Los datos de la tasa de paro en la zona euro y en España y la importante campaña de comunicación lanzada por parte del Ministerio de Educación tienen mucho que ver.
Un simple diagnóstico de la situación laboral en Europa nos demuestra que en nuestra Unión, las cifras de desempleo son mucho mayores que en Estados Unidos y Japón. El 8,8% de paro europeo según el Eurostat, ampliable al 16,9% entre los menores de 25 años no es para alegrarse, aunque la óptica optimista nos diga que ha disminuido en 0,8 puntos en un año.
En España, los datos son peores, como ya viene siendo tradicional en esta materia desde hace más de tres décadas. 13,6% de desempleo general y 25% de paro juvenil. Aunque mejoren las cifras -y mejoran- queda mucho por hacer en este ámbito.
Una de las razones principales que explica el desajuste del mercado laboral en España es la falta de equilibrio en su pirámide formativa. Hay una verdadera falta de personas con un nivel de formación profesional y, lo que es peor, una cultura social poco predispuesta a invertir y preparar a sus jóvenes para este tipo de educación muy dirigida a la capacitación práctica para el mundo del trabajo y las nuevas tecnologías.
El sistema educativo de 1970 no consiguió romper con el desprestigio social de la Formación Profesional y ésta siguió considerada de segunda categoría respecto al nuevo Bachillerato Unificado Polivalente (BUP). La FP representaba una segunda vía paralela a la educación general, fuera del sistema educativo y reservada a menudo al alumnado menos brillante. La Reforma aprobada por la LOGSE en 1990 y los decretos posteriores quieren convertir la nueva formación profesional específica en una enseñanza polivalente y continuada.
La nueva FP quiere ser un conjunto de enseñanzas menos académicas, reclamadas por el mundo laboral y también más orientadas hacia él. Una de las claves de esta nueva FP es la conexión entre el mundo educativo y el mundo productivo; esto queda garantizado a través de la formación concertada entre centros educativos y centros de trabajo. Todo el alumnado debe realizar prácticas en empresas de duración no inferior a 200 horas, que darán el complemento de la práctica real a la formación recibida en el centro educativo.
La formación profesional específica se organiza en ciclos formativos de dos niveles, de grado medio y superior. Cada ciclo consta de diferentes módulos (créditos o materias):
- Módulos específicos de la profesión
- Módulos de formación y orientación laboral
- Módulos de formación en centros de trabajo
Los principales objetivos de la nueva formación profesional són preparar al alumnado para el desarrollo de la actividad profesional en campos concretos, para que adquiera una buena cualificación profesional y proporcionar una formación polivalente que les permita adaptarse a los cambios constantes que puedan producirse a lo largo de su vida
Estos objetivos básicos se concretan en las siguientes acciones:
- Conocer la organización del sector productivo correspondiente
- Facilitar la incorporación al mundo laboral de los jóvenes que han finalizado la ESO o el bachillerato
- Adaptar la oferta de formación a las necesidades concretas de cada zona
- Favorecer la formación continua y permanente de los trabajadores
- Conocer la legislación laboral
- Realizar prácticas en empresas
- Adquirir un dominio lingüístico profesional en la lengua o lenguas extranjeras correspondientes a su sector de trabajo
- Adquirir una actitud de respeto hacia su propio entorno laboral y el medio ambiente
- Adaptar su formación a los niveles establecidos por la Unión Europea
- Alcanzar una formación profesional de calidad, dirigida a las profesiones actuales
- Establecer una formación profesional compartida entre todos los agentes implicados: educativos, económicos, empresariales y sociales
Vale la pena que entre todos hagamos un esfuerzo para prestigiar la Formación Profesional de verdad. No hagamos más retórica. Las administraciones centrales y autonómicas en especial, como entidades competentes en la materia, pero también los centros educativos privados y públicos, sus profesionales docentes y la comunidad educativa en general. Finalmente, vale la pena incitar a las empresas a que apuesten por ella.
Hace falta. Será bueno para todos.
Enric Renau
Editor@educaweb.com