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Los claros beneficios que reporta la formación in-company
Lourdes Jiménez Acedo, Responsable de RRHH de Itae, Escuela de Negocios
Es difícil permanecer impasible ante las reacciones de la empresa a diferentes experiencias formativas, razón que me lleva a argumentar a lo largo de mi reflexión los claros beneficios que reporta la formación in-company, frente a la amplia oferta formativa que con gran facilidad nos encontramos en el mercado, procedente de multitud de academias y organismos que sobreviven a la sombra de los fondos procedentes de Europa.
En una línea claramente diferenciada y al servicio de la empresa nacen las escuelas de negocios, donde un equipo de profesionales trabajan desde, por y para la empresa en cada una de sus áreas.
Pero, ¿por qué formación in-company?, de otro modo, ¿necesitan todos los enfermos el mismo tratamiento?, la respuesta es clara, ahora trasladémoslo al mundo de la empresa:
¿Sabe el directivo lo que necesita su equipo o estamos, los profesionales, obligados a "diagnosticar"?. La formación in-company exige un estrecho e intenso trabajo escuela - empresa, colaboración en la que tiene que existir un claro compromiso del equipo directivo, son ellos los encargados de transmitirnos su estrategia y objetivos, al mismo tiempo que implican al resto del equipo. Conocer la estrategia de la empresa, su cultura y sus vivencias es el primer paso para desarrollar un programa de formación a medida, no podemos olvidar que esta formación se caracteriza por su plena adaptación a las características y demandas de la empresa, por lo que la correcta identificación de sus necesidades y conocer las expectativas de sus participantes encierran las claves de su éxito.
El trabajador que no se identifica o no se ve reflejado en los aspectos tratados en la formación difícilmente podrá poner en práctica aquello que recibe en el aula.
En esta identificación y implicación del trabajador juega un papel muy importante la motivación e involucración de las escalas más altas, es decir, la formación in-company es un proyecto de la organización y no de unos pocos.
En un entorno organizacional tan peculiar como el extremeño, es una suerte poder decir que en Itae, la Escuela de Negocios de Extremadura, ha aumentado significativamente el número de solicitudes de formación in-company o formación personalizada realizada por empresas extremeñas y dirigida a colectivos de trabajadores y sectores concretos, grupos con un perfil homogéneo, y con necesidades claramente identificadas, factor que exige un gran trabajo de especialización por parte de los profesionales, pero que al mismo tiempo aumenta las posibilidades de éxito de la acción formativa.
En un momento en el que la rotación externa es tan habitual, al mismo tiempo que bien valorada, no puede pasar desapercibido el papel que el desarrollo de programas de formación corporativos juegan en el aumento de fidelización del cliente interno. Orientados a jóvenes profesionales, con gran potencial de desarrollo, favorecen la permanencia, no solo de profesionales, sino también de su conocimiento, conocimiento de la empresa, en una era en la que las organizaciones empiezan a tomar conciencia de las consecuencias de una mala gestión del mismo.
Sin embargo, en un entorno dominado por empresas pequeñas, con estilos de gestión marcados por la tradición familiar, más que por competencias profesionales, todavía hay quien se pregunta, el ya clásico interrogante, "formación, ¿gasto o inversión?". Planteamiento reforzado por la amplia oferta formativa que, en contra de lo esperado, es decir, favorecer la especialización profesional, aumenta la desorientación formativa de todos aquello que acuden a las sesiones de formación, no para mejorar su desempeño profesional, sino para "gastar" los recursos que los fondos públicos facilitan, sin antes analizar las necesidades de cada uno de los colectivos, de manera que permitan direccionar la formación a la satisfacción de las mismas.
Estas líneas de formación, que enriquecen a unos pocos, no favorecen el trabajo de aquellos que creemos y apostamos por la formación como herramienta básica para la mejora del desempeño de los trabajadores y por tanto de la rentabilidad de su actividad. Esta situación se traduce en una progresiva disminución de los recursos económicos directos que las empresas destinan a formación en cada ejercicio, mientras que aumentan los recursos indirectos condicionados a perderse en farragosos laberintos burocráticos, donde olvidamos la finalidad de la acción formativa, para no olvidar ninguno de los detalles que los burócratas se han empeñado en archivar.
"Dar palos de ciego", no conduce más que a un acierto puntual y casual. Optimicemos los recursos de nuestras empresas apostando por una formación corporativa, formación personalizada, que fomente el espíritu de equipo y pertenencia a la organización, a la vez que favorecemos la fidelización de nuestro más preciado recurso, nuestros recursos humanos y nos protegemos de la huida del conocimiento.
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