Por ello deberá atender las distintas necesidades del alumnado contemplando toda la diversidad de situaciones sociales, personales, culturales y religiosas como un marco de riqueza y no un problema. La diversidad es, por definición, positiva para la educación.
Nuestras sociedades tradicionalmente han tendido a no favorecer la diversidad. Lo diferente es lo raro, lo extraño. Esto no ha sido así en todas las latitudes y en todos los tiempos, pero sí en la península ibérica y en los últimos siglos.
Por ello debemos ser conscientes de que hemos sido educados en una sociedad que nos ha transmitido prejuicios ante la diferencia sobretodo por la falta de contacto con ella.
Desde hace pocos años la situación ha cambiado. España ha abierto por fin sus fronteras y ha pasado de ser una sociedad cerrada y emigratoria a ser una sociedad abierta e inmigratoria. Bien es cierto que las comunidades más desarrolladas industrialmente como Madrid, Cataluña y el País Vasco, entre otros, se acostumbraron en los años 60 y 70 -e incluso antes- a recibir grandes contingentes de inmigrantes de toda la península. Estos territorios -algunos con lengua propia distinta al español- supieron convertir en ciudadanos de pleno derecho a los recién llegados, con sus derechos y sus deberes como ciudadanos normales.
Ya se que el factor religioso, étnico y cultural afecta mucho más cuando hablamos del Magreb, del Africa Subsahariana, de los países del este europeo o incluso de América del Sur, donde la lengua no es un problema. Pero los sistemas de la inmersión lingüística y de socialización, 20 años de ser aplicados, han funcionado bastante bien. Yo diría que altamente bien.
La razón de este éxito de la democracia y de la autonomía educativa, a mi entender, es doble. Por un lado es que se ha tratado a todos los alumnos por igual, aunque aceptando los orígenes, valores y estilos de vida distintos. La otra razón, tan importante como la primera, es que en ningún caso se abdicó de la voluntad de hacer ciudadanos integrados en una sociedad concreta, con sus características propias, sus defectos y sus virtudes. Sus derechos y sus obligaciones. Creo que, equivocadamente o no, existía un modelo de sociedad y de educación y el colectivo de docentes luchó como nadie por conquistarlo.
A pesar de que administraciones, asociaciones de padres y madres, sindicatos de docentes y asociaciones de estudiantes tienen que participar de lleno en el debate de la educación para la diversidad, apelo especialmente en este editorial a la comunidad educativa, a los docentes individualmente, para que asuman el liderazgo del reto de educar a las nuevas cohortes en la sociedad multicultural.
No es que piense que sólo el profesorado tiene la responsabilidad de encontrar las soluciones. Ni mucho menos. Pienso, simplemente, que nadie mejor que los maestros y maestras, que los profesores y las profesoras de instituto, incluso los universitarios, pueden ayudar al resto de la sociedad a comprender hacia dónde vamos y cuáles son las mejores estrategias para gestionar la nueva complejidad de una forma convivencial, tolerante y que a su vez, no implique la renuncia a la propia identidad. Empezando por sus propios alumnos.
¿Quién dijo que el rol social del "profesor" estaba perdiendo fuerza? La verdad es que hay pocas cuestiones tan relevantes como la que tratamos en este dossier monográfico donde los docentes puedan hacer tanto. Individualmente y colectivamente.
El monográfico que sigue nos da muchas ideas de cómo educar para la interculturalidad desde la escuela. Indica qué pueden hacer las administraciones, particularmente las locales y autonómicas. Qué políticas preventivas y paliativas se pueden aplicar. Trata también de la educación cívica y en el tiempo libre. Habla de la necesaria formación de los docentes y de la sensibilización a las familias. De la dotación de recursos públicos específicos para gestionar la temática que deberían aplicarse.
Pero insisto, la profesión pedagógica debería tomarse esta cuestión como lo que es: el reto más apasionante y más necesario que nuestra sociedad contemporánea debe superar. Un reto donde la comunidad docente debería liderar el debate y protagonizar la definición del camino.
Sino lo harán otros colectivos con intereses muy distintos e incluso, peligrosos, en algún caso.
Si los docentes se sienten solos ante tal panorama, desde educaweb.com abrimos desde ahora mismo nuestro portal para facilitar el debate público, el intercambio de opiniones y, por encima detodo, el intentar difundir las decenas de iniciativas, proyectos y éxitos que, voluntariamente o colectivamente, la comunidad educativa está desarrollando.
Enric Renau
Editor