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Aprendiendo de la experiencia: de la ley a la realidad educativa
Joan Biscarri Gassió, Catedrático de la Escuela Universitaria de Psicología Evolutiva y de la Educación del Departamento de Pedagogía y Psicología de la Universitat de Lleida
La ley Orgánica de Calidad de la Educación fue ciertamente, en su momento, el resultado de una opción poítico-pedagógica conservadora que trató de contrarrestar los aspectos mas progresistas e innovadores de la LOGSE, pero a su vez se asentó en un descontento real, presente en amplios sectores de la profesión educativa, con respecto a las deficiencias de dicha ley.
Aunque a mi juicio dichas deficiencias eran más imputables a la falta de medios económicos y humanos con la que tuvo que aplicarse la LOGSE que a la propia ley en si misma, es cierto que no debería dejar de considerarse, de cara al futuro, los problemas generados por la aplicación de una ley bien intencionada pero mejorable.
Por otra parte, me parece que actualmente existe una cierta sensación, entre el profesorado y los profesionales vinculados a la educación, de un exceso de reformas educativas que se encabalgan sin ni siquiera tiempo para ser asumidas. La idea de que a cada cambio político en el gobierno de un país le deba corresponder necesariamente una nueva ley de educación que sea "su" ley no me parece que favorezca mucho la necesaria seriedad profesional y científica con la que debería abordarse la problemática educativa, sin que esto signifique una "desideologización" del debate. En qualquier caso, los argumentos profesionales deberían primar sobre la rentabilidad política, y garantizar así un periodo de vida lo suficientemente largo para las leyes educativas com para no reforzar esa sensación de confusión permanente.
Asimismo, a la hora de plantearse la planificación educativa, habria que tener muy en cuenta los cambios acaecidos en la propia sociedad a lo largo de los últimos años. Probablemente uno de los cambios mas importantes, y que previsiblemente segirá acusándose mas y mas en el futuro, es precisamente el acceso a la educación de poblaciones culturalmente muy diversas. De modo que el problema de como conseguir al mismo tiempo una integración real de dichos sectores a través de la educación, manteniendo a la vez el respeto por las culturas de origen y la interculturalidad, constituirá sin duda uno de los mayores retos del sistema educativo de nuestro país en los próximos años.
¿Hasta que punto ciertos aspectos críticos y centrales de la LOCE, como por ejemplo los itinerarios previstos, pueden dar una respuesta adecuada para esta integración intercultural o bien pueden llevar a una segregación real de los grupos culturales y sociales desfavorecidos?. Creo que la respuesta a esta cuestión dependerá fundamentalmente, una vez mas, del modo en que se aplique la ley. Si en la práctica se dispusiera de los recursos materiales y humanos suficientes como para que la calidad y el prestigio social de los distintos itinerarios fuera equivalente, en vez de constituir formas de selección encubierta de los "buenos" y los "malos" alumnos, si en la práctica fuera también el mismo el reconocimiento profesional y social del profesorado que interviniese en los distintos itinerarios, si resultase tambien equivalente el "valor de cambio" de las correspondientes acreditaciones de cara a proporcionar posibilidades de movilidad social ascendente, etc. Si todo eso fuera así en la realidad, quizás la LOCE podría mantenerse con pequeñas modificaciones o revisiones, dando así una cierta estabilidad al sistema y evitando asimismo que las leyes educativas se conviertan en armas arrojadizas entre los profesionales de la educación en una especie de guerra inacabable y sujeta a las vicisitudes políticas mas inmediatas.
Es posible que lo que propongo pueda parecer poco contundente, y quizás incluso algo equidistante. Creo, sinceramente, que no lo es en absoluto. Pienso que habria que recuperar lo que habia de progresista e innovador en la filosofía de fondo de la LOGSE pero, aprendiendo de la experiencia, tratar de no "generar anticuerpos" que acaben dando argumentos a quienes, debiendo llevar la ley a la práctica, que es lo que finalmente importa, encuentren en los puntos débiles de su aplicación la coartada perfecta para acabar haciendo justamente lo contrario de lo que se pretendía.
En resumen, y teniendo en cuenta que en el próximo curso debería comenzar a aplicarse la LOCE, parecería adecuado establecer una moratoria en la aplicación de la misma, durante un curso académico, que permitiera una revisión a fondo de la misma con la necesaria calma, y buscando la particicipación real en la misma de los diversos sectores profesionales de la educación, de modo que la ley, una vez revisada, pueda ser lo sufucientemente asumida por todos, y llevada a la práctica de las aulas con los recursos necesarios para que no se conviertiese, una vez mas, en papel mojado.
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