21 de marzo de 2001, número 13 Suplemento del boletín de educaweb
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  • OPINIÓN DE LOS EXPERTOS

    La docencia ¿un nicho para el estrés?
    Javier López Recio, Editor de contenidos de Monster.es

    Resulta complicado abordar un fenómeno tan extendido como es el estrés y encuadrar su problemática entre los profesionales de la enseñanza, sin antes definirlo genéricamente. En opinión de numerosos expertos, el estrés no es un mal en sí mismo. Así, Carmen Rodríguez, experta en counselling y con amplia experiencia en el asesoramiento a grandes empresas, explica que en primer lugar el estrés "es una respuesta adaptativa ante un estímulo exterior". Puesto que queda definida como una herramienta del individuo para superar determinadas situaciones es "a priori" y en sus primeras etapas de desarrollo, una reacción positiva.

    De la misma forma, para entender por qué es más frecuente este fenómeno en determinados sectores laborales que en otros quizá sea conveniente saber en qué condiciones surge y "crece" el estrés. En este sentido los expertos tienen claro que los factores externos son absolutamente determinantes y como ya puede adivinarse, determinados sectores como el de la enseñanza reúnen más condiciones para el surgimiento del estrés que otros.

    En primer lugar, es determinante , según Carmen Rodríguez, el nivel de predicción de lo que acontece y de esos estímulos que pueden producir estrés. Así, lo inesperado siempre será más estresante que lo previsto. Evidentemente, la "materia" con la que trabajan los docentes, seres humanos en pleno crecimiento, permite un margen muy reducido de previsión y por lo tanto su manejo expone a estos profesionales a dosis considerables de estrés.

    Muy ligado a la previsión se encuentra el control sobre las situaciones, en el sentido de que a mayor acierto en la predicción mejor está preparada la persona para afrontar un caso o resolver un problema. De nuevo, nos encontramos, en el campo educativo, con una realidad de difícil control.

    En segundo lugar, es fundamental en la generación de estrés, según la experta consultada, la frustración de expectativas. Algunas profesiones, como la de maestro, son ejercidas por personas con una vocación considerable y que, de acuerdo con esta, se crean unas expectativas que a menudo se sitúan por encima de lo factible. Si a esta frustración vocacional le sumamos las barreras administrativas o de organización con las que a menudo se encuentran estos profesionales, nos encontramos con una carga de estrés añadida. "Cuando una persona está enamorada de su profesión -explica Rodríguez- pero hay cosas en el ambiente que hacen que no esté recompensada, se produce estrés, y de hecho los mejores profesionales, los que se apasionan con su trabajo, tienen más probabilidades de padecerlo, porque se han creado expectativas altas".

    Finalmente, pueden añadirse otros condicionantes como la sensación de que la labor no tiene término ya que cada año se repiten temarios y metodologías, o un clima de negatividad entre los compañeros, en el que se contagia la sensación de estrés. Así, lo que en principio es una simple respuesta a un estímulo, puede convertirse en un fenómeno crónico y pasar de ser algo positivo a ser algo cada vez más negativo.

    Sus efectos han de abordarse responsablemente desde los gabinetes pedagógicos no sólo por sus consecuencias sobre los docentes en cuanto personas y profesionales, sino por el peligro que supone cara al objeto de su labor diaria: los niños y adolescentes con los que trabajan los docentes. El control del estrés es necesario para mejorar la calidad de vida laboral del profesional por una parte, y para cualificar aún más su trabajo por otra. Pero sobre todo lo importante es que no se convierta en una referencia negativa en el proceso de enseñanza, que dañe al bien más preciado de la misma, el alumno y al que se debe esta profesión.

     


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