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Supongamos
que los datos estadísticos que
permiten hacer esta afirmación
son correctos y que las investigaciones
que los avalan comparten el mismo marco
teórico y surgen de modelos metodológicos
compatibles entre sí. Aún
así, se nos haría muy difícil
dar una respuesta simple ante la magnitud
del contenido que se nos propone.
Por
otra parte, son muchos los profesionales
sumergidos en situaciones provocadoras
de estrés. Basta con acercarse
un poco a estos colectivos para ver que
médicos, enfermeras, asistentes
sociales, policías,…., sufren estrés
y buscan soluciones para reducirlo. Por
otra parte, se dice que vivimos en una
sociedad de por sí estresante,
e incluso se habla del estrés infantil
y se escribe sobre él. El libro
de Trianes (1.999) es un buen ejemplo
de esto último. Así que,
entraremos en el tema del estrés
del profesorado sin valorar si se trata
o no del colectivo más castigado.
No creemos estar en condiciones de avalar
está afirmación. Podríamos
caer fácilmente en un reduccionismo
y presentar al profesorado como el colectivo
que sufre más en su profesión
y que está especialmente amenazado
y "enfermo".
A
pesar de todo lo que hemos expuesto, valoramos
la importancia que tiene pensar, reflexionar
e indagar sobre la salud de los profesores.
Es un ejercicio necesario para todos los
que, de una u otra manera, estamos comprometidos
con nuestra sociedad actual y futura.
Este
compromiso se hace operacional cuando fijamos
nuestros objetivos en alcanzar una misma
meta y cuando como colectivo emprendemos
acciones orientadas hacia ella. Esta meta
es conseguir una educación de calidad
para todos. Ciertamente, se trata de una
meta ambiciosa, pero es la meta a la que
aspiramos y a la que podremos llegar si
unimos esfuerzos. Es necesario recordar
que unos cuantos profesores solos no pueden
ir muy lejos y que todos somos necesarios.
Por
eso, es importante compartir nuestras dificultades
y aquellos aspectos que nos impiden aproximarnos
a la meta. Ésta es una buena ocasión
para intercambiar opiniones y para debatir
temas de actualidad relacionados con nuestra
profesión.
Uno
de estos temas es la salud del profesorado.
"Entendemos por salud el estado de
total bienestar físico, mental y
social en que la persona es capaz de desarrollar
todas sus potencialidades creativas. Estar
sano no es lo mismo que no estar enfermo"
(Serramona, Noguera y Vera, 2.000). De estas
palabras se deduce que la salud es un estado
superior al de no estar enfermo.
Al
hablar de salud en el ámbito de los
profesionales de la educación conviene
diferenciar entre: las dolencias relacionadas
con la salud mental (el estrés del
profesorado, la ansiedad, la depresión,
el malestar docente, el síndrome
de "Bournout" o el desgaste profesional,…)
y aquellas dolencias que suelen relacionarse
con la salud física (las afonías,
los problemas osteo-articulares, las alergias,
enfermedades de las vías respiratorias,…).
En una publicación sobre este tema
del DEGC (1.994), un porcentaje elevado
de estas últimas se consideran psicosomáticas.
Hasta
ahora hemos hablado de los profesionales
de la educación como colectivo pero,
como muy bien dice Ada Abraham (1.987) "el
enseñante también es una persona".
Por lo que se hace necesario contemplar
la individualidad dentro del colectivo de
profesores. Así, como persona individual
que es, cada profesor vive sus experiencias
según el momento de su propio ciclo
vital, al que hay que añadir su ciclo
como profesor (Fernández Cruz, 1.994).
Todas estas experiencias están matizadas
por las influencias del sistema en el cual
el profesor está inmerso. Se trata
de un sistema complejo del cual se forma
parte y en el cual se interacciona constantemente.
Este
sistema, concebido desde el modelo ecológico
de Urie Bronfenbrenner (1.987) nos permite
comprender la importancia de la interacción
entre variables personales, colectivas y
sociales del profesorado. Una de estas variables
es, sin duda, la salud mental de cada uno
de los profesores. Desde la perspectiva
ecológica que hemos adoptado, se
puede afirmar que esta variable afectará
en mayor o menor grado al conjunto de sistemas
relacionados de una u otra manera con los
profesionales de la educación.
Entre
las dolencias psíquicas del profesorado,
abordamos el estrés. Éste
es uno de los temas que más ha preocupado,
no sólo en nuestro país, sino
en muchos otros. Buena prueba de ello es
la cantidad de publicaciones sobre él
que vienen apareciendo desde los años
80.
Estos
estudios demuestran que hay una verdadera
inquietud sobre el tema, y que, sin lugar
a dudas, son el eco de una realidad.
Pero estos mismos estudios presentan resultados
diferentes. Esto se debe al hecho de partir
de conceptos distintos sobre el estrés
y a la diversidad metodológica empleada
en la investigación de estos temas
(Travers et Cooper, 1.997). Por otra parte,
en muchos de estos trabajos se utiliza indiscriminádamente:
estrés, ansiedad, malestar docente,
bournout,… lo cual hace que se extraigan
y se divulguen conclusiones confusas sobre
el estrés.
Una
constante que aparece en casi todos los
estudios sobre el tema (Travers y Cooper,
1997; Peiró et alt, 1991; Polaino
1982 y 1985) es considerar como fuentes
de estrés en el profesorado, los
cambios tan rápidos que se dan en
nuestra sociedad. Así como la exigencia
que de ahí se desprende de adoptar
nuevos roles profesionales. A la vez, se
subraya la importancia que tiene poseer
una buena capacidad de adaptación.
Por otra parte, se valora el hecho de tener
equipos de apoyo, formados por los propios
colegas, para poder compartir el proceso
de reconversión profesional y las
dificultades que a cada uno le supone. Seguro
que con esto, se evitaría buena parte
del estrés de muchos profesores.
La
primera vez que se utilizó el concepto
estrés fue en un trabajo realizado
en 1.936 por Hans Selye. En él se
define el estrés como: "una
respuesta no específica del cuerpo
a cualquier requerimiento. Se desarrolla
como reacción a un estímulo
llamado stressor e implica un proceso
de adaptación que se manifiesta mediante
cambios en los niveles hormonales".
La definición dada por Selye sirve
a Esteve para subrayar la dimensión
biológica que tiene el estrés
y para resaltar que con demasiada frecuencia
es olvidada. A menudo, esto conduce al error
de ver el estrés como la causa de
los problemas, confundiéndole con
los factores que lo desencadenan ( Esteve,
1.994 p156).
En
esta misma línea se manifiesta el
profesor y psiquiatra Aquilino Polaino cuando
da la siguiente definición: "el
estrés designa lo que acontece en
nuestro organismo frente a determinadas
situaciones"( Plaino-Lorente,1.982,p
18). Insiste remarcar la interacción
entre estrés ansiedad. Para él,
"la ansiedad es consecuencia del estrés
en tanto que contemplada en su dimensión
efectorial, comportamental y biológica;
pero la ansiedad es causa de estrés
si se la entiende desde su dimensión
cognitiva, intencional y subjetiva"
(Polaino-Llorente,1.985 p 8)
Los
estudios realizados por Levine (1.975) y
presentados por Esteve (1.994), señalan
tres etapas en el proceso de manifestación
del estrés. Conocerlas puede servirnos
para identificar, a través de sus
manifestaciones, la fase del estrés
en que uno se encuentra e intentar buscar
soluciones para evitar la siguiente. En
temas de salud la prevención es fundamental,
permite evitar sufrimientos innecesarios
y restablecer la salud mucho antes.
Estas
tres etapas son: "la reacción
de alarma" (etapa de incertidumbre
y de confusión), "etapa de resistencia"
(el organismo pone en marcha mecanismos
biológicos que actúan como
recursos homeostáticos ante el estimulo.
Esta función de equilibrio se convierte
en un riesgo patológico si continua
la presencia del estímulo amenazante)
y la tercera, es la "fase de agotamiento"
(el organismo ya no puede mantener respuestas
adaptativas y puede dar lugar a alteraciones
fisiológicas que pueden derivar en
importantes daños patológicos.
Por
otra parte, los mismos estudios de Levine
argumentan que la acción nociva del
estrés depende de la capacidad de
resistencia de cada sujeto. Por ello, al
hablar de estrés hay que considerar
la existencia de respuestas individuales
(Esteve,1.994). Esto nos hace ser cautos
en la generalización de las causas
del estrés, así como en la
valoración de los resultados de algunos
estudios. A la vez, nos advierte del rigor
en que debemos tratar este tema.
El
estrés del profesor ha sido definido
por Kiriacou y Sutcliffe (1.977) como: "una
respuesta del profesor con efectos negativos
(tales como cólera, ansiedad, depresión)
acompañada de cambios fisiológicos
potencialmente patógenos (descargas
hormonales, incremento de la tasa cardiaca,…)
como resultado de las demandas que se hacen
al profesor como tal" (Esteve,1.994,
p 159).
Pensamos
que el enfoque de Levine (1.975) y el contenido
de la anterior definición permiten
abordar el tema del estrés del profesorado
teniendo en cuenta las características
individuales del profesor y las circunstancias
sociales, ambientales y culturales concretas
en las que se ejerce la profesión
de enseñante.
Huimos
de esta manera de las interpretaciones parciales
y abogamos por tratar el tema desde un modelo
comprensivo. Sólo así podremos
conocer la verdadera situación de
nuestros profesores y tratar de reducir
las fuentes de estrés que amenazan
a un grupo de ellos y que les impide gozar
de la profesión de enseñante-educador.
Para que esto sea posible, es imprescindible
que los enseñantes puedan hablar
sin reservas sobre el estrés.
Terminamos,
pero lo queremos hacer con una cita que
nos lleve a la reflexión. Las palabras
son de Dunham (1.992) y se encuentran en
el libro de Taverns et Cooper (1.997, p.
35):
"El
primer paso a la hora de dominar
el estrés es reconocer
su existencia en la enseñanza.
A las personas que asocian el
estrés con alguna debilidad
personal o incompetencia profesional
les resulta difícil aceptar
esto. Para ellos, admitir que
tienen problemas en clase equivale
a decir que son malos maestros.
Tienen miedo a revelar sus problemas
profesionales a sus colegas,
que los considerarían
síntomas de fracaso.
Son reacios a solicitar ayuda,
porque esa iniciativa se interpretaría
como una forma de debilidad"
J.
Dunham (1.992)
Ojalá
todos seamos lo suficiente generosos, comprensivos
y respetuosos con nuestros colegas para
generar un clima de confianza y de seguridad
que nos permita compartir tanto los momentos
de satisfacción como los momentos
amargos de nuestra profesión.
Esperamos
que pronto se abran espacios de reflexión
y de intercambio entre el profesorado y
que en esta ocasión se centren en
la SATISFACCIÓN de los profesores.
De esta forma, podremos dar un giro a los
planteamientos actuales que mayoritariamente
se centran en los problemas contribuyendo
a mantener un clima de pesimismo entre nosotros.
Sin duda, hay que abordar las dificultades
que se presenten en nuestra profesión,
pero creemos que es importante buscar soluciones
a partir del bienestar docente y de la buena
salud mental y física de los profesionales
de la enseñanza. Así podremos
seguir ejerciendo nuestra profesión
con orgullo e ilusión.
Referencias
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también es una persona. Barcelona:
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- ESTEVE,
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Barcelona: Paidós Papeles de
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- FERNÁNDEZ
CRUZ, M. (1994) "Los ciclos de vida
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- SERRAMONA,
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dels professors", Butlletí
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- TRAVERS,Ch.
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la actividad docente. Barcelona: Paidós
- TRIANES,
M.V. (1999)Estrés en la infancia.
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Madrid: Gedisa
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