaje

Justificada la doble estrategia de socialización y de conocimiento que atribuimos a las comunidades virtuales universitarias, les proponemos que se inspiren en las comunidades de interés y en las de aprendizaje para aventurarse a imaginar modelos de valor.

Las comunidades virtuales de interés se corresponden con un tipo especifico de comunidad porqué, como describe Wenger (2001), están centradas en el dominio de conocimiento y en la acumulación en el tiempo de expertise sobre dicho dominio. En la medida en que el grupo considere que dicha competencia se adquiere de modo práctico (by doing), también se denominan comunidades de práctica. Dichas comunidades comparten prácticas interactuando sobre problemas, soluciones e ideas, construyendo un depósito común de conocimientos. Cuando las comunidades de interés o de prácticas requieren un tiempo y un repertorio compartido de recursos, así como una cierta auto-conciencia, estamos ante una comunidad de aprendizaje. En pocas palabras, una comunidad de aprendizaje es un grupo de gente que comparte el interés en un dominio temático y que se engrana en un proceso de aprendizaje colectivo que crea vínculos entre ellos.

Los servicios on line que las comunidades de interés y de aprendizaje suelen utilizar son los siguientes:

- Una home para aseverar su existencia y para describir su ámbito y actividades

- Un espacio de conversación para discusiones on-line sobre una variedad de temas

- Un servicio de lanzamiento de interrogantes a la comunidad o a subconjuntos de la comunidad

- Un directorio de miembros con alguna información sobre sus áreas de expertía en el ámbito temático

- Un espacio compartido de trabajo para colaboración electrónica, discusión o encuentro síncrono

- Un repositorio de documentación

- Un buscador enfocado a sus necesidades

- Herramientas de administración y gestión de la comunidad que incluya la posibilidad de saber quién está participando activamente, qué documentos se han descargado, cuanto tráfico existe y qué documentos necesitan actualización

- La posibilidad de generar sub-comunidades y de proyectar equipos

El modelo de plataforma de comunidades que defendemos supone proveerse de aplicaciones para la conexión síncrona y asíncrona de los participantes; construir de un mapa de conocimiento dinámico de la institución; indexar y almacenar documentación; segmentar con precisión a los participantes; crear dinámicamente espacios para asignarles a continuación usuarios. Y, por encima de todo, disponer de un back-office enfocado que permita detectar intereses, ordenar documentación y ofertar servicios de información, formación y orientación a medida de las necesidades de los participantes y grupos de participantes.

Actualmente existe un mercado amplio de herramientas y servicios de las características descritas, así como de productos tecnológicos orientados al conocimiento: editores de trabajadores del conocimiento; espacios on line de trabajo colaborativo, comunidades de Internet orientados a la gestión de clientes, grupos de discusión típicamente orientados a comunidades de interés, productos de interacción sincrónica (auditorios on line, salas de conferencias y chats); sistemas de e-learning orientados a comunidades virtuales, acceso a expertía a través de cuestiones o perfiles de expertos o bases de datos de conocimientos, etc.

4. Una aspiración de futuro

Pero a nadie le pasa por alto que la implantación en centros de educación superior del modelo ideal de plataforma de comunidades virtuales expuesto no es una tarea sencilla.

Se trata de un proyecto que a medio plazo requiere altas dosis no sólo de márketing, de tecnología y de finanzas, sino también de consenso. Diseñar una entorno virtual colaborativo es una empresa cooperativa que exige decisores implicados y que comporta consensuar procesos y protocolos de creación de comunidades, de normas de uso, de administración y moderación de espacios, de mantenimiento interno y externo y de creación de los indicadores para valorar el funcionamiento de la plataforma... en conexión con los recursos de la institución.

¿Ciencia-ficción? El futuro lo dirá. Mientras tanto, estaremos atentos a la evolución del espacio universitario europeo después de la Declaración de Bolonia, convencidos de las comunidades virtuales se erigirán como valor añadido diferencial de las instituciones.

Las comunidades virtuales representarán, progresivamente, el nuevo lugar dónde grupos de antiguos alumnos, de alumnos y de colaboradores de las comunidades universitarias se reencuentren para reforzar sus vínculos profesionales y personales dentro y fuera de la red. Dónde confíen hallar y hallen a colegas, socios y empleadores con intereses convergentes, asegurando el contraste, la renovación y el reconocimiento de sus capacidades y conocimientos.







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