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Es evidente
que el estrés laboral, o el síndrome
"burn-out" puede afectar a personas de todas
las profesiones, en situaciones de alta
competitividad, responsabilidad, riesgo,
rutina… por citar algunos ejemplos.
Pero los
primeros puestos los comparten las profesiones
que exigen una implicación personal,
una relación constante y directa
con personas, por lo tanto los profesionales
de la sanidad, enseñanza, servicios
públicos y servicios sociales.
En este espacio,
como no, nos centraremos en los profesionales
de la educación.
El estrés
laboral es la segunda causa de baja entre
el profesorado, por detrás y muy
cerca de las enfermedades musculares-esqueléticas,
aunque el estrés puede esconderse
detrás de otras dolencias. Afecta
en mayor proporción al profesorado
de secundaria y se está convirtiendo
en un auténtico problema social que
crece, aumentando el malestar de los docentes.
Enumeramos
aquí, y se profundiza a continuación
en los artículos de los expertos,
algunos de sus síntomas y causas
y algunas propuestas, que esperamos que
sirvan, al menos, como elementos de reflexión
para saber por donde empezar.
LOS
PRINCIPALES SÍNTOMAS:
- Falta
de ilusión y expectativas
- Apatía,
perdida de interés y desmotivación
- Ansiedad
y depresión, como uno de sus efectos
más graves
- Agotamiento
físico y mental
- Dificultades
de concentración
- Sensación
de frustración
- "Sufrimiento"
al entrar en clase, miedo para enfrentarse
a los alumnos. La relación con
los alumnado se percibe como una confrontación
- Sentimiento
de soledad y tendencia a autoculparse
de todo lo que sucede en clase y en la
relación con los alumnos
LAS
PRINCIPALES CAUSAS:
- La formación
universitaria/superior del profesorado
está poco adaptada a las necesidades
y problemáticas sociales actuales.
La sociedad cambia mucho más rápido
que la formación/reciclaje que
recibe el profesorado. Como
consecuencia hay poca correspondencia
entre el modelo educativo y los cambios
sociales
- El profesorado
no tiene estrategias ni habilidades para
hacer frente a los problemas y dificultades
en clase
- Inseguridad
en uno mismo, pensar que no se puede dominar
la situación
- Fuerte
disminución del prestigio de la
profesión, de la autoridad del
profesor en el aula, a la par que aumenta
la presión social que recibe
- La familia
delega gran parte de la responsabilidad
de la educación de los hijos en
los profesores y en la escuela
- Falta
de medios y de inversión económica
por parte de las administraciones
- Falta
de la motivación del alumnado
- Excesivo
número de alumnos por clase y grupos
muy heterogéneos
- Posibilidad
de sancionar o expulsar de la escuela
a los adolescentes con problemas de conducta
y/o de aprendizaje.
- Cambios
en el sistema educativo que obligan a
todos los alumnos estar en clase hasta
los 16 años.
- Las condiciones
sociofamiliares no fomentan el esfuerzo
personal. No hay normas y límites
claros para los adolescentes
- Son profesionales
observados y juzgados la mayor parte del
tiempo y no pueden "esconderse" tras un
mostrador o mesa de despacho
ALGUNAS
PROPUESTAS:
- Disminución
de ratios
- Profesorado
especialista y de apoyo en el aula
- Distribución
equitativa de alumnos con necesidades
educativas especiales
- Posibilidad
de sancionar de forma inmediata y directa
conductas de indisciplina en la clase
- Recompensar
al profesorado: económicamente,
con horarios más flexibles, años
sabáticos,….
- Formación
continua y adaptada en respuesta a las
necesidades reales
- Formación
muy específica relativa a psicología
de la adolescencia
- Entrenamiento
para responder ante situaciones complejas
y conflictivas
- Colaboración
y comunicación fluida entre todos
los profesionales que intervienen en la
educación : profesorado, psicólogos,
pedagogos, técnicos de las administraciones,
…
Y, evidentemente
esta lista puede alargarse con otras muchas
posibles propuestas que desde la experiencia
o desde el análisis del problema
podéis aportar.
Lo que está
claro es que se debe valorar y "mimar" a
los profesionales del ámbito de la
educación que dedican además
su esfuerzo personal a educar, formar y
ayudar a las personas. No podemos permitir
que su profesión se convierta en
una fuente constante de frustraciones y
realicen su trabajo con miedo, malestar,
incertidumbre y disgusto.
Por otro
lado ya sabemos, y es fácil de decir
y muy difícil de concretar, que este
es un problema que afecta a toda la sociedad,
y requiere, a parte de soluciones concretas,
una profunda reflexión por parte
de todos.
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