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Compaginar
la vida laboral y la privada, parece ser
una utopía permanente para cualquier
trabajador, la causa podría derivarse
de asimilar el "tener que ir a trabajar"
como una obligación y por tanto,
alejada de la libertad, poca gente se siente
a gusto en el trabajo y pocos se divierten
haciéndolo, por ello, solo se justifica,
como un medio de ganar dinero para poderlo
gastar después en él ámbito
de lo privado que se corresponde con un
mundo aparte a veces familiar y siempre
personal.
Pero parece
difícil despegarlo cuando las empresas
reclaman constantemente más implicación
y los buenos profesionales siguen el juego,
movidos por la feroz competitividad que
ha provocado la globalización y que
las redes de comunicación contribuyen
a mantener la vigilia 24 horas al dia, internet
y los móviles no duermen.
Por si fuera
poco, el nivel de satisfacción personal
que proporciona la vida privada, es pobre
y se resume básicamente a los fines
de semana, las parejas solo se ven a partir
del viernes por la noche, las familias siguen
la misma tónica, el tiempo privativo
es escaso y hay poco tiempo para disfrutar
lo que se posee.
El resultado
es que la gran mayoria vive una absoluta
soledad tanto en el trabajo, como en casa,
se habla lo mínimo, pero casi nadie
escucha, ni siquiera lee, no se comparten
auténticas tertulias, porque los
medios las dan prefabricadas, mucha imagen
empaquetada y poca imaginación.
Vivimos un
fenómeno parecido a la desaparición
del hábito del "juego"
para los niños, ellos ya no juegan,
ni crean, ni siquiera imaginan, les venden
cosas hechas los sueños prefabricados,
y quedan relegados a simples medios para
hacerlos funcionar.
No hay participación
activa, se atonta al niño, se atonta
al trabajador, se atonta al cliente, solo
interesa el resultado final, se justifica
la falta de comunicación de la familia
con el niño dándole cosas,
del trabajador solo interesa el resultado
y del cliente solo vale que compre y gaste
su dinero, para ello colocan el producto
cerca de él, hasta nos venden pan
en la gasolinera.
Y de esta
es imposible ni siquiera complementar vida
privada con laboral, porque ni siquiera
se condicionan entre sí, solo les
une la simplicidad y la escasa trascendencia
Todo ello, se debe fatalmente a la poca
comunicación, la relaciones humanas,
que son las únicas que favorecen
la actitud ante el trabajo y ante la vida,
se empobrecen porque al final nadie conoce
a nadie y surge la tensión.
Algunas empresas
intentan generar cultura que permita que
el empleado sea más feliz, incluso
facilitan cierta vivencia emocional y activa
en la empresa y que ésta repercuta
en su vida privada y lo hacen a través
de la comunicación interna, pero
son pocas, ya que estos temas, parecen reñidos
con la competitividad y la productividad.
Como mejor
reflexión, creo que haría
falta que los empresarios se educaran en
este sentido y los responsables de recursos
humanos son los expertos más idóneos,
el camino es tan fácil como general
los medios para que fluya y se comparta
el conocimiento entre las personas que trabajan
juntos, pues para convivir mejor entre nosotros,
es fundamental que al menos nos conozcamos.
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