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Acelerados:
así vivimos los seres humanos del
siglo XXI. El estrés es realmente
la gran enfermedad de esta época
y afecta a las personas en muchísimas
situaciones. Pero hay dos colectivos que
lo sufren especialmente: los parados y los
adictos al trabajo.
Entre
las personas que no tienen un empleo,
el estrés se manifiesta como una
reacción ante la pérdida de
confianza en uno mismo, debido a factores
como:
- El
miedo a no encontrar un puesto de trabajo
- La
angustia de no poder afrontar las responsabilidades
económicas
- El
aburrimiento
- La
sensación de inutilidad
- La
presión familiar y social
- La
falta de estímulos
El
estrés puede afectar seriamente la
salud de los desocupados y causar dolencias
como hipertensión, enfermedades coronarias,
gastritis, insomnio, dolores de cabeza,
alergias, dolores lumbares, afecciones respiratorias
o fatiga crónica.
El
otro gran grupo de riesgo son aquellas personas
que trabajan demasiado. No se trata
sólo de ejecutivos: cualquiera que
dedique demasiadas horas a su empleo o que
se encuentre desbordada por su responsabilidad
puede sufrir estrés. Y también
resultan muy afectados quienes se aburren
con las tareas que deben hacer cada día.
Los
expertos han detectado síntomas claros
de este tipo de estrés:
- Dejar
pendientes asuntos importantes hasta el
último minuto para experimentar
entonces una sensación de pánico
- No
dedicar suficiente tiempo al trabajo ordinario
y a las citas importantes
- Hacer
dos o tres cosas a la vez
- Comer
mientras se trabaja
- Expresarse
groseramente o con agresividad
- Gritar
y hablar demasiado deprisa
- Perder
el sentido del humor
No
hay recetas mágicas para resolver
el estrés en el lugar de trabajo,
pero hay algunos consejos y actitudes que
ayudan a prevenirlo:
- Planificar
la jornada laboral sin ser excesivamente
exigentes con el volumen de tareas que
hay que terminar ese día.
- Limitar
las obligaciones: en ocasiones, decir
"no" es positivo, y no sólo
en el trabajo, sino también en
situaciones de la vida familiar.
- Practicar
algún deporte: es preferible que
no sean actividades competitivas.
- Aumentar
las relaciones sociales: reír,
salir, hacer vacaciones...
- Perder
el tiempo de vez en cuando: hay que aprender
a no hacer absolutamente nada.
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