|
En los últimos años ha crecido notablemente el número de alumnos inmigrantes que asisten a nuestras escuelas. Este fenómeno evidencia una serie de cuestiones que hasta ahora no han sido prioritarias en nuestros proyectos educativos y que suponen un reto y una posibilidad de avance para toda nuestra sociedad, ya de por si diversa.
La cultura no es un fenómeno inamovible, una sociedad culturalmente más rica se logra al cohesionar las diferentes influencias que recibe. La construcción de una sociedad multicultural se conseguirá aplicando políticas que atenúen las desigualdades socioeconómicas y que incentiven la educación intercultural. El reto es considerable y resolver con acierto esta problemática es la única vía para asegurar una sociedad en la que coexistan pacíficamente pueblos y culturas diversas en un mismo ámbito geográfico, con mayor igualdad social y respeto al derecho a la diferencia (que no a la desigualdad).
La escuela es un reflejo de la sociedad, nuestras aulas están formadas por grupos heterogéneos a los que la educación tiene la obligación de dar respuestas adecuadas. Nuestro reto consiste en ofrecer igualdad de oportunidades educativas a la diversidad del alumnado y a las necesidades que presentan como individuos y como personas pertenecientes a grupos socioculturales más amplios, con características propias, distintas formas de vida, valores, lengua, etc. Por ello, la educación intercultural es un tema de debate en las sociedades occidentales y democráticas, y que, por tanto, en nuestro país también se produce.
La educación intercultural.- ¿Cómo podemos los educadores hacer frente a este reto?
En primer lugar, debemos ser conscientes de que hemos sido educados en una cultura que nos ha transmitido prejuicios y comportamientos potencialmente xenófobos, para poder luchar con más objetividad contra ellos. Por lo tanto en el aula deberemos reforzar e impulsar el diálogo entre persones diferentes y favorecer el conocimiento de la diversidad, a través de actividades que evidencien la existencia de la diferencia y permitan comparar y valorar los distintos aspectos de la misma, para llegar a la modificación de las actitudes y prejuicios negativos.
En segundo lugar, debemos potenciar la tolerancia y la aceptación de las diferencias entre nuestros alumnos. Es, fundamentalmente, en el ámbito escolar donde el niño, desde la educación infantil, aprende a ser crítico y adquiere valores, actitudes y hábitos que favorecen su desarrollo personal y social.
Hemos de reforzar valores como la justicia, la cooperación, el respeto, la riqueza compartida, la solidaridad, en contraposición a las actitudes discriminatorias, intolerantes, paternalistas, insolidarias, racistas, eurocentristas y xenófobas.
En tercer lugar sabemos que educamos desde la realidad personal y social, y por ello conocer nuestro entorno y analizarlo nos ayudará a poder modificarlo. Pero es básico conjugar la reflexión con la práctica y a la vez que nuestros alumnos toman conciencia de las desigualdades debemos proponerles acciones solidarias que les comprometan con su entorno.
Todas estas reflexiones y prácticas educativas han de contemplarse en el Proyecto Educativo y el Proyecto Curricular de Centro, de una forma global e interdisciplinar, con el objetivo de que el alumnado reciba un discurso coherente .
Evidentemente no basta con abogar por la pedagogía intercultural desde una postura docente progresista, para avanzar es imprescindible la intervención eficaz de los poderes públicos. En el ámbito educativo, la administración debe dotar con recursos humanos y materiales a los centros educativos para que puedan, tal y como enuncia la LOGSE en su título quinto, compensar las desigualdades:
- Igualdad de oportunidades y compensación de necesidades.
- Normalización e integración.
- Reconocimiento de la diferencia y de la educación intercultural.
- Coordinación y participación social.
Algunas de las medidas que la administración educativa debería adoptar para favorecer el trabajo de los docentes y la eficacia del sistema educativo son:
- Atención específica al alumnado de incorporación tardía a la escuela que le facilite la inserción escolar.
- Disminución de las ratios alumnos por grupo en aquellos centros ubicados en zonas con gran base migratoria.
- Reducciones horarias específicas para el profesorado de los centros que propongan planes o proyectos de trabajo en este sentido.
- Planes de formación que favorezcan que el profesorado cambie también sus actitudes respecto al fenómeno.
- Recursos materiales –ordenadores, material audiovisual,... – que redunden en beneficio de una enseñanza más individualizada.
- Ampliación del horario de dedicación de los/las asesores psicopedagógicos y del profesorado de compensatoria en función de las necesidades del centro.
- Regulación y control de los procesos de matrícula para que el alumnado inmigrante no se concentre en determinados centros públicos.
A través de la educación intercultural podemos introducir un cambio de actitudes y valores tanto en el alumnado como en el profesorado que incidirá en la construcción de una escuela de calidad y una sociedad mejor y más justa. Como siempre dependerá de los compromisos que la administración quiera asumir con este proyecto el que la labor del profesorado pueda ser reforzada o, como en otras ocasiones se vea desincentivada, favoreciendo así la pervivencia de las actitudes más conservadoras y acomodaticias.
|