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  • OPINIÓN DE LOS EXPERTOS

    Son muchos los profesionales sumergidos en situaciones provocadoras de estrés
    Mariona Dalmau i Montalà
    , Profesora titular de Psicología Educativa y del Desarrollo de la Facultad de Psicología y Ciencias de la Educación Blanquerna (Universitat Ramon Llull)

    Supongamos que los datos estadísticos que permiten hacer esta afirmación son correctos y que las investigaciones que los avalan comparten el mismo marco teórico y surgen de modelos metodológicos compatibles entre sí. Aún así, se nos haría muy difícil dar una respuesta simple ante la magnitud del contenido que se nos propone.

    Por otra parte, son muchos los profesionales sumergidos en situaciones provocadoras de estrés. Basta con acercarse un poco a estos colectivos para ver que médicos, enfermeras, asistentes sociales, policías,…., sufren estrés y buscan soluciones para reducirlo. Por otra parte, se dice que vivimos en una sociedad de por sí estresante, e incluso se habla del estrés infantil y se escribe sobre él. El libro de Trianes (1.999) es un buen ejemplo de esto último. Así que, entraremos en el tema del estrés del profesorado sin valorar si se trata o no del colectivo más castigado. No creemos estar en condiciones de avalar está afirmación. Podríamos caer fácilmente en un reduccionismo y presentar al profesorado como el colectivo que sufre más en su profesión y que está especialmente amenazado y "enfermo".

    A pesar de todo lo que hemos expuesto, valoramos la importancia que tiene pensar, reflexionar e indagar sobre la salud de los profesores. Es un ejercicio necesario para todos los que, de una u otra manera, estamos comprometidos con nuestra sociedad actual y futura.

    Este compromiso se hace operacional cuando fijamos nuestros objetivos en alcanzar una misma meta y cuando como colectivo emprendemos acciones orientadas hacia ella. Esta meta es conseguir una educación de calidad para todos. Ciertamente, se trata de una meta ambiciosa, pero es la meta a la que aspiramos y a la que podremos llegar si unimos esfuerzos. Es necesario recordar que unos cuantos profesores solos no pueden ir muy lejos y que todos somos necesarios.

    Por eso, es importante compartir nuestras dificultades y aquellos aspectos que nos impiden aproximarnos a la meta. Ésta es una buena ocasión para intercambiar opiniones y para debatir temas de actualidad relacionados con nuestra profesión.

    Uno de estos temas es la salud del profesorado. "Entendemos por salud el estado de total bienestar físico, mental y social en que la persona es capaz de desarrollar todas sus potencialidades creativas. Estar sano no es lo mismo que no estar enfermo" (Serramona, Noguera y Vera, 2.000). De estas palabras se deduce que la salud es un estado superior al de no estar enfermo.

    Al hablar de salud en el ámbito de los profesionales de la educación conviene diferenciar entre: las dolencias relacionadas con la salud mental (el estrés del profesorado, la ansiedad, la depresión, el malestar docente, el síndrome de "Bournout" o el desgaste profesional,…) y aquellas dolencias que suelen relacionarse con la salud física (las afonías, los problemas osteo-articulares, las alergias, enfermedades de las vías respiratorias,…). En una publicación sobre este tema del DEGC (1.994), un porcentaje elevado de estas últimas se consideran psicosomáticas.

    Hasta ahora hemos hablado de los profesionales de la educación como colectivo pero, como muy bien dice Ada Abraham (1.987) "el enseñante también es una persona". Por lo que se hace necesario contemplar la individualidad dentro del colectivo de profesores. Así, como persona individual que es, cada profesor vive sus experiencias según el momento de su propio ciclo vital, al que hay que añadir su ciclo como profesor (Fernández Cruz, 1.994). Todas estas experiencias están matizadas por las influencias del sistema en el cual el profesor está inmerso. Se trata de un sistema complejo del cual se forma parte y en el cual se interacciona constantemente.

    Este sistema, concebido desde el modelo ecológico de Urie Bronfenbrenner (1.987) nos permite comprender la importancia de la interacción entre variables personales, colectivas y sociales del profesorado. Una de estas variables es, sin duda, la salud mental de cada uno de los profesores. Desde la perspectiva ecológica que hemos adoptado, se puede afirmar que esta variable afectará en mayor o menor grado al conjunto de sistemas relacionados de una u otra manera con los profesionales de la educación.

    Entre las dolencias psíquicas del profesorado, abordamos el estrés. Éste es uno de los temas que más ha preocupado, no sólo en nuestro país, sino en muchos otros. Buena prueba de ello es la cantidad de publicaciones sobre él que vienen apareciendo desde los años 80.

    Estos estudios demuestran que hay una verdadera inquietud sobre el tema, y que, sin lugar a dudas, son el eco de una realidad. Pero estos mismos estudios presentan resultados diferentes. Esto se debe al hecho de partir de conceptos distintos sobre el estrés y a la diversidad metodológica empleada en la investigación de estos temas (Travers et Cooper, 1.997). Por otra parte, en muchos de estos trabajos se utiliza indiscriminádamente: estrés, ansiedad, malestar docente, bournout,… lo cual hace que se extraigan y se divulguen conclusiones confusas sobre el estrés.

    Una constante que aparece en casi todos los estudios sobre el tema (Travers y Cooper, 1997; Peiró et alt, 1991; Polaino 1982 y 1985) es considerar como fuentes de estrés en el profesorado, los cambios tan rápidos que se dan en nuestra sociedad. Así como la exigencia que de ahí se desprende de adoptar nuevos roles profesionales. A la vez, se subraya la importancia que tiene poseer una buena capacidad de adaptación. Por otra parte, se valora el hecho de tener equipos de apoyo, formados por los propios colegas, para poder compartir el proceso de reconversión profesional y las dificultades que a cada uno le supone. Seguro que con esto, se evitaría buena parte del estrés de muchos profesores.

    La primera vez que se utilizó el concepto estrés fue en un trabajo realizado en 1.936 por Hans Selye. En él se define el estrés como: "una respuesta no específica del cuerpo a cualquier requerimiento. Se desarrolla como reacción a un estímulo llamado stressor e implica un proceso de adaptación que se manifiesta mediante cambios en los niveles hormonales". La definición dada por Selye sirve a Esteve para subrayar la dimensión biológica que tiene el estrés y para resaltar que con demasiada frecuencia es olvidada. A menudo, esto conduce al error de ver el estrés como la causa de los problemas, confundiéndole con los factores que lo desencadenan ( Esteve, 1.994 p156).

    En esta misma línea se manifiesta el profesor y psiquiatra Aquilino Polaino cuando da la siguiente definición: "el estrés designa lo que acontece en nuestro organismo frente a determinadas situaciones"( Plaino-Lorente,1.982,p 18). Insiste remarcar la interacción entre estrés ansiedad. Para él, "la ansiedad es consecuencia del estrés en tanto que contemplada en su dimensión efectorial, comportamental y biológica; pero la ansiedad es causa de estrés si se la entiende desde su dimensión cognitiva, intencional y subjetiva" (Polaino-Llorente,1.985 p 8)

    Los estudios realizados por Levine (1.975) y presentados por Esteve (1.994), señalan tres etapas en el proceso de manifestación del estrés. Conocerlas puede servirnos para identificar, a través de sus manifestaciones, la fase del estrés en que uno se encuentra e intentar buscar soluciones para evitar la siguiente. En temas de salud la prevención es fundamental, permite evitar sufrimientos innecesarios y restablecer la salud mucho antes.

    Estas tres etapas son: "la reacción de alarma" (etapa de incertidumbre y de confusión), "etapa de resistencia" (el organismo pone en marcha mecanismos biológicos que actúan como recursos homeostáticos ante el estimulo. Esta función de equilibrio se convierte en un riesgo patológico si continua la presencia del estímulo amenazante) y la tercera, es la "fase de agotamiento" (el organismo ya no puede mantener respuestas adaptativas y puede dar lugar a alteraciones fisiológicas que pueden derivar en importantes daños patológicos.

    Por otra parte, los mismos estudios de Levine argumentan que la acción nociva del estrés depende de la capacidad de resistencia de cada sujeto. Por ello, al hablar de estrés hay que considerar la existencia de respuestas individuales (Esteve,1.994). Esto nos hace ser cautos en la generalización de las causas del estrés, así como en la valoración de los resultados de algunos estudios. A la vez, nos advierte del rigor en que debemos tratar este tema.

    El estrés del profesor ha sido definido por Kiriacou y Sutcliffe (1.977) como: "una respuesta del profesor con efectos negativos (tales como cólera, ansiedad, depresión) acompañada de cambios fisiológicos potencialmente patógenos (descargas hormonales, incremento de la tasa cardiaca,…) como resultado de las demandas que se hacen al profesor como tal" (Esteve,1.994, p 159).

    Pensamos que el enfoque de Levine (1.975) y el contenido de la anterior definición permiten abordar el tema del estrés del profesorado teniendo en cuenta las características individuales del profesor y las circunstancias sociales, ambientales y culturales concretas en las que se ejerce la profesión de enseñante.

    Huimos de esta manera de las interpretaciones parciales y abogamos por tratar el tema desde un modelo comprensivo. Sólo así podremos conocer la verdadera situación de nuestros profesores y tratar de reducir las fuentes de estrés que amenazan a un grupo de ellos y que les impide gozar de la profesión de enseñante-educador. Para que esto sea posible, es imprescindible que los enseñantes puedan hablar sin reservas sobre el estrés.

    Terminamos, pero lo queremos hacer con una cita que nos lleve a la reflexión. Las palabras son de Dunham (1.992) y se encuentran en el libro de Taverns et Cooper (1.997, p. 35):

    "El primer paso a la hora de dominar el estrés es reconocer su existencia en la enseñanza. A las personas que asocian el estrés con alguna debilidad personal o incompetencia profesional les resulta difícil aceptar esto. Para ellos, admitir que tienen problemas en clase equivale a decir que son malos maestros. Tienen miedo a revelar sus problemas profesionales a sus colegas, que los considerarían síntomas de fracaso. Son reacios a solicitar ayuda, porque esa iniciativa se interpretaría como una forma de debilidad"

    J. Dunham (1.992)

    Ojalá todos seamos lo suficiente generosos, comprensivos y respetuosos con nuestros colegas para generar un clima de confianza y de seguridad que nos permita compartir tanto los momentos de satisfacción como los momentos amargos de nuestra profesión.

    Esperamos que pronto se abran espacios de reflexión y de intercambio entre el profesorado y que en esta ocasión se centren en la SATISFACCIÓN de los profesores. De esta forma, podremos dar un giro a los planteamientos actuales que mayoritariamente se centran en los problemas contribuyendo a mantener un clima de pesimismo entre nosotros. Sin duda, hay que abordar las dificultades que se presenten en nuestra profesión, pero creemos que es importante buscar soluciones a partir del bienestar docente y de la buena salud mental y física de los profesionales de la enseñanza. Así podremos seguir ejerciendo nuestra profesión con orgullo e ilusión.

     

    Referencias Bibliográficas

    • ABRAHAM A. et alt (1986) El enseñante también es una persona. Barcelona: Gedisa
    • ASCASO, R. (1994) "La salut laboral a estudi" Crònica d’Ensenyament (DEGC), 65, pp 34-36
    • BENI, C. (1994) "Anàlisi de les malalties més freqüents en els docents", Crònica d’Ensenyament (DEGC), 65, pp 37-38

    • BRONFENBRENNER, U. (1987) La ecología del desarrollo humano Barcelona: Paidós
    • ESTEVE, J.M. (1994) 3º ed. El malestar docente Barcelona: Paidós Papeles de Pedagogía
    • FERNÁNDEZ CRUZ, M. (1994) "Los ciclos de vida de la enseñanza", Cuadernos de Pedagogia, 266, pp 52-56
    • PEIRÓ, LUQUE, MELIÁ, LOSCERTALES, (1991) El Estrés de Enseñar Sevilla: Ediciones Alfar

    • POLAINO-LORENTE, A. (1982) "El estrés de los profesores: estrategias psicológicas de intervención para su manejo y control", Revista Española de Pedagogía, 40, 157, pp 17-45

    • POLAINO-LORENTE, A (1985) "La ansiedad y el estrés de los profesores de educación especial", Bordón, 37, 256 pp 71-82

    • SERRAMONA, J., NOGUERA, J. i VERA, J. (2000) "Què és ser un professional docent. Salut laboral i malalties professionals dels professors", Butlletí del Col·legi Oficial de Doctors i Llicenciats en Filosofia i Lletres i en Ciències de Catalunya,112, pp 28-29

    • TRAVERS,Ch. J. ; COOPER (1997) El estrés de los profesores. La presión en la actividad docente. Barcelona: Paidós

    • TRIANES, M.V. (1999)Estrés en la infancia. Su prevención y tratamiento. Madrid: Gedisa
     

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