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Cuando las empresas aprenden de las barbas del vecino
Guillem Bou, Director del Master in e-learing de La Salle; Carme Trinidad, Responsable de formación a distancia de la Fundación Pere Tarrés; Llorenç Huguet, Coordinador del Laboratori d'Usabilitat de La Salle
En diciembre de 2003 la editorial Anaya publica el libro e-learnig, escrito después de revisar el marco teórico que lo sustenta, las bases de la psicología del aprendizaje y, sobre todo, la puesta en práctica en veinte empresas de peso en el sector.
En la primera parte del libro, se analiza en fracaso de las experiencias de e-learning y de formación en general debido a una estrechez de miras disciplinar. La postura que se defiende en esta obra es una apertura, en primer lugar, a diferentes tipos de expertos y, en segundo lugar, al saber empresarial.
Por cortesía de la editorial y los tres autores, reproducimos parte del primer capítulo, que tiene un sano aire provocativo y estimulante. Parte de la idea que las empresas deberían tomar buena nota de lo acontecido en los centros universitarios y de secundaria. El análisis de este campo de pruebas no puede ser más demoledor.
Cualquier persona que trabaje bajo la perspectiva del blended-elearning apreciará argumentos de peso para confrontarlo ante el e-learning, que le serán de extrema utilidad a la hora de defender su punto de vista. El capítulo lleva por título "Cuando las empresas aprenden de las barbas del vecino", el texto sigue a continuación.
1. ¿Y si George Orwell tuviera razón?
Una de las escenas más dramáticas de Rebelión en la Granja es la de la traición a Boxer. El viejo caballo, que ha dado su vida por la nueva organización de los animales, que ha realizado sacrificios extremos por el bien común, es enviado a la muerte. Los animales, horrorizados, intentan que abandone el carro que le lleva al del matadero. Tres días después, Squealer, el habitual manipulador de la información, tiene que hacer un discurso para reescribir la historia. Con su habitual retórica, convence a los animales que Boxer fue enviado, en realidad, al veterinario y les reprocha su desconfianza.
El caballo de la granja representa a la clase obrera rusa que, después de ser la que paga el precio más elevado de la revolución (tanto con esfuerzos de producción como con sangre) es traicionada por una clase política (profesionalizada) que se beneficia de una nueva situación de opresión sobre el pueblo.
Ésta es, según su novela, la visión de la Revolución Rusa de 1917 de George Orwell. Lo que provocó que pensáramos en el fragmento citado fue un terrible pensamiento: ¿Y si un sistema de e-learning, en vez de ser beneficioso, fuera perjudicial para una empresa? ¿Y si la conversión de hábitos a que obliga un cambio como éste provocara que los trabajadores que siempre se han comprometido (Boxer) se sintieran defraudados y la abandonaran? ¿Y si, entonces, la empresa cayera en manos de unos charlatanes (Squealer) que, tarde o pronto, la llevarían a la ruina?
¿En qué tipo de trabajador reside el capital humano de las empresas? (Foto Francisco Berbel)
Normalmente, un sistema e-learning viene de la mano de innovaciones organizativas en el funcionamiento de la empresa . A decir verdad, el culpable de los desastres empresariales que hemos contemplado estos últimos años (protagonizados por empresas de consultoría y servicios) no es el sistema de teleformación que han utilizado (si es que han usado alguno). Pero sí se puede decir que algunos sistemas han aterrizado en las empresas con una filosofía similar a la que ha dado lugar a estos desastres empresariales. La diferencia es que, por su ámbito de actuación, el fiasco en e-learning sólo ha afectado a los recursos humanos y, posiblemente, alguna empresa haya aprendido la lección sin quemarse del todo.
Nuestra inquietante hipótesis de trabajo, la de un e-learning perjudicial, nos llevó a la mente la escena de George Orwell. Pero había surgido de un texto impactante que habíamos leído previamente. Al tenerlo en nuestras manos, pensamos que las empresas debían mirar urgentemente las barbas del vecino, tal como dice el refrán. El vecino era la enseñanza secundaria y universitaria .
2. El despropósito de la educación de adolescentes
En nuestro país la inversión en tecnología al servicio de la educación es considerable. No estamos refiriéndonos sólo a la inversión pública (que, en último extremo podría discutirse si está mejor o peor orientada) sino también a los recursos que se ponen desde el hogar para la educación de los hijos (como un ordenador personal, sin ir más lejos). Convendremos, por tanto, que los recursos tecnológicos de un adolescente del presente son mucho mayores que los de uno de hace treinta años.
 La inversión en la formación del individuo, tanto institucional como familiar, se ha incrementado notablemente
Sin embargo, continuamente en la prensa aparecen noticias que muestran un constante malestar en la educación secundaria . La explicación a esta realidad es muy compleja, pero en este libro queremos centrarnos en un factor concreto que afecta a los diseñadores de sistemas de formación: el panpedagogismo.
Con este término se designa la actitud consistente en, por ser investigador de una disciplina relacionada con la formación, creerse autorizado a organizar todo lo que se ponga por delante, ya sean centros educativos, empresas o universidades . En el fondo, la Ciencias de la Educación no son más que disciplinas normativas (que dan normas de actuación en el campo de la formación) y que deben, por tanto, aplicarse con cuidado a la hora de llevar a la práctica.
Imagínense por un momento que los autores de este libro nos dirigiéramos a una central nuclear, tomáramos el plan de formación de los ingenieros de seguridad y, mediante la aplicación de un análisis de contenidos, rehiciéramos los cursos que reciben. Evidentemente, al responsable seguridad de la central le entraría un ataque de pánico después de nuestra intervención y pediría un billete para Honolulu. Porque es evidente que, desde fuera, por mucho que se entreviste al personal, el conocimiento sobre los contenidos de seguridad nunca será tan profundo como el de los ingenieros de la central.
Esta frivolidad a la hora de desarrollar sistemas de e-learning (y de formación en general) es la que tiene consecuencias nefastas. En la educación secundaria se vió que, de entrada, implantar reformas en el sistema educativo podía tener aspectos positivos. Se entendió muy bien que hacía falta una mayor comprensión del aprendizaje del alumno (sus motivaciones, su forma de razonar, etc.). Pero cuando se llevó a su extremo, emergieron voces que avisaron del error de confiar exclusivamente en el aprendizaje apetitivo:
"La libertad no es el mero antojo arbitrario y la educación no debe ser confundida con un juego, lo que no quiere decir que no sea conveniente que los niños se eduquen jugando...; es decir, aunque sea recomendable y beneficioso que los niños se deleiten aprendiendo, no hemos de incurrir en la falacia de deducir que sólo educa el juego que deleita; no debemos insistir en deleitar mediante la complacencia y la mentira, y mucho menos consagrando o premiando con ello aquella forma inmadura que ha de ser superada..." (Biedma, 1986:66)
El artículo de Biedma, que no reproducimos pero recomendamos encarecidamente, tiene pasajes muy duros con esta visión panpedagógica, pero no es nada si lo comparamos con estos fragmentos aparecidos en la prensa recientemente (son de un profesor de secundaria que quiere guardar el anonimato):
"Creo que el profesor de secundaria, antes que nada, tiene que estudiar y estudiar. Eso sí, siempre que los pedagogos se lo permitan. Porque prolifera en los institutos una especie de docente que no deja de atosigarme con reuniones, circulares, debates y otras actividades semejantes, todas muy serias, no hace falta decirlo. Son profesores que lo deben saber todo sobre didáctica, pero que no han publicado nunca, no han investigado nunca y ni tan solo han hecho la tesina. Eso, naturalmente, no les impide constituirse en tribunal y evaluar el proceso de investigación de un alumno en su trabajo de investigación. Diría que si se juntan tanto, si discuten tanto, si hacen tantas reuniones, es para conjurar el peligro de encontrarse solos delante de un libro espeso de contenidos abierto en la página 1. Y diría que ya les va bien el alarmante descenso del nivel de los alumnos. Como menos sepan, menos tienen que esforzarse ellos para enriquecerse y armarse intelectualmente. He conocido casos pintorescos de profesores que se han pasado más que quince años impartiendo, por ejemplo, lengua de primero y que han llegado desesperados porque un buen día han tenido que explicar la asignatura en COU. Eso sí: no les discutas nada sobre planes curriculares, estrategias de prospección y otras cosas, las cuales no cito con la terminología correcta porque no conozco el esperanto.
No quisiera que interpretaras estos comentarios sesgadamente. Valoro enormemente lo que escribes, ya que entiendo que el dominio de la didáctica es necesario. Pero los recursos didácticos muchas veces surgen por generación espontánea a partir de un bagaje cultural sólido, mientras que al revés esto es del todo imposible. La didáctica, sin una buena formación cultural, qué es sino un buñuelo de viento que lo pinchas y no contiene nada?(...)
Este problema, claro, llega a desanimar a los profesores del otro sector, que ven como auténticos iletrados y gandules intelectuales dominan los departamentos y condicionan horarios, trabajo e incluso salarios de gente que tiene doctorados, segundas carreras, publicaciones..." (Diario AVUI, 14-08-2003, página 17)
Aunque la redacción del texto sea dura, no nos atrevemos a desautorizarlo porque, al igual que el redactor del periódico que incluye este testimonio en su artículo, probablemente representa la forma de pensar de un amplio colectivo.
El error de fondo consideramos que ha consistido en tomarse a pies juntillas los principios educativos y asirse a ellas como un dogma, en vez de como una propuesta. Una observación que realizan frecuentemente los pedagogos que trabajan en formación de adultos es que, ante situaciones de cambio, el adulto tiende a respaldarse en aquello que domina, porque ahí se siente seguro. Es fácil observar esta actitud en las empresas, donde, ante la incertidumbre, muchos directivos recurren a métodos con el único argumento que "siempre me ha dado resultado"; o bien intentan resolver el problema encerrados en su formación de base .
Pues bien, la equivocación de las personas que trabajan en diseños de teleformación y provienen de titulaciones relacionadas con la educación es precisamente la que hemos citado. Nace del empeño en agarrarse a una pedagogía que nació en estructuras presenciales y pretender extender sus resultados a la teleformación, sin realizar grandes cambios ni pensar que quizá hay que retocar muchas más cosas que la periferia de su forma de trabajar.
Este error en la intervención formativa, que en la educación secundaria termina con una pataleta en los periódicos , en una empresa terminaría con la anulación del plan de formación y el despido del experto en e-learning.
 El e-learning ha empezado ya su aterrizaje en las empresas, con el precedente de las experiencias en el sistema educativo reglado
3. La posible muerte de la formación en las empresas
Según un informe reciente de la empresa D'Aleph, publicado en su boletín de noticias, en dos años habían desaparecido el 70% de empresas dedicadas a la teleformación de nuestro país. Se trataba de entidades jóvenes, creadas bajo un exceso de confianza, que creían que la implantación de un sistema de e-learning consistía en lo que acabamos de exponer: un experto que se dirigía a una empresa externa a decirles lo que tenían que hacer. En ocasiones era peor, porque en vez de a un experto mandaban a dos: uno en educación y otro en diseño de web sites.
En nuestro país hemos pasado de una situación, allá por los años setenta, donde la palabra formación era desconocida en la mayoría de empresas, a una situación de presencia continuada en todos los ámbitos (propaganda en la prensa, contratos de trabajo, convenios colectivos, etc.). En el camino hacia este cambio hemos gozado de tiempos de fuerte inversión (como las provenientes de los fondos europeos o las relacionadas con tecnología y formación) y, en consecuencia, no sólo se han creado los "clientes" del sector (empresas que demandan formación) sino también los "proveedores" (empresas que suministran formación).
No obstante, muchas de las acciones formativas han sido financiadas por las administraciones públicas. Está por ver, todavía, el alcance real de la inversión en formación que las empresas privadas están dispuestas a asumir. Ello nos lleva a una configuración delicada, pues una situación de aparente bonanza puede truncarse.
Si a ello le añadimos una escasa sensibilidad a la hora de implantar los sistemas de teleformación, los resultados pueden ser catastróficos. Como botón de muestra, recuerde el caso de la enseñanza secundaria, para que sirva de ejemplo de lo que no puede aplicarse en los entornos empresariales.
4. Objetivo de este capítulo: ¿Quién puede diseñar un sistema de teleformación?
Cuando las empresas toman conciencia que implantar un sistema de e-learning tiene sus ventajas, pero también sus inconvenientes, porque afecta al clima laboral, se preguntan entonces a qué tipo de profesionales acudir. A veces se proponen crear departamentos ad hoc, pero el problema que se encuentran es el mismo, ya que deben decidir a quién colocan al frente de dichos departamentos.
¿A quién corresponde involucrarse en el diseño y aplicación de un sistema de teleformación? ¿O, mejor dicho, qué debe estudiar una persona que quiera involucrarse en un proyecto de este tipo? Es obvio, por una parte, que en los currículums de las carreras de ingeniería informática no se enseñan materias relacionadas con la educación; pero, por otra parte, tampoco en las carreras relacionadas con la formación se enseñan diseño bases de datos, algoritmos de tratamiento de la información ni, en definitiva, toda la serie de conceptos fundamentales que se adquieren con una formación técnica relacionada con la informática .
Por otra parte, dado el valor que tienen los contenidos en nuestros días, abundan cada vez más los profesionales que, sin ninguna formación pedagógica, ponen en marcha sistemas de e-learning simplemente con la ayuda de su sentido común o de alguna experiencia (personal) gratificante de aprendizaje. La validez de la filosofía del "si yo lo aprendí bien así, otro puede aprenderlo de igual manera" no es una cuestión baladí, ya que se basa en la experiencia laboral de un profesional (experiencia que no tiene alguien ajeno a su sector, por muy titulado que sea).
Así las cosas, esta obra es partidaria de abrir puertas en vez de restringir. Pensamos que, en la actualidad, y dada la importancia estratégica de la teleformación (bien entendida, no como una aventura empresarial especulativa), multitud de personas de perfiles diferentes están llamadas a involucrarse en proyectos de este ámbito. A fin, pues, de ser consecuentes, este primer capítulo y el siguiente introducirán al lector en un esqueleto conceptual claro, de manera que pueda orientarse en la amalgama de conceptos y definiciones que se usan en el mundo educativo (al referirse a los sistemas de e-learning) sin necesidad de estudiar una carrera de educación. Igualmente, a lo largo de este libro, daremos conceptos informáticos que se podrán entender sin ser ingeniero.
Los autores de este libro tenemos una procedencia disciplinar y una trayectoria profesional completamente distinta. Sin embargo, hemos convergido en un campo de trabajo común, hemos pasado por diferentes funciones en él y hemos visto cómo personas con perfiles absolutamente diferentes se han adaptado a las nuevas formas de enseñar, tanto en empresas como en universidades. Las claves del éxito institucional, pues, en un sistema de teleformación están en factores de competitividad (el esfuerzo, las reflexiones acertadas, la gestión de recursos humanos, las evaluaciones sinceras...) y no en vestigios de concepciones corporativistas estáticas .
El mundo de la teleformación es mutable y elástico. Es muy fácil entrar en él, pero también es muy fácil descolgarse de él. Surgen invenciones sorprendentes que obligan a replantear esquemas y, en general, el criterio acertado es que uno debe adaptar lo que ya sabe a las nuevas realidades, no esperar que éstas se transformen para que puedan ser explicadas por lo que uno ya sabe. Así, las cosas, el e-learning como objeto de investigación y desarrollo no es patrimonio de nadie, el día a día marca qué empresas se posicionan en los diversos fragmentos de mercado y qué departamentos universitarios aciertan en sus esquemas de intervención.
En esta situación, donde corresponde esforzarse y donde todos están invitados, no hay nada más ridículo que un profesional o investigador que reclama desde la potestad en vez de hacerlo desde la autoridad. Recuerda a aquel catedrático de universidad que se autonombraba moderador de toda reunión a la que iba porque argumentada que, según el BOE, la organización escolar era cosa suya y, por tanto, a él le correspondía organizar la reunión. En vez de obrar así, dejemos que el conocimiento fluya y que el mercado coloque a cada uno en su sitio .
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